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Thursday, April 12, 2012

La hipotesis de Dios

Acento.com.do, 12 de abril del 2012.

Cuando llegué a la Universidad estatal de Kiev a realizar mis estudios de doctorado, no pasaba un día que no me presentasen varias personas: los profesores de la Cátedra de Fisiología Animal y Humana, los investigadores del Instituto de Fisiología de la universidad, los otros aspirantes al doctorado de la cátedra, de otras cátedras de la Facultad de Biología. Y una pregunta se repetía varias veces al día: “que bueno que estás aquí con nosotros José y cuál es tu problema? ¿cuál es tu pregunta?” Yo saludaba tímidamente y respondía: “estoy estudiando”. Antes del mes ya no aguantaba más la situación y me presenté a mi Director de Tesis y le dije: Tengo un problema Dr., ¿qué es un problema?¿qué es una pregunta? Yo no entiendo nada.

Mi jefe científico sonrió amablemente y me envió con un papel escrito por él (que no entendí, por supuesto, además de que en ruso las letras de imprenta son totalmente distintas en la forma a las manuscritas) a quien sería mi segundo y directo asesor científico. Para hacer corto el cuento, éste me prestó dos textos en inglés: un pequeño libro de Ivan Pavlov sobre Fisiología y Psicología y otro sobre la investigación científica del francés del siglo XIX Claude Bernard: Introducción al estudio de la medicina experimental.

Una semana después (bajo la suposición que me había leído ya ambos libros) me dijo: “tu problema es lo que tú quieres saber, lo que intelectualmente te preocupa y que debes formular como una pregunta. No es algo simple de presentar. El tema puede haber sido ya tratado antes, pero tu pregunta tiene que ser nueva. Y tu respuesta tentativa tiene que poder estudiarse en un laboratorio”.

Con el tiempo estudié y comprendí lo que es un problema científico y más ampliamente un problema intelectual. Aprendí la diferencia entre una investigación científica y un levantamiento de datos para tomar decisiones. También aprendí que la respuesta tentativa a un problema científico es lo que se denomina una hipótesis.

Mucho se ha escrito sobre lo que es y no es una pregunta y una hipótesis científica y los filósofos de la ciencia y algunos destacados científicos han presentado variadas opiniones al respecto. Como se prueba una hipótesis y hasta donde estamos seguros de estas pruebas es otro campo que también se ha estudiado mucho. Pero eso es hoy y ahora. Hoy una pregunta científica es lo que estudia la ciencia y una hipótesis científica es la explicación tentativa que ofrece la ciencia, que debe probarse (refutarse dicen los filósofos).

Pero lo anterior no significa que la humanidad antes de la ciencia no se hiciera preguntas válidas y que no diera respuestas a sus preguntas. Pudiéramos llamar hipótesis vulgares (no me gusta el término) o quizás mejor hipótesis simples a esas respuestas que intentábamos pensar para entender mejor el mundo que habitamos.

Todo lo arriba escrito viene al caso por un reciente encuentro entre representantes de dos formas de pensamiento.

A fines de febrero en el Reino Unido se realizó, en la universidad de Oxford, un encuentro entre el Arzobispo de Canterbury, R. Williams, (líder espiritual de la Iglesia Anglicana, cuya cabeza oficial es la Reina de Inglaterra) y el genetista, evolucionista, divulgador científico y ateo militante Richard Dawkings, autor de varios libros, entre ellos El Gen Egoísta ( un clásico ya en Ciencias Biológicas); de la definición de Meme, para aquellas ideas que supuestamente evolucionan y se expanden culturalmente y  The God Delusion (H. Mifflin Company, Boston, N.Y., 2006). El debate, recordando otro histórico realizado en 1860 sobre la obra de Charles Darwin El Origen de las Especies, fue todo un éxito. Hay que saber que en Inglaterra hay que pagar para asistir a estos eventos y sus derechos se venden a la televisión. Es todo un espectáculo de la alta cultura. Su título fue “Sobre la naturaleza de los seres humanos y la cuestión última de sus orígenes”.

Lo que dijeron Williams y Dawkings fue muy comentado en toda la prensa mundial, con encabezados como “el obispo también viene del mono” hasta “la diabólica teoría de la evolución”, como vemos, para todos los gustos.

En nuestro país Acento.com, claro, nos trajo noticias del debate en el artículo de opinión “Sobre Dios y nuestros orígenes” del 01 de marzo pasado, por Leonardo Díaz.

Una discusión (eso sí, civilizada y ecuánime y con valor de mercado, por supuesto) de este tipo siempre se desliza hacia la “pregunta” sobre la existencia de Dios y sobre su papel en todo lo que existe.

Escribe Leonardo Díaz “la pregunta sobre la existencia de Dios es tan antigua como la historia de la humanidad y como todas las preguntas de su naturaleza carecen de auténticas respuestas… pues no son problemas en el sentido estricto del término”. Ese es por supuesto el canon actual. La existencia de Dios no es una pregunta científica, no es un problema científico y por lo tanto la ciencia no tiene nada que opinar al respecto.

 Pero veamos la idea de que no es una pregunta, sino una respuesta. Y que no fue desde el principio de la humanidad, sino más para acá, desde los griegos. En su erudito trabajo sobre el origen de Dios o mejor con su título ¿Como comenzó la idea de Dios?, de Colin Wells en el  Journal of Humanities ande the Clasics, de la Universidad de Boston (Fall, 2010), este muestra como la razón de los griegos fue la primera en proponer un Dios único, de los muchos que tenía la humanidad de entonces y antes, y fueron los mismos griegos quienes se hacían la pregunta sobre la existencia de dioses y los que comenzaron a negarla…pero la dejaron como pregunta.

Aunque muchos antropólogos señalan que los primeros dioses fueron animales, prefiero verlos como respuestas a fenómenos naturales. Dios no es un problema, no es una pregunta. Es la respuesta a una pregunta, a la pregunta de “¿cómo fue que apareció todo esto?”; “¿de dónde es que vienen las montañas, los ríos, los animales, nosotros?” Preguntas válidas en los principios de la humanidad, cuando seguramente también nos comenzamos a preguntar ¿Y por qué el sol se va moviendo y se desaparece y reaparece al otro día?, ¿Y por qué la luna y las estrellas aparecen después que se va el sol?; ¿por qué se enferma la gente, se muere la gente, nacen hijos con deformaciones? Todas preguntas válidas para aquellos seres que fueron nuestros ancestros y que luchaban por sobrevivir en condiciones muy adversas y solo con su cerebro como arma de defensa. Las respuestas “naive” que aparentemente se dieron han durado milenios, hasta hoy!...

Todos sabemos la respuesta simple, la hipótesis simple al movimiento del sol en nuestro cielo: la Tierra es el centro del universo y el sol gira a su alrededor; todos sabemos lo que costó primero pensar, luego decir y más tarde demostrar sin ninguna duda razonable que es la Tierra la que se mueve. Igual pasó con las enfermedades, eran espíritus malignos, eran mal de ojo y envidia de otros; costó mucho trabajo, y aguantar muchas hogueras, pensar hipótesis alternativas y luego demostrarlas. Hoy día, aún aquellos que siguen pensando en dioses y en demonios, buscan antibióticos cuando se enferman. Y claro, de esas hipótesis simples, de esas respuestas primeras que ofreció la humanidad a lo que veía y a lo que le afectaba, surgieron los que decían las respuestas y se convirtieron en religiosos y formaron las religiones.

Por eso muchos científicos nunca han aceptado “El Canon” de que la ciencia nada tiene que decir.  Ante la pregunta de si creían en Dios ya muchos han contestado “no necesito esa hipótesis” y es así como el mismo Dawkings encabeza el segundo capítulo de su libro The god Delusion: La Hipótesis de Dios.

La ciencia ha demostrado que si tiene y mucho que decir. Una a una hemos tenido la oportunidad de vivir en esta nuestra época como los antibióticos, las vacunas, la genética han ido sustituyendo aquellas hipótesis simples por hipótesis científicas (aunque los genetistas, cuando tienen un hijo, siguen preguntando si ya alguien les ha regalado su azabache al bebé). Se han ido sustituyendo respuestas inocentes por respuestas que resuelven problemas y nos ayudan a vivir más y a vivir mejor.

Y me extrañó la discusión con Dawkings, no son los evolucionistas los que han desbancado la última hipótesis simple que sobrevive aún, la existencia de Dios. Han sido los físicos cosmólogos, con el también británico Stephen Hawking a la cabeza (S.Hawking & L.Mlodinow, The Grand Design, Bantam Books, 2010), los que han propuesto una respuesta alternativa y probable. En el Big Bang se creó la materia, el espacio y el tiempo. No hay tiempo antes del Big Bang, por lo tanto no hay causas. El universo se autocreo y no tiene propósito. Los modelos matemáticos inclusive proponen que pudieran existir múltiples universos y estar apareciendo ahora mismo y continuamente.  Como dijo el propio Hawking, no hay Dios, no hay “cielo”, no hay vida eterna. Y se puede ser y vivir feliz conociendo eso. El propósito de la vida humana es ser feliz, asegura Fernando Savater, el filósofo ganador del premio Primavera de Novela de Espasa Calpe del 2012 (200,000 euros más publicación), añadiendo que es esa idea su principal contribución al pensamiento filosófico occidental.

La ciencia si ha estudiado, y con mucho éxito, aquellas simples hipótesis formuladas por nuestros ancestros en el inicio de elevar su mirada al cosmos, en la sabana, fuera de los árboles.

Y la ciencia si puede estudiar, y de hecho lo hace y bastante bien, como han transcurrido, que han hecho, que ha resultado de esas institucionalizaciones de aquellas respuestas simples, que se convirtieron en religiones y creencias irracionales. Qué papel han jugado en la cultura de los humanos y qué problemas han creado y cuales, supuestamente, han resuelto.

Claro, la última gran novela que disfrutaron los franceses, escrita por una filósofa de profesión, Muriel Barbery, La elegancia del erizo (Gallimard , 2006; Seix y Barral, 2007, 2009 y 2010 en español) hace hablar a su protagonista así: “Como primates que somos, lo esencial de nuestra actividad consiste en mantener y cuidar nuestro territorio de manera que éste nos proteja y halague, en subir o no bajar en la escala jerárquica de la tribu y en fornicar de cuantas formas podamos-aunque no fuere más que en fantasía- tanto por el placer como por la descendencia prometida.”. Aquí en nuestra media isla la última novela que vi en la prensa anunciándose fue una sobre Judas y su entorno, o sea, el mundo anda por allá y nosotros aquí aún pensando y creyendo en apóstoles y traiciones e idas al “cielo”, sin cohetes ni trajes espaciales. Inclusive se les llama extravagantes o simplemente “atronao” (o uno de muchos sinónimos) a aquellos que insisten en pensar y conocer como se piensa hoy. Bien, por ahí vamos, que se le va a hacer.

Otras ideas que se me han ocurrido leyendo sobre ese último encuentro entre la ciencia y la razón  y la simpleza de mentes acomodadas espero presentarlas en el futuro, si mis lectores,  Acento.com y el azar así lo permiten.

Thursday, March 1, 2012

Avanzar para atras

Acento, marzo 1 de 2012.

No, claro que no, éste no es un artículo partidista y ni siquiera político. “Avanza para atrás” es el grito de los “pitchers” de guaguas cuando se les acumula gente en la puerta. Poco importa que el diccionario defina avanzar como: “ir hacia delante”; en los autobuses dominicanos, en las guaguas dominicanas solo se avanza hacia atrás. Y ojalá fuese solo en las guaguas.

 Bueno, pero es que a pesar de todo, a pesar de tener los mismos problemas de hace 15, 30 o sesenta años, la comunidad de personas que hace de su hábitat la República Dominicana, ha cambiado, pudiéramos decir ha avanzado, aunque no sepamos para donde.

Y los cambios en ciertas esferas son notables; por ejemplo, en tv hemos cambiado de Fredy y Cuquín a Raymond y Miguel, y quizás ese notable ejemplo sea el espejo de todo lo demás.

Es curioso, pero no invisible. Otros ya han observado mucho antes que yo este fenómeno de cambio y claro, lo han descrito mucho mejor. La primera respuesta que nos viene a la mente es que la globalización nos ha cambiado, aunque la palabrita es unos 40 años anterior a los cambios actuales de las comunicaciones y la “sociabilidad” en redes. Hoy nos ha cambiado entonces la comunicación, o eso decimos.

Alvaro Pombo, ese filósofo profesional, que devino en literato exitoso, y profundo en el tratamiento de sus personajes, expone al inicio de su novela Virginia o el interior del mundo (Planeta, 2009) en el personaje de Gabriel que “parece un vertiginoso comienzo de siglo. Y reconoce que, desde cualquier punto de este mundo incipiente, puede contemplarse todo el resto del mundo gracias a los nuevos medios de comunicación, gracias a las fotos, a los documentales, a la radio…hoy día todo está en todo”. Y claro, su novela está situada a inicios del siglo XX. Algo nos quiere decir este afamado escritor que, recordemos, estudió y terminó una carrera en filosofía.

Como dijo alguien alguna vez, cada generación se cree que sus problemas son catastróficos y únicos, aunque solo leer un poco y pensar algo más, nos señala que en el fondo siempre son los mismos problemas. El ser humano como organismo social, con sus humanos problemas. Así como las ratas, otro organismo social, con sus ratoniles problemas de siempre.

Y es que todo nos parece nuevo, en parte, porque solo vemos lo que queremos ver. Y esto no es una metáfora. El libro de Daniel Kahneman , Thinking, fast and slow ( Farrar, Straus y Giroux, 2011), que ya hemos citado antes en estas entregas ( y que debe estar ya en traducción y prometo solemnemente que si me saco el loto regalaré un ejemplar a cada diputado, cada senador, cada ministro, cada viceministro, cada síndico, cada sindicalista, cada profesor universitario, cada líder comunitario, cada obispo y por supuesto uno a cada periodista y cada opinionista de nuestro país –claro tiene que ser un buen loto-) viene en nuestra ayuda.

Los humanos solo poseemos la capacidad de focalizar sobre un número limitado de cosas en un momento dado. Si nos focalizamos en una sola cosa, podemos ser totalmente ciegos a otras cosas que ocurren a nuestro alrededor. El libro citado por Kahneman, El gorila invisible, de C.Chabris y Daniel Simons nos ofrece este encantador ejemplo. Hicieron un vídeo de dos grupos (uno en camisetas blancas y otro de camisetas negras) que se pasaban una pelota de básquet continuamente. Al observador del vídeo se le pide que cuente los pases solo de los blancos. A mitad del vídeo aparece una mujer vestida de gorila blanco que atraviesa el grupo de jugadores caminando, acción que dura 9 segundos en el vídeo. La mitad de los que ven el vídeo no notaron la presencia del gorila blanco!! (si se busca el libro en la Internet, hay un link al vídeo del gorila y puede verlo y presentárselo a quien guste).

Pero hay algo más. Parece que algún vivo de un equipo de los que juegan en el basketball interuniversitario norteamericano se leyó hace poco a Kahneman y en un juego reciente entre dos equipos universitarios, con el juego muy cerrado, en el último minuto uno de los equipos colocó seis jugadores en el tabloncillo, uno más que lo permitido, como sabemos todos, y así ganó el encuentro y nadie se dio cuenta!! Según las reglas de dichos encuentros, el juego era válido, aunque los vídeos posteriores mostrasen claramente los seis jugadores interactuando. Y de esto no hace dos meses.

Y eso hacen nuestros ojos y nuestros cerebros con lo que tenemos enfrente, que con nuestras ideas, es aún peor.

Este 2012 cumple 50 años el clásico texto de Thomas Khun La estructura de las revoluciones científicas, quizás el texto “moderno” más citado por nuestros profesores y estudiosos porque de aquí salió la idea de “paradigma” y “cambios de paradigmas”. Presentando un homenaje a las ideas de Khun el filósofo del evolucionismo Michael Ruse, en un breve artículo en la revista The Chronicle of Higher Education de este mes de febrero, le agradece haberle mostrado que “el origen de una idea influye sobre la idea” y sobre su posterior desarrollo, quisiéramos añadir nosotros.

Y pensando en “pitchers” de guaguas y gorila blancos estamos cuando nos arropa la presente campaña electoral y escuchamos lo que dicen y se dicen los principales candidatos. En este nuestro país, con un estado basado en una “psephocracia”, gobiernos que no se basan en el imperio de la ley, porque nadie la cumple, comenzando por los encargados de hacerla cumplir, y que su legitimidad solo depende del conteo de los votos en unas elecciones, lo que se dice y lo que se mira; y lo que no se dice porque no se quiere o no se puede ver, es importante,… pero abrumador.

Pero si vemos de donde salen las ideas de cada candidato, cual ha sido el devenir de esas ideas y como la práctica, ese cedazo de la realidad, ha afectado la idea primaria, quizás, solo quizás, podamos salir de la bruma, del ruido de carnaval que acompaña nuestra política. Y talvez podamos seguir tropicalmente avanzando hacia atrás y evitar en algo la ceguera mental que los que confunden información con conocimiento nos están vendiendo.

Tuesday, February 14, 2012

EL CEREBRO ENAMORADO

Acento.com.do; febrero 14 del 2012

Daniel G. Amen es un psiquiatra estadounidense exitoso. Posee varias clínicas especializadas y ha publicado una decena de libros. Sus obras pudiesen clasificarse como de auto-ayuda, con la salvedad que se basan en los últimos avances de la neurociencia. Ha sido premiado por sociedades científicas aunque algunos investigadores piensan que muchas de sus conclusiones y recomendaciones son una extensión muy forzada de los datos que ofrece la ciencia. Esta introducción se hace necesaria ya que el título de este artículo El cerebro enamorado es el mismo de su libro, The Brain in Love (Three River Press, 2007) y varios de los datos aquí presentados están en su citada obra. Traté de buscar otro título, pero para usar tres palabras (lo ideal en un pequeño ensayo) no encontré otras más adecuadas.

Es ya sabido. La creencia de que amamos con el corazón es herencia del pensamiento griego y la idea de que solo poetas pueden hablar del amor es del romanticismo alemán de siglos ya idos.

Hoy, en el siglo 21, no tenemos ninguna duda, es el cerebro el enamorado; es el cerebro el que está feliz y es el cerebro el que llora el desamor.

La testosterona, esa hormona acusada de ser la responsable del machismo de muchas sociedades, es también la hormona del deseo sexual y tanto en varones como en hembras. Y hoy día es señalada además de ser la hormona de la infidelidad.

Maridos de alto nivel de testosterona son  43%  más proclives a divorciarse, tener enredos extramaritales y hasta un 50% con mayor probabilidad  de no casarse nunca. Los varones con menos testosterona son los que se casan y permanecen casados, aparentemente porque esta baja producción de la hormona los hace más calmados, menos agresivos e intensos y mas cooperativos.

Pero la testosterona no anda de su cuenta. Una neurohormona de la pituitaria o hipófisis actúa sobre las gónadas para regular la reproducción: la oxitocina. También funciona como interlocutora de neuronas cerebrales y es fundamental en la formación de relaciones sociales y en la confianza que depositamos en otras personas.

Es clásico ya el estudio de M. Kosfeld y colaboradores en Suiza (Nature, 2005), comentado por nosotros en otra entrega, donde se demostró que utilizando oxitocina  en rociado nasal en varones, estos daban más dinero a “socios” en un juego simulado de una operación financiera riesgosa. “La oxitocina afecta específicamente el deseo individual de aceptar riesgos sociales que aparecen en las relaciones interpersonales” concluyó dicho autor. Y qué más riesgoso que enamorarse, diríamos nosotros. Es una apuesta social confiando en el otro. Y la oxitocina nos aumenta la sensación de “sentirnos cerca” del amado, que se quiere tocar y acariciar.

Los varones presentan menos oxitocina que las hembras, pero ojo, inmediatamente después de una eyaculación aumenta en un 500% su producción y liberación en el cerebro. Esto también nos da sueño, así como los bebes se duermen cuando reciben la leche materna cargada de oxitocina.

Por supuesto que es un riego enamorarse, pero como dijo un profesor de filosofía español recientemente, las personas nos hacemos mejores junto a otras personas.

Pero con la oxitocina aparece otra neurohormona de la hipófisis, químicamente muy parecida, la vasopresina. Funciona regulándonos la presión arterial y la cantidad de agua en el cuerpo y  también el amor.

Un reciente estudio sobre el gen regulador del receptor de la vasopresina en el cerebro señala que si tenemos una variación- el gen alelo 334- y dos copias de este alelo, con seguridad hemos tenido mayor número de crisis de promiscuidad. Aquellos que no presentan esta variación son amantes más devotos.

Y hoy sabemos qué partes del cerebro se involucran en ese sentimiento de pertenencia que es el  amor. Y algo importante: no está en un solo centro cerebral, está distribuido en núcleos de hasta distinto tiempo evolutivo. Lo que nos dice que se ha ido haciendo más y  más compleja esta interrelación a través de los milenios de nuestra evolución.

Nuestra amada está en las sinapsis de nuestras neuronas por todo nuestro cerebro y no de una manera ligera. Algunos estudios de pacientes que perdieron su memoria totalmente luego de enfermedades cerebrales, sus memorias de datos y episodios de su vida, que se guardan en el lóbulo temporal cerebral, muestran un curioso fenómeno. Estos pacientes, dos músicos en particular, recordaban algo, la música que ya sabían y como se llamaba y quien era su mujer.

Los estudiosos, Oliver Sacks  entre ellos, con un paciente presentado en su obra Musicophillia (2007, traducida ya al español por Anagrama), suponen que estos enfermos conservaban memorias de procedimiento, memorias de lo que hacemos y sabemos hacer en tiempo presente, siempre en presente. Memorias guardadas en centros neurales cerebrales antiguos evolutivamente, centros motores muy asociados a nuestras modernas áreas pre-frontales. Que buen regalo de San Valentín: nuestras amadas ya pueden estar seguras que siempre, siempre, las llevamos con nosotros, aun no las estemos pensando. El amor es como montar bicicleta: nunca se olvida.

Y claro, es catastrófico cuando perdemos ese amor. El cerebro no sabe prácticamente que hacer. Disminuyen la serotonina y las endorfinas, reguladoras del dormir, del placer, del dolor. No en balde el PROZAC (que aumenta la serotonina cerebral) ha sido un record de ventas para la industria de los fármacos.

Pero, ¿por qué nos enamoramos de una persona particular y no de otra? Muchos en neurociencias plantean hoy que pensamos gráficamente, como si las ideas fuesen fotografías. El notable científico V. S. Ramachandran, al explicar cómo aprendemos, parte de este criterio, en un artículo en The Mind (ed. J. Brockman, Harper, 2010). Por otro lado, en el mismo 2010, en ratones, científicos británicos encontraron una proteína específica en las feromonas que producía un acercamiento aprendido a un individuo particular. El cerebro de ratón es para olores, los nuestros son visuales.  Puede ser que algo así nos pase aunque visualmente y también tenemos un acercamiento aprendido a un único individuo (y cada vez que caemos en el amor lo hacemos con el mismo tipo de persona y de parecidas características físicas).

Pero el cerebro es un inventor de historias y el amor es un autoengaño.

Claro que sí. Es la manera de nuestros cerebros hacernos cumplir con la norma biológica de reproducirnos. Y al igual que todo autoengaño es más antiguo que el lenguaje, que la poesía, está en la evolución, es una estrategia de supervivencia. Es como dice Robert Trivers, ese gran teórico de la evolución y de la sociabilidad, en su The Folly of fools: the logic of deceit and self-deception in human life (Basic Books, 2011): el autoengaño es cuando la información verdadera es excluida preferentemente de la consciencia, planteando que esto ayuda a manipular a los otros. Pero siempre sabemos a quién es que preferiblemente queremos manipular.

De ahí la inmortalidad de Don Pedro Flores y su canción: “Si no eres Tú/ yo no quiero que me hablen de amor/porque nadie comprende mi amor/ si no eres Tú”.

Sunday, December 25, 2011

La patologia de la libertad

Diciembre 22 del 2011; Acento.com.do

Al conversar con mi querido amigo el Dr. Felo Nazario Lora sobre el asueto navideño, me expresó que tenía el libro que quería que leyese en estos días, que recién había recibido de Madrid, España: El placer de vivir, del filósofo francés contemporáneo André Comte-Sponville, publicado por Paidos, de Espasa Libros, en este 2011. Es la primera edición en español del libro editado en francés en el 2010 con 101 artículos breves presentados por el autor en distintos medios en Francia durante los últimos veinte años.

Y los escritos abarcan desde la vida cotidiana, el amor y sus demonios hasta la vida social y política, todos y cada uno relacionados con ideas filosóficas actuales y clásicas.

Nos habla sobre la libertad. Ser libre es hacer lo que queremos….y hacer para el hombre es actuar, pero es también querer y pensar y de ahí tres libertades distintas. Nos recuerda la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, adoptada por la ONU el 10 de diciembre de 1948, casi por unanimidad: 48 votos a favor, ninguno en contra y 8 abstenciones: la Unión Soviética y su bloque, Africa del Sur y Arabia Saudí.

Y así leemos que “la democracia solo es posible a condición de aceptar sus propias limitaciones…su propia incomplitud, como dirían los lógicos”. “La democracia no es una religión; el pueblo no es un Dios”.

Hablando sobre la “seguridad” señala que es la primera justificación del Estado. Nos recuerda que para Hobbes, el estado natural es una guerra de todos contra todos, dominado por el miedo. “la vida del hombre es entonces solitaria, cuasi animal y breve” le cita y de ahí la necesidad del Estado. Y lo respalda con Spinoza, que veía en la seguridad la función principal “de toda sociedad y de todo Estado”.

Señala Comte-Sponville que el error ha sido confundir el orden de los valores con el de las prioridades. Que la libertad es un valor elevado y la seguridad un estado necesario.

Y tanto los valores como las prioridades se producen en un cierto rango, entre límites. A unos límites podemos llamarles patologías. La patología del orden es el extremo que termina en dictadura, la patología de la libertad es el otro extremo que llega hasta la anarquía.

Y ahora lo asombroso de nuestra política.

Cuando el único candidato opositor con oportunidad de llegar al poder en nuestras venideras elecciones, caracterizado por “pensar rápido”, que según el considerado primer psicólogo hoy del mundo ( y lo dice nada menos que S Pinker de Harvard) Daniel Kahneman, es la forma mas común de los humanos pensar, la que lleva la decisión intuitiva, dice que no cree en la patología de la libertad, que es una patología de la democracia; en vez de ser apoyado por todos por evitar la anarquía y volver al orden ( aunque sea solo por eso que se le apoye), es atacado y denostado como si hubiese dicho que Jesucristo al bajar de la cruz no fue al cielo, sino que se retiró a vivir tranquilamente a una zona de Kashemira frente a un lago cristalino, como dice Salman Rushdie en una de sus novelas; algo por lo que (y valga la aclaración) los cristianos no lo han condenado a muerte. La civilización occidental entiende los espacios de libertad.

Y en el ataque a ese político le acusan de pretender volver al pasado. Cuando en todas partes la memoria histórica, una idea casi de culto, se emplea para superar el pasado- el holocausto, el franquismo, el Klux Klux Klan, los desaparecidos argentinos, etc.-aquí se emplea para volver a Trujillo.

Como si fuera el actual candidato opositor el que implantó en nuestros tiempos el “borrón y cuenta nueva”, olvidándose a propósito que lo hizo un caudillo que asombrosamente eligió el franquismo fascista español como su segundo exilio y que, de paso, permite a los ex-trujillistas y neo-trujillistas seguir siendo parte de los que dirigen este desorden nacional de hoy día, desorden que fue lo primero que dijo el actual mandatario nacional que era este país cuando asumió el poder en el 2004 por segunda vez.

Y volvemos al miedo. Joanna Bourke, profesora de Historia en Birkbeck College en Londres, recientemente publicó como distintos y falsos escenarios sobre la inseguridad ciudadana hacen del miedo un arma de dominación política y social.

La inseguridad ciudadana ni es un cuco, ni es una falsa percepción ni un espejismo. Es parte de la patología social de la dominación. Es parte de la mas peligrosa patología de la libertad.




Thursday, December 8, 2011

El metro del Metro

Diciembre 8 del 2011. Acento.com.do

Vuelvo a recordar al Putumayo de Vargas Llosa en “El sueño del celta”…” un mundo donde nadie decía la verdad…porque las gentes vivían dentro de un sistema en el que ya era prácticamente imposible distinguir lo falso de lo cierto”.

Y recordar el Putumayo viene al caso cuando pensamos en nuestro sistema educativo.

Hace un par de años me surgió una pregunta, para plantearla a mis estudiantes de medicina y psicología de la UASD (tercer año de sus carreras).

Ocurre que estoy hablando de células, de células nerviosas, de organelos celulares, todos de unas dimensiones en micrómetros y nanómetros.

Y siempre pregunto: ¿Cuántos metros tiene un kilómetro?, silencio total por respuesta; salvo entre los estudiantes de medicina que un par levantan la mano. “Señorita, cuánto usted mide de altura, de tamaño?” “Oh profe, 5.6”. “Muy bien, 5.6 qué?; ¿cinco qué? ¿.6 qué?”. Nadie sabe.

“¿Dígame joven, cuántos pies tiene una yarda?” Respuestas: 5, 4, 2, 6.

Y yo hablando de estructuras celulares en nanómetros.

¿”Joven, con sus manos, dígame cuánto es más o menos un metro?” Y colocan sus dos manos separadas por algo más de un pié.

Y por supuesto, nadie sabe de dónde viene el símbolo de @, aunque todos lo usan en sus correos electrónicos.

Claro que es culpa de ellos. Y culpa de sus maestros y sus escuelas. Y culpa de la universidad y también culpa de la Historia. Alguien me dijo que en nuestra Torre del Homenaje habían ondeado banderas de siete naciones distintas, y si eso no es un record, debe de ser un buen promedio.

Imagínese- El campesino de la sierra recoge los frijoles y los vende por “carga” (tres sacos sobre un mulo) al centro de acopio, que a su vez los limpia algo y lo revende por “sacos” a los camioneros y estos por kilogramos al mayorista del mercado que a su vez los vende por libras a los colmaderos y aquí finalmente por jarros a los clientes. Un cliente los cocina y los vende por “vasos” en el barrio.

El galón americano tiene cuatro cuartos que hacen 3.785 litros, pero el galón dominicano son cinco botellas, de ron, de 70cl o sea 700 ml cada una, y el galón será entonces de 3.5 litros.

¿Se compra la gasolina en galones americanos y se vende en galones dominicanos? Pues, no se.

Así, en nuestra vida diaria nos enfrentamos a unidades del Sistema Internacional (m, Km), sistema inglés (yarda, libra, pies y pulgadas), del sistema francés antiguo (un quintal de 125 libras, una boyerada) y varios españoles (vara, legua, tarea, cajón).

Desde los tiempos de Trujillo nuestro país es signatario de la convención sobre la aceptación del Sistema Internacional (sistema métrico decimal) y una ley de la época hace obligatorio su uso, nadie todavía se ha dado por enterado. Por supuesto, no somos únicos, en toda Latino América pasa algo parecido.

Y no sé en realidad cómo es que ha prendido en el imaginario popular la consigna del 4% para la educación, ni por qué se afanan tanto los partidos con los porcientos que las encuestas dan a sus candidatos, y las tendencias de éstas y sus “techos”, cuando es ya sabido desde hace años que en el cerebro humano es fácil pensar asociativamente, metafísicamente y causalmente, pero no estadísticamente.

Daniel Kahneman, el psicólogo premio Nobel de Economía del 2002 por sus aportes a lo que hoy es psicología económica, o como toman decisiones los humanos en condiciones de incertidumbre, nos lo recuerda de nuevo en su último libro “Pensando rápido y lento” (Thinking, Fast and Slow; F., S. and Giroux; N.Y., 2011) donde comenta sobre los errores sistemáticos que cometemos al pensar rápido problemas estadísticos, esto es, matemáticos.

Si al hecho de que son los números lo que más problema ocasiona, y mayor tiempo lleva, a nuestros cerebros para tomar decisiones; le agregamos una total confusión y desconocimiento de las unidades de medidas, llegamos al panorama actual de nuestras escuelas, nuestros profesionales y nuestros políticos. Todos en último lugar en todo lo que se pueda medir.

Este artículo está dedicado a ese estudiante que con toda seriedad, al yo preguntarle más o menos el tamaño de un metro, me respondió “Oh profe, de la Feria hasta Villa Mella”. Sí señor, le dije, ese es el metro del Metro.


Thursday, December 1, 2011

Miedo

Diciembre 1 del 2011. Acento.com.do

 Parecería que el miedo es una emoción tan conocida de todos que no merece definirse. Pero quizás sí. Miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable ante algo que nos asusta o creemos que nos puede hacer daño- dice Wikipedia.

Un neurobiólogo lo define como la vía de la evolución asegurar que los animales presenten respuestas proactivas a peligros que amenazan su vida, incluyendo depredadores, animales venenosos y enemigos. El neurobiólogo prosigue: “el valor adaptativo del miedo es obvio:…hay que estar vivo para reproducirse”. D. Buonomano, en su Brain Bugs ( Norton, N.Y., 2011) dedica todo un capítulo al miedo, al discutir las fallas y dificultades de nuestro cerebro actual, y es el científico arriba citado. Nuestro cerebro se formó para temer en especial a ciertas cosas, pero hoy no tememos a los carros a 150 Km/h ni a la electricidad que va por un cable. Hace cien mil años el Homo de la sabana no tenía esos problemas. Esos miedos hay que aprenderlos.

Cuando en mis clases de Psicofisiología en la UASD pregunto a mis estudiantes qué funciones cerebrales pueden enumerar dicen las comunes: pensar, hablar, ver, soñar, dormir, sentir y otras más. Nunca me han respondido que el cerebro es el órgano que garantiza por sobre todas las cosas la supervivencia. Primero hay que estar vivos, les recuerdo, y después viene todo lo demás.

Y si bien los mecanismos cerebrales motivacionales de buscar agua, comida, controlar nuestra temperatura y órganos internos nos mantiene vivos, participando de nuestro ambiente; para interactuar con otros animales (también parte de nuestro ambiente) aparecieron las emociones, superpuestas a las motivaciones primarias.

Las emociones. Un mecanismo rápido de respuesta, las llamó Darwin. Y emociones tenemos varias. Pero resulta que sobre la que más sabemos es sobre el miedo. No es que sea la que más nos guste, es que es la más fácil de estudiar y reproducir en los animales de laboratorio. Imagínese, ¿cómo vamos a saber cuándo una rata albina presenta vergüenza, pena, alegría, agradecimiento? Pero sí sabemos cuando tiene miedo: huye o pelea en una situación de miedo.

El miedo no es solo una de las más básicas emociones, sino que parece el mecanismo “default” de nuestro cerebro. Ante una sombra en un arbusto más le conviene a la gacela huir y después “pensar” si era o no un león, que quedarse observando y estudiando la sombra hasta estar segura si es o no un león para después decidir qué hacer. ¡Hay errores fatales y la naturaleza no los perdona!

Pero el miedo es una adaptación evolutiva, si no es necesario desaparece, como ocurrió con los animales de las Islas Galápagos que al no tener depredadores eran sumamente mansos, como lo constata Darwin en su libro sobre el viaje del Beagle y lo discute en su ya clásico How the Mind Works (Norton, N.Y., 1997) el psicólogo Steven Pinker.

Al constatar que pequeños gansos recién nacidos huían de una sombra en forma de halcón y no de otra, los etólogos K.Lorenz y N. Timbergen ya en los años 40 del siglo pasado, consideraron innato, inscrito en los genes de las especies, ciertos tipos de miedo.

También se ha presentado como innato el miedo a las culebras y serpientes por los monos (y las personas). El propio Darwin lanzó una culebra embalsamada a la jaula de los monos en el zoológico de Londres y constató que casi todos los monos chillaban y huían del área donde estaba la culebra. Hoy sabemos algo nuevo: si lanzamos un modelo de culebra a una jaula de monos nacidos en cautividad no se asustan, pero si son monos nacidos en la jungla y luego atrapados si lo hacen. Y algo más, aunque los monos nacidos en cautividad no se asustan por ver una culebra, si observan otro mono una sola vez asustarse de una culebra la evitarán siempre. En cambio para que eviten otra cosa luego de ver otros monos evitarla, flores por ejemplo, deben ver muchas veces ese episodio para terminar asustados por ese estímulo. No nacen los monos con miedo a las culebras, pero si con la adaptación de aprenderlo más rápido que cualquier otra cosa.

Ya en los años 30 se sabía que la lesión de la amígdala límbica cerebral producía placidez. Así lo comunicaron en 1937 Klüver y Bucy cuando presentaron el hoy ya famoso síndrome que lleva su nombre. Luego un famoso laboratorio canadiense de psicofisiología era reconocido por tener un puma caminando como un gatito manso luego de lesionarle el núcleo amigdaloideo de su sistema límbico  cerebral.

El miedo no solo se estudia por observación natural. La formación de miedo condicionado es hoy ya un instrumento de mucho uso en los laboratorios de neurociencias. Una de mis mayores satisfacciones intelectuales de toda mi vida fue cuando mi compañero de laboratorio durante mis estudios doctorales me dijo: “José, ven a ver estas ratas”.

Investigábamos la formación de miedo condicionado o condicionamiento de evitación activa, como le llamábamos, en ratas en la cámara de evitación de doble vía. Un choque eléctrico leve recibían por las patas las ratas luego de un timbre sonar por diez segundos. Los animales escapan al choque eléctrico entrando a una cámara adyacente que no está electrificada. Ratas controles, esto es, normales, sin ninguna manipulación previa, aprenden a pasar a la cámara contigua antes de los 10 segundos, evitando así el choque eléctrico, a las 40 presentaciones de ambos estímulos más o menos. Han aprendido un miedo condicionado al sonido que señala el choque eléctrico y cruzan al otro lado evitando así ambos estímulos.

Las ratas que me enseñaba mi compañero no cruzaban a la otra cámara durante el sonido. Siempre esperaban el choque eléctrico para hacerlo.

Investigábamos los núcleos de la amígdala límbica y el hipotálamo medio y su relación en alimentación y emocionalidad. Ya conocíamos el rol de la amígdala en la conducta sexual y en cierto tipo de memorias. Le pregunté “¿y dónde están lesionadas estas ratas?”. “En el núcleo lateral amigdalino casi exclusivamente, pero no hacen nada, ni se enteran del timbre”. 220 presentaciones de ambos estímulos (10 diarios) y los animales como si nada, como el primer día.

Luego entrenamos ratas en el reflejo y después lesionábamos la amígdala- esperábamos que desapareciera el reflejo; pero nada otra vez. La amígdala lateral era esencial para aprender el condicionamiento al miedo, pero luego de aprendido no lo alteraba.

Una noche nos sentamos a celebrar y a discutir…que la amígdala esto, que la amígdala aquello. “Pero no puede ser, la amígdala no puede estar en todo, no es Dios”, dijo mi compañero de laboratorio. Otro amigo que nos acompañaba se reía y nos dijo: ʺUstedes están como los matemáticos cuando resuelven una nueva ecuación…siempre creen que encontraron a Dios”.

Eran los años finales de los 70 del siglo pasado, un pequeño grupo en la Universidad de Kiev, nosotros, estudiábamos la amígdala límbica, también otros grupos en Israel; en Granada, España; en China y en Montpelier en una universidad francesa. En los años 90 la amígdala límbica hizo boom en Estados Unidos y hasta un documental de una hora sobre el cerebro vi en Discovery Channel sobre la amígdala límbica el año pasado. Recientemente ya las neuronas de la amígdala lateral responsables del miedo condicionado han sido identificadas y sus neurotransmisores también. Casi 30 años después. Ese es el paso lento, pero seguro, del conocimiento científico.

Con la amígdala límbica, una estructura evolutivamente vieja en el cerebro, aprendemos a temer y su mensaje es llevado al lóbulo pre-frontal y al cíngulo para interpretar nuestros miedos. Un sicópata es alguien sin miedo. Su amígdala límbica es 17% menor que en las personas normales y las conexiones de ésta con el lóbulo frontal son casi inexistentes.

La amígdala es esencial para tener miedo, para aprender a tener un miedo específico, para reconocer el miedo en el rostro de otra persona y para asociar una palabra-miedo-con sensación de peligro inminente.

Ahora bien, si utilizamos la palabra miedo, todos sabemos de qué estamos hablando. Pero si decimos “inseguridad ciudadana” podemos entender el significado semántico (muchos, no todos) pero se escapa el significado emocional del término. ¿Es dicho término un uso “sofisticado” para que no sepamos de lo que se habla? Puede ser, aunque todas las encuestas que se han realizado aparece como el problema número uno, o el segundo, que percibimos los dominicanos.

¡Y percibir el miedo es sentir el miedo!

¿O alguien se cree que utilizando la palabra “sicario”, de poco uso en nuestro país hasta muy reciente, en vez de “asesino a sueldo”, va a disminuir la sensación de horror de la segunda acepción?  Para muchos analfabetos y personas de poca cultura quizás, aunque sí se le elimina el componente emocional de miedo aprendido que tiene “asesino a sueldo” y pudiéramos pensar que su uso es políticamente de mala fe.

Miedo es lo que siente el país entero. Los pobres en sus barrios de miseria y los ricos en sus torres. Los estudiantes cuando vuelven de noche a sus casas y las mujeres y los varones cuando andan en las calles; los civiles en sus afanes diarios y los policías y militares cuando prestan sus servicios. Todos tenemos miedo. De los asaltos, de los asesinatos, de los abusos, del tránsito. Un país bajo miedo no es un país ni en desarrollo, ni en paz ni en nada. O como dijo el filósofo español Fernando Savater recientemente:” Vivir bajo la regla arbitraria del poder institucionalizado o de un poder ideológico y partidista no es vivir”. No queremos llegar a pasar lo que Adam Krug, en Barra siniestra de Vladimir Nabokov, tuvo que vivir.

Y si F. D. Roosevelt en su primer discurso público al ser elegido Presidente de los Estados Unidos en 1933, luego de la catástrofe económica de 1929, dijo: “De lo único que hay que tener miedo es del miedo mismo”; bien harían los candidatos a las elecciones generales del venidero año en decir cómo nos van a quitar este miedo, que ellos con sus incontables escoltas y guardaespaldas son los primeros en mostrar.

Thursday, September 15, 2011

CORTAR LAS MANOS

Acento.com.do, 15 de septiembre del 2001.

Y la mano hizo al hombre…..pudiera decir cualquier libro filosófico popular de cualquier época.  Cortar las manos es destruir a una persona, es llevarlo a nivel de un invertebrado por debajo de los pulpos; pero es que muchos individuos, en muchas épocas y sociedades utilizan sus manos para abusar y vivir de los demás de una manera no aceptada en ninguna civilización o grupo social conocido: para tomar lo ajeno.

Y así el grito de “cortar las manos”, o “mochar las manos” como han escrito algunos de nuestros más conspicuos literatos, lo encontramos desde el Corán hasta la campaña política actual. Es que el ladrón es una figura que a pesar de Rafles y Alí Babá, disgusta visceralmente. Pocos individuos se jactan de ser ladrones, ni siquiera buenos ladrones. Las cárceles están llenas de personas que dicen ¡no era yo!

Y no es solo una expresión de campaña política. Recientemente en Irán los grupos de derechos humanos han expresado preocupación por la realización del Hadd como castigo legal: le fueron cortadas las manos a seis ladrones, pero y siguiendo la ley, que ya tenían más de cien casos de robos reportados para cada uno. Drástico el caso y de reminiscencias medievales para el pensar occidental pero real y quizás efectivo en más de un tipo de sociedad.

Cuando el estudio de la anatomía de las extremidades superiores se desarrolló de una manera sistemática, el asombro de Sir Richard Owens, el gran científico inglés del siglo XIX, quien propuso el nombre de dinosaurios a unos fósiles extraños que estaban apareciendo, fue que en todos los mamíferos y en las aves, reptiles y anfibios el patrón óseo de las extremidades era idéntico. Un brazo era un hueso largo, seguido de otros dos huesos largos, un grupo de huesos pequeños y las falanges de los dedos. Desde el brazo de un humano, el de un gorila (que él también fue el primero en estudiar), un murciélago o un pollo. Mostraba así el plan divino de un creador que utilizaba un mismo patrón exitoso en su distribución de distintas formas a la vida.

Para la misma época, otro inglés proponía una explicación alternativa y más viable por ser posible de probar o descalificar empíricamente. Charles Darwin proponía que los huesos eran los mismos porque todos esos animales tenían un ancestro común. Fue Owen, genial, elitista y tramposo, creador del Museo Británico de Historia Natural tal como lo conocemos hoy, uno de los principales opositores a Darwin y a la idea de la evolución, pero ya eso es otra historia.

El dato que aún puede demostrar cualquier profesor de básica es que la estructura ósea de un brazo de un vertebrado terrestre es la misma, no importa que vertebrado sea.

Y quedó en el aire la pregunta…sí, tenemos un antepasado común, pero ¿dónde está? Los peces, dueños del mar fueron los que invadieron el ambiente terrestre, pero una aleta de un pez no presenta los huesos de una extremidad anterior de un vertebrado terrestre o secundariamente acuático, como las focas y las ballenas y manatíes.

Recientemente ha sido respondida la pregunta. Neil Shubin, de la Universidad de Chicago, con su laboratorio mitad de fósiles, mitad de ADN, nos hace la historia en su libro Your Inner Fish, (Su pez interior) con el subtitulo de Un viaje hacia la historia de 3.5 billones de años del cuerpo humano, Random House, 2008.

Que los animales terrestres veníamos del mar ya había mucha sospecha. El descubrimiento de peces pulmonados, que respiran aire, fue un buen indicio, pero para nuestras manos fue el análisis de fósiles de un pez llamado Acanthostega el que reveló el crucial paso. Con huesos como un terrestre, un hueso, dos huesos, huesecillos y falanges mostró el paso inicial hacia nuestras manos. Pero la extremidad era una aleta, no un ala, ni una pata, ni un brazo; se veía así que la aparición de dicho patrón de huesos no era preparando un futuro para poder eventual y evolutivamente apropiarse lo ajeno, sino simplemente para nadar.

Otro fósil, y este descubierto por el propio Subin, el Tiktaalik (nombrado así por una palabra de los nativos del ártico canadiense donde fue descubierto) es un pez de hace 375 millones de años, que ya presenta una muñeca que puede girar, rotar (curiosamente el signo que, unido al cerrar ordenadamente los dedos, hacemos con nuestra mano para personificar a un ladrón).

Fue en embriones de pollos, en huevos empollados, donde se inició en los años 50-60 del pasado siglo el estudio del desarrollo de los patrones de formación de nuestros esqueletos. Se descubrió, luego de delicados experimentos en embriones dentro de sus huevos, que una pequeña zona del botón de lo que sería la futura ala era lo fundamental en la formación completa y normal de la extremidad. Al llegar la era de la genética estaba claro que ese era el punto para buscar a los genes responsables.

En los años 80 del siglo pasado se descubrió al grupo de genes que se activaban y desactivaban para formar cada parte del cuerpo de una mosca de la fruta, la famosa drosófila de los genetistas y mimes para nosotros los demás mortales. Un grupo particular de estos genes llamados hedgehog (erizo) -por el parecido de ciertas cerdas o pelos duros en algunas moscas con un erizo (pequeño mamífero como un ratón, con la piel con filosas puas o espinas)- era el que hacia distintas las áreas de cada segmento del cuerpo de las moscas. Se inició la búsqueda de esta secuencia de genes –hedgehog- en otros animales de laboratorio. En 1993 el grupo de Shubin descubre el gen en pollos –llamándole Sonic Hedgehog (en honor a un juego de computadora famoso en ese momento) y demuestran su papel en la formación del ala y todos sus huesos. Pronto se reconfirma que este mismo gen dirige la formación de extremidades en otros vertebrados.

El punto fulminante viene cuando ya en el 2007 se comprueba que también en tiburones y rayas, recordemos peces  con un “esqueleto” de cartílago, y por ende una clase de peces aparte y distinta de los demás “peces óseos”, el sonic hedgehog (en experimentos usando genes de ratones) es también el responsable de la formación de la aleta y de los bastones de cartílago internos que le dan soporte. Un mismo grupo de genes responsable de un mismo tipo de estructura en todos los vertebrados. La naturaleza es económica y constante con lo que funciona.

Económicos, imitando la naturaleza, también son nuestros rateros, asaltantes, ladrones de cuello blanco y políticos corruptos y quienes les apoyan, les liberan si son capturados y logran beneficios con sus fechorías, pues no trabajan, se apropian de lo ajeno. Con sus famosos y repetidos borrones y cuentas nuevas y con sus cortes de mano que nunca llegan a mochar nada. Ojala que constantes en nuestra vida no lleguen nunca a ser. Las manos del heredero de Homo faber merecen, con una historia y evolución tan maravillosa y trabajosamente conocida, otras cosas de que ocuparse.