Total Pageviews

Friday, March 31, 2017

LA DIVULGACION CIENTIFICA


J. R. Albaine Pons


Acento.com.do, marzo 31 de 2017.
Entre personas educadas la importancia de la ciencia, y de su hijastra la tecnología, no es algo que merece discusión.

 Y muchos han propuesto que el desarrollo de la ciencia- hoy día, cada vez mas, con ayuda de la tecnología- es el único avance real que ha tenido nuestra especie, nuestro ambiente y nuestro planeta.

 No es el interés de este escrito discutir si lo arriba expresado es válido o no; nuestro pensar va en otra dirección. Si aceptamos la validez de la idea de que únicamente en ciencias hay desarrollo, y que por ende solo el conocimiento básico de qué es y cómo se hace ciencia nos puede dirigir hacia una manera bastante aceptable y exitosa de enfrentar problemas, la creación de una “cultura de la ciencia” debería ser una de las preocupaciones básicas de todo conglomerado humano.

Pero resulta que la realidad nos muestra  que una “cultura de la ciencia” no existe en casi ninguna parte del mundo de hoy. Muchos estudios y encuestas muestran que aún en países   considerados de “alto desarrollo” el conocimiento de realidades científicas no obtiene buenas notas. Ni que decir de países “en desarrollo” o “periféricos”, como se les quiera llamar.

En nuestro país, ni los estudiantes ni los profesores, que serían los llamados a estar en mayor contacto con una cultura científica sacan buenas notas en este aspecto de la instrucción y la educación, tal como nos lo recuerda cada cierto tiempo estudios, encuestas y evaluaciones internacionales al respecto.

 Pudiera ser que los países desarrollados o de “alto desarrollo” posean una mayor cultura de “respeto a la ciencia”, aunque la comprensión de la visión científica del mundo no sea conocida, o hasta despreciada, o simplemente considerada de escasa importancia en el mundo real.

Es por lo arriba descrito que en muchas latitudes el papel de la comunicación científica para no especialistas se ha ido transformando en una especialidad muy apreciada, tanto entre el colectivo científico, como en la generalidad de las personas.  Este tipo de comunicación, que recibe el nombre general de divulgación científica, por su consumo, se ha constituido en una de las patas de la mesa de toda persona con cualificación profesional en cualquier sociedad.

Y es en nuestros días de la Internet y los avances en la información y en los teléfonos inteligentes de comunicación casi instantánea no solo dirigida a todo el mundo, sino también enviada por todo el mundo y por cualquiera, donde la divulgación científica se hace más urgente y necesaria como aporte a nuestra cultura informática y al conocimiento de qué se sabe y conoce hoy y qué es ruido y desinformación.

Hay varios detalles que conviene recordar. Solo un profundo conocedor de una ciencia hará una aceptable divulgación sobre ella. Los científicos, con años de entrenamiento para poder comunicarse efectivamente entre sí, no siempre resultan ser muy buenos para divulgar a un público culto su ciencia, y menos aún a un público general.

Por otro lado, el esfuerzo de periodistas, autodidactas, profesionales  y formadores de opinión en general resulta, por lo general, con graves errores en la conceptualización simple de una ciencia que desconocen y que solo saben de ella lo que escriben buenos y malos divulgadores.

Muchos creen que un texto de divulgación debe acompañarse de referencias específicas y hasta bibliografía general, pero los buenos divulgadores no lo hacen, consideran que es parte de ofrecer un barniz científico a algo que no lo es. Lo que en cambio si debe ser considerado, cuando se pueda, es el ofrecer un contexto de la institución o sociedad donde se ha producido el referido trabajo principal del tema que se divulga, ya que le hace ver al lector que el trabajo científico en nuestro tiempo es un trabajo como cualquier otro, donde personas iguales a ellos ( los lectores) permanecen de 8 a 5 en sus oficinas o laboratorios como cualquier otra ocupación humana. La experiencia nos dice que presentar a los científicos como habitantes de un cosmos especial, es contraproducente; pues presenta a los trabajadores de la ciencia como seres especiales, espirituales o extraterrestres, lo que por supuesto, no son.

 Siempre se ha dicho que el nivel de humanidad que poseen distintas sociedades se refleja en los tipos de cementerios que construyen, y así sabemos cómo tratan a los ya idos, sus memorias y sus tiempos. Debiéramos agregar, creo yo, que la cantidad y calidad de difusión científica que presentan los medios de comunicación de masas formales e informales en cualquier sociedad pudiera ser otro parámetro para conocer la sociedad que reproduce y distribuye tales informaciones y el consumo que al mismo tiempo hace de tales saberes y sus retratos de la realidad. Se conocería, por ejemplo, en que real siglo se encuentra dicho conglomerado humano e inclusive a cual siglo aspira a entrar.

 

 

Saturday, March 18, 2017

CLONES, PRIMOS Y PARIENTES


j.r.albaine pons
La Jornada, Mexico,25-05-98


La evolución
Todos sabemos que son las bacterias. Algunos las han llamado las verdaderas reinas de la Tierra por lo exitosas que aparentan ser evolutivamente y su número incalculable en el planeta. Se llega a decir que fueron las primeras, y cuando ya no quede nada serán las últimas en extinguirse.
Las bacterias evolucionaron formando las células que hoy conocemos en todos los animales, plantas, algas y hongos. La diferencia básica entre una de nuestras células y una bacteria reside en que las células tienen un núcleo que contiene el ADN, esa biblioteca de información bioquí­mica que dice cómo somos y qué hacemos; por eso los biólogos llamamos a esas células eucariotas (de núcleo verdadero). Las bacterias, en cambio, tienen su ADN suelto en su cuerpo o protoplasma, formando una hebra única, y son llamadas organismos procariontes (sin núcleo, pero en camino de tenerlo).
En la evolución, algunas bacterias se transformaron con el tiempo en células como las nuestras, pero se vieron en la necesidad de adoptar otras bacterias en su interior para que realizaran ciertas funciones. Una de esas adopciones es lo que hoy conocemos como mitocondria, la máquina de hacer energí­a de las células.
Fue la bióloga Lynn Margulis, primera esposa del inolvidable Carl Sagan, ido tan a destiempo, quien en 1967 empezó a hablar y convencer a los demás biólogos de que las mitocondrias fueron en su origen bacterias incorporadas. Hoy, ese planteamiento se da como un hecho y tiene sus consecuencias: las mitocondrias presentan su propio ADN, llamado ADN mitocondrial o ADNm, y es muy estudiado ya que en humanos su mal funcionamiento se considera responsable de más de una docena de enfermedades muy serias para la vida.
Los clones
Luego del gran logro cientí­fico del año pasado con el nacimiento de la oveja Dolly, el fenómeno de la clonación de mamí­feros ha entrado en auge. Hoy tenemos otra oveja ya clonada, decenas de laboratorios que estudian tecnologí­as de clonación y centenas de opiniones sobre lo que dichas tecnologí­as significan y significarán para los seres humanos.

http://www.jornada.unam.mx/1998/05/25/cien-clones.jpgInclusive, gobiernos y polí­ticos se han puesto a opinar al respecto, intentando como siempre esconder sus verdaderas intenciones en un manto doctrinal.
Recordemos que para clonar a Dolly se introdujo material nuclear de una célula mamaria de una oveja en un óvulo, del que previamente se habí­a eliminado el núcleo, de otra oveja de distinta raza. Y nacía Dolly con todas las características fí­sicas visibles de la oveja de la cual se extrajo la célula mamaria, caracterí­sticas que están en el ADN nuclear.
Pero aun llamando clon a animales de idéntico ADN nuclear, la identidad no es completa, ya que las mitocondrias de Dolly provienen del óvulo que recibía el material nuclear, o sea, la totalidad de ADN de Dolly viene de dos individuos y no de uno solo, aunque la preponderancia del ADN nuclear es casi total en un organismo para casi todas sus funciones, con excepción de la energí­a celular y la docena de enfermedades que provienen del ADNm.
Los primos
En la reproducción de los humanos y de todos los mamí­feros sabemos que intervienen un óvulo femenino y un espermatozoide masculino. En dicha fecundación, es la cabeza del espermatozoide la que penetra al interior del óvulo, pero no su cuello y su cola. Al entrar la cabeza del espermatozoide en el óvulo, ésta lleva su porción paterna de genes del ADN nuclear, pero las mitocondrias del espermatozoide no entran al óvulo, permanecen en el cuello descartado de éste.
El ser que se desarrollará del óvulo fecundado o huevo tendrá todas sus mitocondrias únicamente a partir del óvulo, o sea, nuestro ADNm proviene solo de nuestras madres. Esta caracterí­stica ha hecho que sea éste el ADN ideal (además de ser mucho menor) para resolver problemas de identidad y evolución humana y animal.
Recordemos que las madres de la Plaza de Mayo de Buenos Aires pudieron identificar a sus nietos -nacidos mientras sus hijos estaban en prisión, desapareciendo después sobre el Atlántico al ser lanzados desde aviones- porque los ADNm de las abuelas maternas y los nietos, que fueron adoptados como hijos por muchos de los captores y asesinos de sus padres, son idénticos.
Este ADNm también proporciona la hipótesis de Eva: bioquí­micos que estudiaron las variaciones de dicho ADNm en poblaciones humanas, propusieron que todos los humanos descendemos de una única mujer que vivía en el Africa Subsahara hace unos cientos de miles de años; con la malasangre de muchos antropólogos fí­sicos, de esos que dedican sus vidas a buscar fósiles humanos en el mundo, que consideraron invadida su privacidad intelectual.
También el ADNm de los hermanos es idéntico, pues proviene de la misma madre; igual que el de los primos, pero solo el de aquellos que son hijos de dos hermanas.
Eso significa que tales primos presentan más igualdad genética que los hijos de dos hermanos, que al estar casados con mujeres distintas darían a sus hijos diferentes ADNm, de forma tal que hay primos y primos.
Resultaría interesante saber con quién se lleva usted mejor, con cuál de sus primos presenta más afinidad, ¿con los hijos de hermanas de su madre o de sus hermanos? Los primos por parte del padre, o sea sobrinos de éste, no cuentan, pues de ellos no tenemos nada en común en nuestras mitocondrias.
Los parientes
Entonces, tenemos la realidad de que quienes son más nuestros parientes, de entre todos, son los que tenemos por ví­a materna, y de ellos las mujeres y sus descendientes. De cada abuelo tenemos 25 por ciento de genes nucleares, pero todos nuestros genes mitocondriales solo provienen de nuestra abuela materna. Si usted ha tenido la suerte de haber conocido e interactuado con sus dos abuelas, ¿a cuál de las dos encuentra más dulce?
Los animales, en especial los primates, mantienen como familia más la relación por ví­a materna que la del padre, muchas veces desconocido. Entre los humanos se ha implantado en la cultura moderna de muchos pueblos que la relación por ví­a paternal es la importante, por asuntos de herencia económica, prejuicio y opresión a la mujer, y por muchas razones cosas más.
Cuando era estudiante se hablaba de la existencia de sociedades matriarcales donde la lí­nea materna era la importante. Una vez, en una conferencia escuché que en realidad eso nunca habí­a existido; ahora no sé, tendré que buscar datos con algún amigo antropólogo. De todas maneras, me cuido ya de que mis hijos sepan que sus primos por parte de madre, de las hermanas de ella, son en realidad más primos que todos los demás.



 


Thursday, March 9, 2017

EVOLUCION HUMANA:LA NARRATIVA DE LOS ULTIMOS MINUTOS DEL UNIVERSO Y DE LA VIDA



J. R. Albaine Pons


Acento.com.do/ marzo 09 del 2017.


 La idea materialista del mundo, y de la vida, ha avanzado mucho. Desde los primeros griegos que intentaron explicar un mundo sin dioses, siempre en ese transcurrir del humano europeo surgían voces que quisieron conocer más y saber más.

 Hoy leemos que Stephen Hawking, esa persona de mente excepcional que ha enriquecido la física de nuestros días al cumplir años hace poco señaló  “Dios debe de ser algo muy aburrido ya que todo lo sabe y no le queda nada por aprender”.

 S. Hawking y otros grandes pensadores de la actualidad ya no tienen que esconderse, ni temer por sus vidas, al expresar públicamente su ateísmo o su indiferencia hacia el mundo de las actitudes religiosas. A algunos los han llamado los ateos de Oxford, por ser un buen grupo de esa universidad inglesa y del mundo, que se originó, como muchas otras, como una universidad religiosa. Claro, esto es en nuestra parte del mundo. En muchos otros lugares no se permite ni pensar así.

 En los Estados Unidos, por ejemplo, una encuesta Gallup del 2014 mostró que el 42% de los estadounidenses son creacionistas que creen en una Tierra joven, 31% son evolucionistas deístas (como el famoso científico contemporáneo de C. Darwin, Asa Grey) y solo el 19% (1 de cada 5) se adhiere a la visión Darwinista de que los humanos evolucionaron de una manera natural, sin intervención sobrenatural.

 Tampoco es que los estadounidenses sean los grandes creyentes del cristianismo occidental, fue en 1952 , en plena Guerra Fría contra el comunismo euroasiático, que la Corte Suprema anunció que “somos gente religiosa cuyas instituciones presuponen un Ser Supremo” y fue en 1956 que se adoptó el “En dios confío” , el famoso “In God we Trust” en los dólares americanos.

La primera vez que escuché de manera organizada lo que hoy pensamos de este viaje humano en nuestro universo, fue en una conferencia dictada a los estudiantes de INTEC, por allá por los finales del siglo pasado por el Dr. Daniel Sudarsky- quien no pudo establecerse en nuestro país y hoy día desde el Instituto de Física Atómica de la UNAM de México publica en los más elevados niveles mundiales de su especialidad, la física teórica, y sus opiniones se discuten abiertamente en revistas de alta divulgación científica como New Scientist-.

Hoy encuentro la misma historia- narrativa que también existe en lenguaje matemático- en el libro “Sapiens: de Animales a Dioses” del historiador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y,  graduado de Oxford  Yuval N. Harari.

 Harari subtitula su obra- traducida a 26 lenguas y con más de 1 millón de ejemplares vendidos- Breve historia de la humanidad (2016, 3ra. Ed., Penguin-Random House).

 Son interesantes algunos datos:                                                          

 Hace 13,500 millones de años ocurre el Big Bang y se forma la materia, la energía, el tiempo y el espacio. Harari lo denomina el dominio de la física. 300 millones de años después aparecen los primeros átomos y moléculas y con ellos el campo de la química.

Hace 4,500 millones de años se forma el planeta Tierra y a los 3,800 millones de años, o sea unos 700  millones después de formada la Tierra, aparecen moléculas muy complejas que forman los primeros organismos que se reproducen y que evolucionan y así surge la vida y lo que Harari considera el campo de la biología.

 Hace solo 6 millones de años vivió el animal de donde evolucionamos los humanos y los chimpancés y de hace 2.5 millones de años, o sea dos y medio millones de años, están fechados los fósiles de los primeros homínidos.

 A partir de esta pre-historia, que Harari no gusta de llamar así, ocurren, según Harari, tres grandes revoluciones: la Revolución Cognitiva, en la cual ya formado el Homo sapiens aparece el lenguaje, hace unos 70,000 años y se conforman estructuras muy complejas que él llama Culturas.

 Hace 12,000 años se forma la Revolución Agrícola, donde los humanos de la especie Homo sapiens comienzan a convivir en grandes números y finalmente hace 500 años aparece y se desarrolla la Revolución Científica que nos llega hasta nuestros días.

 Hay dos puntos de esta narrativa que me interesan destacar: el primero es la domesticación del fuego. Hace unos trescientos mil años Homo erectus, Homo neanderthalensis y Homo sapiens empleaban comúnmente el fuego y la más importante consecuencia fue el aumento de calorías consumidas en menor tiempo.

 Los cerebros de los Homo son grandes; nuestro cerebro, el de nosotros los Homo sapiens consumen en reposo el 25% de las calorías que consumimos al día, en cambio el cerebro de los monos solo consume un 8% de las calorías necesarias para vivir. Por otro lado al alimentarse de raíces, frutas, nueces y carne cruda un chimpancé dedica 5 horas diarias a su alimentación; al humano cocinar los alimentos, con una sola hora al día comiendo resuelve su problema.

 El segundo punto es que no estábamos solos. Nos enseñan la evolución humana como si primero aparecieron los Pitecantropus y después los H.habilis, y más tarde los H. rudolfenses y después el otro y el otro, cuando la realidad fue que hace cien mil años caminaban por Africa y Eurasia unas seis (6) especies distintas del género Homo. Los últimos Homo soloensis desaparecieron hace unos 50 mil años. Homo denisova lo hizo algo después. Los neandertales caminaban por Europa hasta hace 30,000 años y los enanos de Isla Flores, separada de Java y Borneo, que evolucionaron a partir de los H. soloensis hace unos 12 mil años.

 

Hay que notar que cuando el Homo sapiens iniciaba su entrada al continente americano por el estrecho de Bering, aún había otro Homo en el sudeste asiático.

                                                          

Lo arriba expresado es básicamente tomado de Harari y con vistazos a Yves Coppens (2010); a Cela Conde y Ayala (2005)  y a Michael Brown (The Search for Eve, 1990). Hago este paréntesis para decir que las discusiones entre científicos de la antropología física humana y entre estos y los genetistas bioquímicos es la de no acabar. Cualquiera que consulte las cuatro obras antes citadas tendrá una buena fotografía de cómo se hace ciencia y cómo se discute en ciencia y como se tarda la ciencia en aclarar un problema y decidir sobre una verdad. Muchos que quieren iniciarse en Filosofía de la Ciencia creo que les vendría bien esta opción, que es mucho más fácil de comprender (no que sea más fácil de “hacer”) que la física cuántica para intentar hacer filosofía de la ciencia en base a la física. 

 De lo que si estamos seguros y no hay discusión al respecto (hasta ahora) es que desde hace 10,000 años estamos solos, somos la única especie del género Homo que sobrevive hoy día. Parece que esto fue tanto tiempo para nuestras “culturas” que nos acostumbramos a pensar que somos los únicos que siempre han existido, y algo más, prontamente pensamos que fuimos creados de manera especial, separados de los animales (que somos) y de la propia naturaleza (de la cual también formamos parte).

Harari plantea algo muy interesante: gracias al fuego y a la revolución cognitiva pudimos pasar de un lugar modesto en la cadena alimentaria al tope de la cadena y que lo hicimos tan rápido que no supimos manejar bien nuestra nueva posición. Dice que para imaginar cómo era un humano primitivo solo pensemos en un dictador de una república bananera (así llaman en muchos lugares a los países como el nuestro).

 Presenta la idea de que al “haber sido hasta hace muy poco tiempo uno de los desvalidos de la sabana, estábamos llenos de miedos y ansiedades acerca de nuestra {nueva} posición, lo que nos hacía doblemente crueles y peligrosos”. Señala que muchas catástrofes y guerras se han debido a ese salto tan rápido en la cadena alimentaria.

 Esa Revolución Cognitiva, que resultó en lenguaje, fue lo que nos separó del resto de los Homo y de los primates y otros animales. El lenguaje hizo más fuerte la sociabilidad de Homo sapiens y les permitió convivir en grupos más numerosos. Y como otros investigadores y eruditos Harari entiende que fue su uso como instrumento para chismear lo que nos hizo más sociables aún.

El chisme, la conversación sobre otras personas y objetos intrascendentes y su traducción moderna, el chat, crea espacios solidarios y comunales, hoy de manera instantánea. Por la borda se han lanzado las ideas de que el chisme era una creación pequeño-burguesa o un pecado a evitar. El chismoteo nos hizo humanos vencedores.

Si todo comenzó hace 13,500 millones de años, los últimos diez mil años serían los últimos minutos.

Recordemos por un instante el calendario cósmico que nos legó Carl Sagan en su libro “Dragones del Edén” ( Random House, 1977). En este calendario el Big Bang ocurre el 1ro. de enero, la Tierra se condensa en septiembre, los dinosaurios aparecen el 24 de diciembre, las flores el día 28 y los humanos el día 31 de diciembre a las 10:30 PM del mismo año. A las 11:59:20 aparece la agricultura. O sea, hemos estado pensando en los últimos 10 minutos de la historia del universo conocido, ya que toda la Historia escrita son los últimos 10 segundos y desde la Edad Media hasta nuestros dias algo mas de 1 segundo.            

La verdad que sí, hemos avanzado en conocimiento una enormidad para el tiempo que tenemos en esa búsqueda de una llama en nuestra total oscuridad y aunque no todos los seres humanos poseen la cultura de estos conocimientos aún, es una forma de ver el mundo y la vida más hermosa de cuantas narrativas han sido inventadas. Ya lo dijo Charles Darwin al final de su obra El origen de las Especies (1859): “Hay grandeza en esta visión de la vida…de un inicio tan simple infinitas formas bellas y maravillosas han sido, y siguen siendo, producidas por la evolución”.

Wednesday, February 22, 2017

HACE 20 AÑOS : LA OVEJA DEL HOMBRE



J.R. Albaine Pons


Acento.com.do, 22 de febrero 2017.

"Es un lugar común” como dicen los críticos y estetas cuando se emplea una palabra o frase muy conocida, pero es que nada retrata más este caso que decir “20 años no es nada”, como cantaba Gardel.
El 22 de febrero de este 2017 se cumplen 20 años de una noticia científica que hizo historia.


El nacimiento, que había ocurrido 8 meses antes- 5 de julio de 1996- de una ovejita llamada Dolly, el primer clon de mamífero exitoso, logrado por transferencia nuclear; impresionó a Tirios y Troyanos.


Y hasta quizás debería estudiarse cuál otro acontecimiento científico (no trágico) permaneció por más días en las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Que yo recuerde, en mis años de lector, ni la noticia de la lectura completa del genoma humano (el ADN completo de Homo sapiens, que en realidad fue del ADN de uno de los científicos dirigentes del proceso), anunciado por tv por el Presidente de los Estados Unidos con los dos principales científicos a ambos lados, produjo tal impacto.
El 13 de abril del 1997, en las páginas de Opinión del Listín Diario, escribí un pequeño ensayo sobre la noticia, tratando de explicar lo que se había logrado, bajo el título de “ Dolly: del Cordero de Dios a la oveja del hombre”.


El periódico colocó de relieve lo siguiente: “El biólogo se expresa a favor de la continuidad de los estudios que permitan clonar, tanto en animales como en humanos. Opina que las demandas políticas dirigidas a impedir la continuación de esos estudios “no son más que la defensa de un estatus quo ideológico que no se podrá mantener porque potencia una gran amenaza, pues solo si sabemos cómo van estas técnicas y es abierta la información y su uso podrán controlarse marginalidades no deseadas”.


Y Dolly, la ovejita escocesa, tuvo tal éxito, que la palabra “clon”- un oscuro término genético de uso restringido- se convirtió en común y alcanzó hasta titular una popular telenovela latinoamericana.
El científico Ian Wilmut y  sus colaboradores del Instituto Roslin de Escocia tomaron una célula de la mama (teta) de una oveja totalmente blanca y le extrajeron el núcleo y este núcleo fue colocado en un óvulo anucleado de una oveja de raza cara negra. Este óvulo (de cara negra) con su nuevo núcleo (de cara blanca) fue colocado en el útero de una tercera oveja también de raza cara negra. Se escribe y se lee más o menos fácil, pero no lo es tanto. De 277 óvulos así injertados, un óvulo se desarrollo en un individuo completo y nació Dolly, completamente blanca y con los genes, y por lo tanto las instrucciones para desarrollarse y vivir, de la oveja que le ofreció su núcleo celular.
Su nombre fue tomado de una artista-cantante estadounidense muy popular en esos años (y aún lo es) Dolly Parton, quien presenta una generosa anatomía sobre sus pectorales. ¡Los científicos deben de ser serios, pero no ciegos!; e irrumpió Dolly en el mundo. Asombrando a todos de que un núcleo de una célula del cuerpo de un animal adulto pudiese transformarse y activar un óvulo anucleado formando un organismo completo.


De todo se dijo y de nada se salvó dicho experimento y los científicos que lo realizaron. Algo que se conoce poco es que de la misma línea celular que se utilizó para Dolly, otras ovejas luego nacieron: Debbie, Denisse, Diana y Daisy, que aún viven y se encuentran en buena salud, hermanas gemelas de Dolly y clones como ella.


Dolly murió a los siete años de problemas pulmonares y de su defunción se aprovechó la anticiencia - una reliquia de la Guerra Fría del siglo XX, utilizada únicamente contra científicos y descubrimientos del llamado mundo occidental- para inventar y propalar todo tipo de falacias, sobre los científicos jugando al papel de ser como Dios, entre otras lindezas.


Nunca opinaron estos críticos de la descendencia de Dolly, 6 normales corderitos, ni le dieron valor a los estudios post-morten que no señalaban ni envejecimiento prematuro ni ninguna enfermedad fuera de lo común.


Hoy día tenemos clones de ratones, ratas, perros, cerdos, vacas. No ha resultado muy exitoso el método de clonación en primates superiores ni en monos, y aunque no hay que dudar que algunos, en algún lugar, hayan intentado hacerlo en humanos, ni siquiera se ha escuchado, mucho menos publicado, logros al respecto.


Pero, aparte de los éxitos con la producción de clones de ratones y ratas, lo que ha permitido pasos  gigantes en la investigación biomédica,  Dolly abrió el camino para la manipulación y puesta en vigencia de las llamadas células madres, multipotenciales o pluripotenciales, que en principio pueden transformarse en otro tipo de células del organismo.


Aunque su uso no está avalado ni permitido por el conocimiento actual para tratamientos humanos, en muchos países médicos y pacientes apuestan al uso de células madres para resolver problemas de salud de distinto origen y en distintos órganos. Claro, se siguen estudiando e investigando las células madres y se presenta un uso permisivo, e ilegal, en ciertos países, a veces resolviendo problemas y en muchos casos no resolviendo nada y otras veces empeorando a pacientes.


Dolly hoy reposa, en exhibición, en el Museo Nacional de Escocia, en Edimburgo. El año pasado celebraron su cumpleaños número 20 y este año celebramos los 20 años del conocimiento de este inicio del, por fin, cambio del Cordero de Dios por la Oveja del Hombre.
Aunque la Organización del Premio Nobel otorgó en el 2012 el premio en Medicina o Fisiología a la clonación y el Dr. Wilmut no fue incluido en el premio, Dolly es la más famosa oveja que jamás haya existido.


 

LA CIENCIA ES LA CULTURA



J.R. Albaine Pons


Acento.com.do, 16 de febrero 2017

El propósito básico de la ciencia es aumentar nuestra comprensión del mundo en el cual vivimos y al mismo tiempo de nosotros mismos; aunque en la mente del gran público los descubrimientos de nuevos hechos constituyen el símbolo de la ciencia, o por lo menos así parece.

 Pero es que la acumulación de datos y hechos, aunque muy importante en el pensamiento científico es solo una orilla del camino. Si los descubrimientos nos llevan a la formación de nuevos conceptos o al cambio y afinamiento de conceptos ya conocidos y usados, entonces si hay un aumento de comprensión.

En cursos de enseñanza básica y media y hasta en niveles universitarios se tiene una extraña lógica de nuestra comprensión del mundo y por ende de la historia del desarrollo del fenómeno humano.

Recuerdo que nos enseñaban a Sócrates, a Platón, a Aristóteles (tengo amigos y conocidos que así se llaman), entonces el Imperio Romano y su conversión en el Sacro Imperio Romano. Se continuaba con algo de las tribus bárbaras para pasar a la Edad Media y Santo Tomás de Aquino- quien demostró sin duda alguna la Gran Existencia de Dios, decía un profe que escuché –y de aquí pasar al Renacimiento y el gran resurgir de las artes y en especial de la pintura y la escultura. El pensamiento humano comprendía más cosas- o así nos lo dejaban entrever, cuando no se afirmaba de manera explícita- cuando llegamos a Descartes y sus maquinas y a E. Kant y su filosofía alemana: la visión francesa y alemana del mundo.

A niveles post-educación secundaria nos lanzaban a Hegel y a los jóvenes hegelianos de izquierda para encontrarnos con unos Marx y Engels grandiosos, planteando que la filosofía era para transformar al mundo. Seguro que mi profe no sabía que al entierro de Marx solo fueron 10 personas.

Y seguimos conociendo más filósofos alemanes y franceses y al ir descomponiéndose  nuestra juventud comenzaron a aparecer los textos de Camus y de Sartre, como lo último en el progreso de la comprensión humana. A veces destellos de Unamuno y mucho del “Yo soy Yo y mis circunstancias” y algo de José Ingenieros que nos llegaba del Sur.

La dictadura fascista de Francisco Franco en España, el PRI “revolucionario” de Méjico y los tumultos de Argentina y sus guardias y peronismo eran los filtros y censuras de los libros que nos llegaban en las postrimerías de Trujillo y en los primeros años sin El.

En algunos ámbitos no era el mundo de los filósofos lo que valía, sino el literario. El descubrimiento de Borges, de Neruda con su izquierdismo de buena mesa, la insurgencia del BOOM, con La Maga, García Márquez y La Guerra del Fin del Mundo y La ciudad y los Perros de Vargas Llosa y una revolución cubana que nos llenaba de panfletos eran la cima de alguien que quisiera “entender” algo de lo que era el mundo. Hasta un librito con versos y poemas del Presidente Mao era un bien demasiado valioso para prestarse, aquellos que lo tenían  te podían leer algunos versos  y permitían que vieras el libro en sus manos y siempre por corto tiempo.

                              

Ah, y claro, libros de Historia, de todas las historias. Aún conservo un libro: La Historia del PCUS, edición de 1956, de uno de nuestros líderes de entonces, todo subrayado, aunque con escasas anotaciones al margen, líder que pasó los años de Balaguer más preso que suelto, pudiera decirse, y que dejó el libro abandonado en nuestra pensión de estudiantes un día que tuvo que  salir huyendo por el patio.

 Por otro lado encontramos a Pitágoras en las clases de geometría, pero nunca nos hablaron de una “escuela pitagórica”. A Arquímedes le conocimos en química y a Galileo y Newton en física, pero no como gigantes de la cultura y el progreso, no; sino como fórmulas que teníamos que memorizar para pasar el curso.

Nunca se  nos decía que Galileo expresaba que su trabajo era desmontar los mitos de Aristóteles y que fue llevado a prisión domiciliaria de por vida por defender los argumentos de Copérnico, que expulsaban al planeta Tierra del centro del universo, convirtiéndolo casi en planeta cualquiera.

De la transformación que produjo la física y del papel de la máquina de vapor, del discurso de Darwin para expulsar a los humanos del centro de la Creación y apagar la idea de que estábamos hechos a imagen y semejanza del dios abrahámico, a menos que éste tuviese forma de un primate – y de un primate aburrido, como recién señaló S. Hawking, pues si ya todo lo sabe nada le queda por averiguar ni descubrir- nunca nadie nos dijo nada. No había libros sobre esas cosas.

 “La Familia, La Propiedad Privada y El Estado” de Federico Engels, era lo más cercano a una lectura de alguna ciencia que aparecía y , por ejemplo, La Sociedad Abierta y sus Enemigos, del 1934, de Karl Popper, todavía hoy no aparece muy fácilmente ( aunque está en la Biblioteca del Intec), y muchos si citan sus trabajos sobre la lógica de la investigación científica; y sobre los pensadores británicos y norteamericanos del siglo XX nada aparecía y nada se sabía y no preguntemos sobre Isaiah Berlin y sus ensayos sobre la Historia de las Ideas. Nadie aquí lo conoce.

 Había una visión religiosa fundamentalista sobre los Estados Unidos, era el Imperio, el enemigo malo, Satanás y como estaba tan cerca era mejor no intentar entenderlo, ni, por supuesto, aprender inglés. Uno de los últimos payasos de nuestra América fue a New York, a las Naciones Unidas a iniciar su discurso diciendo que el olor a azufre todo lo inundaba; para los despistados, es el olor del infierno.

Einstein fue conocido y reconocido por aquello de que “todo es relativo” y no muchos niños por estos lares fueron bautizados con el nombre de Alberto en su memoria. A. Einstein era casi un tío folclórico como esos que cada familia tiene y nada más.

 Y la comprensión del mundo se nos hacía más lejana y oscura. Hasta nuestros estudiosos y eruditos, que los hubo, preferían una cosmovisión del mundo mitológica de ángeles y arcángeles,                                                 

que observar lo que pasaba en el mundo, ese ancho y ajeno mundo, que no termina en el malecón de Santo Domingo, sino que ahí se inicia.

 Y así, hoy de repente España nos llena de libros en castellano de todos los gustos y colores, México intenta no esconder más a Fernando del Paso y desde el Sur nos llegan nuevas ideas,                                                          

básicamente literarias y hasta filosóficas con un Don Mario Bunge, que aunque nos disguste hay que conocer.

 Y nos llega la Internet, con periódicos y revistas de todo el mundo y la cultura anglo-americana se desborda y, de pronto, rápido hay que leer inglés y empezamos a vernos en los últimos lugares de la educación, de la salud pública y privada, de la transparencia y de la seguridad ciudadana, de la justicia y de la corrupción. Y hasta jugamos a indignarnos y asombrarnos cuando las medidas y las evaluaciones de los indicadores nos colocan en el justo lugar en donde estamos.

 Pero claro, somos optimistas, estamos en mayoría entre los diez mejores peloteros de las grandes ligas ( y fíjense ustedes, jugar pelota es la única actividad en este nuestro país, donde se cumplen todas las reglas…no importa si es con una pelota de goma tirándola contra la pared, con una tapita de botellón de agua y un palo de escoba o en partidos caimaneros en los campos con pocos útiles pero si con apuestas de dinero que ponen todos los jugadores; no busque otra actividad que cumpla con las reglas, que no la hay).

 Y también entre los países envueltos en el genocidio de Odebrecht, cuyos socios han robado tanto a los pueblos de Latinoamérica, que ya no es solo contar culpables – apuesto a que también en eso somos de los primeros- sino el número de fallecidos por falta de medicinas, de médicos, de alimentación, de seguridad, de tránsito que tenemos por falta de dinero para invertir sabia y juiciosamente en esos acápites de gasto social, pues el dinero se lo llevaron “ellos”, como decía aquí la gente en época de Trujillo, los rusos de a pié en épocas del comunismo y aún hoy también como lo escuchamos en cubanos y venezolanos….”ellos”.

 Que nuestros niños se inicien en la escuela conociendo a Pitágoras, a Euclides y a Arquímedes como los griegos que iniciaron el camino de la comprensión del mundo, que la historia de la cultura trate a Newton, a Darwin y a Einstein como se debe por la inmensidad de sus obras y que el despegue científico-tecnológico de la segunda mitad del siglo XX se le muestre a nuestros hijos a la par-mínimo- que nuestros guerrilleros-dictadores y dictadores –guerrilleros, quizás sea una buena forma de recomenzar, quizás.

 Es que lo único que ha progresado en los últimos cinco mil años de la humanidad es la ciencia, no la política, ni las humanidades, ni la filosofía y si aceptamos que la cultura es lo que nos ha hecho más humanos entonces es la ciencia la cultura.

Sunday, August 14, 2016

40 AñOS DE “EL GEN EGOISTA”

J.R.Albaine Pons


 Acento.com.do, Agosto 15 del 2016


En su nuevo libro “Vida” (Life, 2016, Harper Collins, N.Y.), quinto libro de la serie “The Best of Edge”, su editor John Brockman, creador de Edge.org (organización considerada por el escritor Ian McEwan “un contínuo y emocionante coloquio”), presenta 18 ensayos de los principales pensadores actuales sobre lo vivo en nuestro planeta; el primer ensayo es de Richard  Dawkins y se titula “evolucionaridad”.
Y tenía que ser Richard Dawkins el primero.
Dawkins, inglés, zoólogo evolucionista, especialista en Etología ( el estudio del comportamiento animal) y, considerado el primer divulgador científico del mundo, votado por la revista inglesa Prospect como el primer intelectual público del mundo en una encuesta entre diez mil lectores de 100 países distintos en el 2013, ha dejado su huella magisterial desde hace ya un buen tiempo.
Y es que en 1976, hace ahora 40 años, se publicó “El Gen Egoísta” de la autoría de un joven Richard Dawkins, entonces profesor de Oxford. Aunque hoy día su autor no considera “El Gen Egoísta” su principal obra, por considerar que ha realizado mayores aportes teóricos en otros trabajos, no puede, aunque así quisiera, escapar del campo intelectual que creó y donde se iniciaron y aún se inspiran aquellos que investigan científicamente los profundos fenómenos de lo que significa estar vivo hoy.
El gen, un pedazo de ADN, siempre busca sobrevivir. Cada gen de cada célula busca pasar a la siguiente generación y hace su función en unión de otros genes para construir un vehículo (organismo, individuo) que garantice su paso al futuro.
¿Y si son los genes de los gametos?  Igual, ¡solo quieren que en la siguiente generación, y en la siguiente y en la siguiente, estar!!!
Claro, un gen no piensa. Es una parte de una molécula, ni muy grande ni muy complicada, que se copia a sí misma. Lo de egoísta es una metáfora, para decir que así es como funcionan y así mantienen estable a las especies. Hasta que el individuo no pueda vivir por un cambio en el ambiente. Pero, por la variabilidad, algunos vehículos tendrán ciertos genes que entonces serán importantes y esos sobrevivirán y se reproducirán, con la posibilidad de convertirse en nuevas especies.
En su introducción al texto de 1976, señala el autor: “soy un etólogo, y este libro trata del comportamiento de los animales”. Solo con decir que John Mynard Smith, Desmond Morris ( quien dibujó su portada) y Robert Trivers fueron de entre las dos decenas de especialistas que revisaron el texto, nos muestra que las ideas del mismo, si bien magistralmente expuestas por Dawkins, no eran ciencia-ficción, sino la amplia base teórica sobre la que avanzó la biología y la genética molecular en el último tercio del siglo XX y hasta hoy día.
En realidad Dawkins creó una metáfora para explicar lo que el neo-darwinismo ya explicaba, aunque lo hacía en secas revistas científicas y con un alto contenido matemático.
El texto inicia así: “La vida inteligente sobre un planeta alcanza su mayoría de edad cuando resuelve el problema de su propia existencia. Si alguna vez visitan la Tierra criaturas superiores procedentes del espacio, la primera pregunta que formularán, con el fin de valorar el nivel de nuestra civilización, será: -¿Han descubierto ya la evolución?- ”.
El mismo autor lo escribe. Su propósito es examinar la biología del egoísmo y del altruismo, y de cómo el egoísmo de un gen o de un grupo de genes por sobrevivir y pasar a la descendencia resulta en un altruismo o vida comunitaria que facilita que dichos genes continúen existiendo y actuando. ¡Este libro es una defensa del altruismo! Y su posible explicación biológica.
El texto se hace explícito: “No estoy defendiendo una moralidad basada en la evolución, estoy diciendo como evolucionaron las cosas”, aunque ya hoy día muchos estudiosos de la evolución incluyen la moralidad – o lo moral- como un comportamiento que también evoluciona y se origina en nuestra propia evolución a humanos.
También señala que “la supervivencia del más apto” de Darwin es un caso especial de una ley más general relativa a la supervivencia de lo estable. Llama al ADN el replicador y a los individuos “máquinas de supervivencia”. Y se consideran y discuten las interacciones paternales y maternales, sexuales y agresivas entre individuos de la misma especie, desde, claro está, la óptica de los genes. Presenta la idea de los memes para la transmisión cultural y discute con brillantez el “dilema del prisionero” y su uso por Robert Axelrod y W.D. Hamilton y lo muestra como explicación a la cooperación contra el antagonismo y como sólo la cooperación es estable.
Un libro de hace cuarenta años que ya en los 90 del pasado siglo era parte de los libros de texto de evolución, genética, biología molecular y general y creó la cultura que luego trajo a Dolly, la ovejita, el primer mamífero clonado ( y sus “clones hermanas”, que aún viven), el genoma de muchos organismos , incluyendo el humano, los organismos transgénicos, y hoy día los trabajos con la enzima CRISP-Cas9, que permite cortar ADN casi en cualquier célula, donde se quiera y así eliminar genes e introducir otros con gran rapidez y precisión dentro de individuos de una especie. Uno de los logros del pasado año 2015 con esta enzima fue la producción de mosquitos cuya descendencia sería infértil para combatir al Dengue, Chicunguya y Zika.
En muchas conferencias y en su autobiografía en dos tomos (2014 y 2015) Dawkins nos recuerda los muchos títulos que se barajaron para ésta su primera obra y él no parece aún conforme de que escogieron el apropiado para un libro que intenta explicar la colaboración y el altruismo.
Son muchos, los que solamente por el título, y claro sin haber leído el libro, condenan moralmente (ya que intelectualmente no pueden) el Darwinismo, sin reconocer la evolución como una ley de la naturaleza y por nuestros lares hasta he leído que hablar de evolución y de darwinismo es algo que hace compañía a lo peor que pudiera hacer o pensar un humano. Toda una pena nuestra educación y cultura. Lo curioso es que muchos de los que así opinan usan sin pensarlo siquiera el término dialéctica como si fuese de verdad una ley de la realidad y no una idea de la confundida, y como dice Isaiah Berlin –teológica y oscura mente- de G.W.F. Hegel, uno de los mayores enemigos de la libertad humana.
Puede ser que la palabra “dialéctica” se haya convertido hoy en lugar común- un meme, según R.Dawkins- y que aunque no tenga un solo dato empírico que la avale, escritores tan perspicaces como nuestro Vargas Llosa señale en uno de sus últimos artículos  que Perú ha dado un “salto dialéctico” en su desarrollo, refiriéndose a sus últimas elecciones. Quizás pudiéramos decir que la República Dominicana ha dado un “salto cuántico” en sus últimas elecciones, por lo menos estaríamos hablando una lengua del siglo XXI con palabras que si tienen algo de base empírica, aunque para muchos, “salto cuántico”, algo comprendido por muy pocos, sea otra metáfora que eventualmente será un buen meme.
Los científicos son optimistas, pero también son realistas. Carl Sagan subtituló su obra principal (1995) “La Ciencia como una Luz de Vela en la Oscuridad” (Science as a candle in the dark) y Dawkins así titula el segundo tomo de su autobiografía “Leve Luz de Vela en la Oscuridad” ( Brief Candle in the Dark). El modelo ha sido muy usado, pues la gran mayoría de la humanidad sigue viviendo bajo el oscurantismo y las mitologías. Estudiamos conceptos y leyes en la escuela y universidades, pero nos negamos a ver sus consecuencias, aunque si usamos sus derivados tecnológicos. El apagón, que aquí vivimos como algo real, con los continuos fallos de energía eléctrica, no queremos verlo en nuestras ideas y tradiciones.
Es que como dice Moisés Naim, el problema no es los que no saben leer ni escribir, el problema es los que no leen y nunca dejan de escribir.
El Gen Egoísta cumple ya 40 años y es un clásico, lectura obligada de especialistas, estudiosos, eruditos y personas cultas. Nada mal, para un joven profesor de Oxford.
¡Feliz Cumpleaños!


 

Monday, April 18, 2016

AVES, MACHOS Y MITOCONDRIAS


J. R. Albaine Pons 


Acento.com.do, 18 de abril 2016.


Uno de los reconocidos dolores de cabeza de Charles Darwin (1809-1882), ese inmenso pensador que nos colocó de lleno en la naturaleza que nos rodea y asombra, fue la cola del pajuil o pavo real. 

¿Por qué esa cola tan larga, tan vistosa, tan pesada, tan cara –energeticamente hablando-, tan atractiva como señal para depredadores? 

Con su libro “El origen del hombre, y la selección en relación al sexo” de 1871, Darwin encontraba una respuesta: “no es una lucha por la existencia, sino una lucha entre machos por la posesión de las hembras”. 

Un reciente ensayo de A.Riley en la revista Aeon (abril 15, 2016) nos trae una nueva y más profunda visión del problema. 

A la pregunta de qué ven las hembras en los machos para elegirlos se ha respondido de distintas maneras: un padre más saludable para sus hijos, uno más fuerte y así con mayor facilidad para proveer; uno más simétrico, lo que se traduce en mejores genes; uno de piel más limpia y lustrosa, lo que señala mejor defensa de los parásitos y varias más por el estilo. 

Ahora Riley presenta la hipótesis de Geoff Hill (2013), un biólogo evolucionista de la Universidad de Alabama. Una hipótesis más abarcadora, simple, profunda y comprobable: las hembras prefieren machos con más energía. Con la suficiente energía para gastar en ornamentos, colores y brillo y lustre del cuerpo. 

Son las aves -recordemos, fue un pajuil que puso a pensar a Darwin por años- las que más se investigan respecto a estas ideas. Sus cantos -solo los machos cantan- y sus plumas y coloraciones son fácilmente medibles y así constituyen un material simple de studio. 

Pero hay que saber algunas cosas. Ya en artículos anteriores he comentado sobre las mitocondrias, esos organelos celulares productores de toda la energía en todos los seres vivos no bacterianos. Esas mitocondrias que se heredan únicamente por vía materna (todos tenemos las mitocondrias de nuestras madres y por eso los primos maternos son mas parientes que los otros primos) y que evolucionaron de una bacteria que evitando que el oxígeno las afectara al combinarlo con hidrógeno y producir agua, liberaban energía usada a su vez por aquella otra bacteria que se constituyó en su huésped, formándose así la primera célula primordial de donde provenimos todos. 

Esa célula evolucionó y su núcleo encerró aquel ADN que hoy forma a todos los hongos, plantas y animales. Todos tenemos esa herencia ancestral. Pero la mitocondria dentro de esta célula ancestral también evolucionó, su tasa de mutación es cinco veces mayor que la del núcleo, y al tener su ADN propio pasó mucho de éste al núcleo y hoy nos quedan a los humanos un ADN mitocondrial con solo 13 genes. Este es el ADN que utilizamos para la identificación de personas, por ser tan pequeño, y así, más manipulable. Pero quedó una relación entre el ADN mitocondrial y el ADN nuclear, ya que muchas de las proteínas que participan en la formación de las moléculas energéticas celulares y que funcionan en la mitocondria, son sintetizadas a partir de instrucciones nucleares. 

Una investigación reciente realizada en copépodos marinos, interesantes animalitos microscópicos familia de los cangrejos y camarones y un verdadero disfrute para los amantes de la microscopía, presentó un resultado inesperado.  

Copépodos (los organismos multicelulares más numerosos del planeta) de la misma especie, pero de distintas poblaciones, al ser apareados producen descendencia con múltiples complicaciones. Las mitocondrias de sus células ya han variado lo suficiente para no trabajar al unísono con sus núcleos. ¿Qué puede esto significar para los seres humanos? El ensayo citado no se atreve ni a mencionarlo, pero el resultado en los copépodos estudiados está ahí y es replicable. Y recordemos que son nuestras neuronas, nuestro cerebro, el mayor consumidor de oxígeno, luego el de mayor número de mitocondrias…¿serán afectados los cerebros de los descendientes de poblaciones humanas separadas por milenios si decidieran aparearse? ¿Ha pasado eso ya? 

Volvamos a las aves. Recordemos que en los humanos y el resto de los mamíferos el sexo viene dado por los cromosomas XY. La hembra es XX y el macho XY y el cromosoma Y es el más pequeño de todos. En aves (y mariposas) es distinto: Los machos son ZZ y las hembras ZW. O sea, el cromosoma Z viene del padre y puede que de la madre también, es el de mayor tamaño y contiene tres genes fundamentales para sintetizar proteínas que irán a las mitocondrias. En otras palabras, en aves la mayor cantidad de energía celular viene del padre, es herencia paterna. Y ya un estudio demostró que los organismos con sistema ZW son los más coloreados y ornamentales de toda la naturaleza. 

Así las cosas, las aves hembras seleccionan para padres de sus hijos a los machos de mayor producción de energía celular. Nos pone a pensar como selecciona la hembra de mamífero y la humana en particular. 

Y si el “acuerdo” entre la mitocondria y el núcleo para la producción de energía dentro de las células se rompe entre organismos de la misma especie, solo por estar segregados en poblaciones distintas, ¿será la tal llamada “globalización” en humanos un mito más creado por variados intereses y algo biológicamente imposible de alcanzar? ¿O somos los humanos diferentes en esos aspectos? Creo que en este siglo, y más pronto que tarde, se derrumbaran muchas barreras culturales y políticas que hemos creado para no estudiarnos a nosotros mismos. Parece que tememos que se caiga todo un andamiaje ideológico que nos ha movido por los últimos dos milenios. La necesidad de saber más, para vivir más y mejor, terminarán con esas barreras dogmáticas al conocimiento. Atreverse a saber, decía el viejo profesor Kant. 

Los nuevos saberes nos impondrán nuevas ideologías y nuevas formas de pensar, por supuesto que si, a menos que nuestra especie llegue a ser el primer ejemplo de un suicidio colectivo por ideas, aunque no quede quien, que sepamos por ahora, lo estudie. Estarán las aves, eso sí, aún cantando y con sus vivos colores, buscando desesperadamente sus parejas ¡y los copépodos!