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Sunday, December 25, 2011

La patologia de la libertad

Diciembre 22 del 2011; Acento.com.do

Al conversar con mi querido amigo el Dr. Felo Nazario Lora sobre el asueto navideño, me expresó que tenía el libro que quería que leyese en estos días, que recién había recibido de Madrid, España: El placer de vivir, del filósofo francés contemporáneo André Comte-Sponville, publicado por Paidos, de Espasa Libros, en este 2011. Es la primera edición en español del libro editado en francés en el 2010 con 101 artículos breves presentados por el autor en distintos medios en Francia durante los últimos veinte años.

Y los escritos abarcan desde la vida cotidiana, el amor y sus demonios hasta la vida social y política, todos y cada uno relacionados con ideas filosóficas actuales y clásicas.

Nos habla sobre la libertad. Ser libre es hacer lo que queremos….y hacer para el hombre es actuar, pero es también querer y pensar y de ahí tres libertades distintas. Nos recuerda la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, adoptada por la ONU el 10 de diciembre de 1948, casi por unanimidad: 48 votos a favor, ninguno en contra y 8 abstenciones: la Unión Soviética y su bloque, Africa del Sur y Arabia Saudí.

Y así leemos que “la democracia solo es posible a condición de aceptar sus propias limitaciones…su propia incomplitud, como dirían los lógicos”. “La democracia no es una religión; el pueblo no es un Dios”.

Hablando sobre la “seguridad” señala que es la primera justificación del Estado. Nos recuerda que para Hobbes, el estado natural es una guerra de todos contra todos, dominado por el miedo. “la vida del hombre es entonces solitaria, cuasi animal y breve” le cita y de ahí la necesidad del Estado. Y lo respalda con Spinoza, que veía en la seguridad la función principal “de toda sociedad y de todo Estado”.

Señala Comte-Sponville que el error ha sido confundir el orden de los valores con el de las prioridades. Que la libertad es un valor elevado y la seguridad un estado necesario.

Y tanto los valores como las prioridades se producen en un cierto rango, entre límites. A unos límites podemos llamarles patologías. La patología del orden es el extremo que termina en dictadura, la patología de la libertad es el otro extremo que llega hasta la anarquía.

Y ahora lo asombroso de nuestra política.

Cuando el único candidato opositor con oportunidad de llegar al poder en nuestras venideras elecciones, caracterizado por “pensar rápido”, que según el considerado primer psicólogo hoy del mundo ( y lo dice nada menos que S Pinker de Harvard) Daniel Kahneman, es la forma mas común de los humanos pensar, la que lleva la decisión intuitiva, dice que no cree en la patología de la libertad, que es una patología de la democracia; en vez de ser apoyado por todos por evitar la anarquía y volver al orden ( aunque sea solo por eso que se le apoye), es atacado y denostado como si hubiese dicho que Jesucristo al bajar de la cruz no fue al cielo, sino que se retiró a vivir tranquilamente a una zona de Kashemira frente a un lago cristalino, como dice Salman Rushdie en una de sus novelas; algo por lo que (y valga la aclaración) los cristianos no lo han condenado a muerte. La civilización occidental entiende los espacios de libertad.

Y en el ataque a ese político le acusan de pretender volver al pasado. Cuando en todas partes la memoria histórica, una idea casi de culto, se emplea para superar el pasado- el holocausto, el franquismo, el Klux Klux Klan, los desaparecidos argentinos, etc.-aquí se emplea para volver a Trujillo.

Como si fuera el actual candidato opositor el que implantó en nuestros tiempos el “borrón y cuenta nueva”, olvidándose a propósito que lo hizo un caudillo que asombrosamente eligió el franquismo fascista español como su segundo exilio y que, de paso, permite a los ex-trujillistas y neo-trujillistas seguir siendo parte de los que dirigen este desorden nacional de hoy día, desorden que fue lo primero que dijo el actual mandatario nacional que era este país cuando asumió el poder en el 2004 por segunda vez.

Y volvemos al miedo. Joanna Bourke, profesora de Historia en Birkbeck College en Londres, recientemente publicó como distintos y falsos escenarios sobre la inseguridad ciudadana hacen del miedo un arma de dominación política y social.

La inseguridad ciudadana ni es un cuco, ni es una falsa percepción ni un espejismo. Es parte de la patología social de la dominación. Es parte de la mas peligrosa patología de la libertad.




Thursday, December 8, 2011

El metro del Metro

Diciembre 8 del 2011. Acento.com.do

Vuelvo a recordar al Putumayo de Vargas Llosa en “El sueño del celta”…” un mundo donde nadie decía la verdad…porque las gentes vivían dentro de un sistema en el que ya era prácticamente imposible distinguir lo falso de lo cierto”.

Y recordar el Putumayo viene al caso cuando pensamos en nuestro sistema educativo.

Hace un par de años me surgió una pregunta, para plantearla a mis estudiantes de medicina y psicología de la UASD (tercer año de sus carreras).

Ocurre que estoy hablando de células, de células nerviosas, de organelos celulares, todos de unas dimensiones en micrómetros y nanómetros.

Y siempre pregunto: ¿Cuántos metros tiene un kilómetro?, silencio total por respuesta; salvo entre los estudiantes de medicina que un par levantan la mano. “Señorita, cuánto usted mide de altura, de tamaño?” “Oh profe, 5.6”. “Muy bien, 5.6 qué?; ¿cinco qué? ¿.6 qué?”. Nadie sabe.

“¿Dígame joven, cuántos pies tiene una yarda?” Respuestas: 5, 4, 2, 6.

Y yo hablando de estructuras celulares en nanómetros.

¿”Joven, con sus manos, dígame cuánto es más o menos un metro?” Y colocan sus dos manos separadas por algo más de un pié.

Y por supuesto, nadie sabe de dónde viene el símbolo de @, aunque todos lo usan en sus correos electrónicos.

Claro que es culpa de ellos. Y culpa de sus maestros y sus escuelas. Y culpa de la universidad y también culpa de la Historia. Alguien me dijo que en nuestra Torre del Homenaje habían ondeado banderas de siete naciones distintas, y si eso no es un record, debe de ser un buen promedio.

Imagínese- El campesino de la sierra recoge los frijoles y los vende por “carga” (tres sacos sobre un mulo) al centro de acopio, que a su vez los limpia algo y lo revende por “sacos” a los camioneros y estos por kilogramos al mayorista del mercado que a su vez los vende por libras a los colmaderos y aquí finalmente por jarros a los clientes. Un cliente los cocina y los vende por “vasos” en el barrio.

El galón americano tiene cuatro cuartos que hacen 3.785 litros, pero el galón dominicano son cinco botellas, de ron, de 70cl o sea 700 ml cada una, y el galón será entonces de 3.5 litros.

¿Se compra la gasolina en galones americanos y se vende en galones dominicanos? Pues, no se.

Así, en nuestra vida diaria nos enfrentamos a unidades del Sistema Internacional (m, Km), sistema inglés (yarda, libra, pies y pulgadas), del sistema francés antiguo (un quintal de 125 libras, una boyerada) y varios españoles (vara, legua, tarea, cajón).

Desde los tiempos de Trujillo nuestro país es signatario de la convención sobre la aceptación del Sistema Internacional (sistema métrico decimal) y una ley de la época hace obligatorio su uso, nadie todavía se ha dado por enterado. Por supuesto, no somos únicos, en toda Latino América pasa algo parecido.

Y no sé en realidad cómo es que ha prendido en el imaginario popular la consigna del 4% para la educación, ni por qué se afanan tanto los partidos con los porcientos que las encuestas dan a sus candidatos, y las tendencias de éstas y sus “techos”, cuando es ya sabido desde hace años que en el cerebro humano es fácil pensar asociativamente, metafísicamente y causalmente, pero no estadísticamente.

Daniel Kahneman, el psicólogo premio Nobel de Economía del 2002 por sus aportes a lo que hoy es psicología económica, o como toman decisiones los humanos en condiciones de incertidumbre, nos lo recuerda de nuevo en su último libro “Pensando rápido y lento” (Thinking, Fast and Slow; F., S. and Giroux; N.Y., 2011) donde comenta sobre los errores sistemáticos que cometemos al pensar rápido problemas estadísticos, esto es, matemáticos.

Si al hecho de que son los números lo que más problema ocasiona, y mayor tiempo lleva, a nuestros cerebros para tomar decisiones; le agregamos una total confusión y desconocimiento de las unidades de medidas, llegamos al panorama actual de nuestras escuelas, nuestros profesionales y nuestros políticos. Todos en último lugar en todo lo que se pueda medir.

Este artículo está dedicado a ese estudiante que con toda seriedad, al yo preguntarle más o menos el tamaño de un metro, me respondió “Oh profe, de la Feria hasta Villa Mella”. Sí señor, le dije, ese es el metro del Metro.


Thursday, December 1, 2011

Miedo

Diciembre 1 del 2011. Acento.com.do

 Parecería que el miedo es una emoción tan conocida de todos que no merece definirse. Pero quizás sí. Miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable ante algo que nos asusta o creemos que nos puede hacer daño- dice Wikipedia.

Un neurobiólogo lo define como la vía de la evolución asegurar que los animales presenten respuestas proactivas a peligros que amenazan su vida, incluyendo depredadores, animales venenosos y enemigos. El neurobiólogo prosigue: “el valor adaptativo del miedo es obvio:…hay que estar vivo para reproducirse”. D. Buonomano, en su Brain Bugs ( Norton, N.Y., 2011) dedica todo un capítulo al miedo, al discutir las fallas y dificultades de nuestro cerebro actual, y es el científico arriba citado. Nuestro cerebro se formó para temer en especial a ciertas cosas, pero hoy no tememos a los carros a 150 Km/h ni a la electricidad que va por un cable. Hace cien mil años el Homo de la sabana no tenía esos problemas. Esos miedos hay que aprenderlos.

Cuando en mis clases de Psicofisiología en la UASD pregunto a mis estudiantes qué funciones cerebrales pueden enumerar dicen las comunes: pensar, hablar, ver, soñar, dormir, sentir y otras más. Nunca me han respondido que el cerebro es el órgano que garantiza por sobre todas las cosas la supervivencia. Primero hay que estar vivos, les recuerdo, y después viene todo lo demás.

Y si bien los mecanismos cerebrales motivacionales de buscar agua, comida, controlar nuestra temperatura y órganos internos nos mantiene vivos, participando de nuestro ambiente; para interactuar con otros animales (también parte de nuestro ambiente) aparecieron las emociones, superpuestas a las motivaciones primarias.

Las emociones. Un mecanismo rápido de respuesta, las llamó Darwin. Y emociones tenemos varias. Pero resulta que sobre la que más sabemos es sobre el miedo. No es que sea la que más nos guste, es que es la más fácil de estudiar y reproducir en los animales de laboratorio. Imagínese, ¿cómo vamos a saber cuándo una rata albina presenta vergüenza, pena, alegría, agradecimiento? Pero sí sabemos cuando tiene miedo: huye o pelea en una situación de miedo.

El miedo no es solo una de las más básicas emociones, sino que parece el mecanismo “default” de nuestro cerebro. Ante una sombra en un arbusto más le conviene a la gacela huir y después “pensar” si era o no un león, que quedarse observando y estudiando la sombra hasta estar segura si es o no un león para después decidir qué hacer. ¡Hay errores fatales y la naturaleza no los perdona!

Pero el miedo es una adaptación evolutiva, si no es necesario desaparece, como ocurrió con los animales de las Islas Galápagos que al no tener depredadores eran sumamente mansos, como lo constata Darwin en su libro sobre el viaje del Beagle y lo discute en su ya clásico How the Mind Works (Norton, N.Y., 1997) el psicólogo Steven Pinker.

Al constatar que pequeños gansos recién nacidos huían de una sombra en forma de halcón y no de otra, los etólogos K.Lorenz y N. Timbergen ya en los años 40 del siglo pasado, consideraron innato, inscrito en los genes de las especies, ciertos tipos de miedo.

También se ha presentado como innato el miedo a las culebras y serpientes por los monos (y las personas). El propio Darwin lanzó una culebra embalsamada a la jaula de los monos en el zoológico de Londres y constató que casi todos los monos chillaban y huían del área donde estaba la culebra. Hoy sabemos algo nuevo: si lanzamos un modelo de culebra a una jaula de monos nacidos en cautividad no se asustan, pero si son monos nacidos en la jungla y luego atrapados si lo hacen. Y algo más, aunque los monos nacidos en cautividad no se asustan por ver una culebra, si observan otro mono una sola vez asustarse de una culebra la evitarán siempre. En cambio para que eviten otra cosa luego de ver otros monos evitarla, flores por ejemplo, deben ver muchas veces ese episodio para terminar asustados por ese estímulo. No nacen los monos con miedo a las culebras, pero si con la adaptación de aprenderlo más rápido que cualquier otra cosa.

Ya en los años 30 se sabía que la lesión de la amígdala límbica cerebral producía placidez. Así lo comunicaron en 1937 Klüver y Bucy cuando presentaron el hoy ya famoso síndrome que lleva su nombre. Luego un famoso laboratorio canadiense de psicofisiología era reconocido por tener un puma caminando como un gatito manso luego de lesionarle el núcleo amigdaloideo de su sistema límbico  cerebral.

El miedo no solo se estudia por observación natural. La formación de miedo condicionado es hoy ya un instrumento de mucho uso en los laboratorios de neurociencias. Una de mis mayores satisfacciones intelectuales de toda mi vida fue cuando mi compañero de laboratorio durante mis estudios doctorales me dijo: “José, ven a ver estas ratas”.

Investigábamos la formación de miedo condicionado o condicionamiento de evitación activa, como le llamábamos, en ratas en la cámara de evitación de doble vía. Un choque eléctrico leve recibían por las patas las ratas luego de un timbre sonar por diez segundos. Los animales escapan al choque eléctrico entrando a una cámara adyacente que no está electrificada. Ratas controles, esto es, normales, sin ninguna manipulación previa, aprenden a pasar a la cámara contigua antes de los 10 segundos, evitando así el choque eléctrico, a las 40 presentaciones de ambos estímulos más o menos. Han aprendido un miedo condicionado al sonido que señala el choque eléctrico y cruzan al otro lado evitando así ambos estímulos.

Las ratas que me enseñaba mi compañero no cruzaban a la otra cámara durante el sonido. Siempre esperaban el choque eléctrico para hacerlo.

Investigábamos los núcleos de la amígdala límbica y el hipotálamo medio y su relación en alimentación y emocionalidad. Ya conocíamos el rol de la amígdala en la conducta sexual y en cierto tipo de memorias. Le pregunté “¿y dónde están lesionadas estas ratas?”. “En el núcleo lateral amigdalino casi exclusivamente, pero no hacen nada, ni se enteran del timbre”. 220 presentaciones de ambos estímulos (10 diarios) y los animales como si nada, como el primer día.

Luego entrenamos ratas en el reflejo y después lesionábamos la amígdala- esperábamos que desapareciera el reflejo; pero nada otra vez. La amígdala lateral era esencial para aprender el condicionamiento al miedo, pero luego de aprendido no lo alteraba.

Una noche nos sentamos a celebrar y a discutir…que la amígdala esto, que la amígdala aquello. “Pero no puede ser, la amígdala no puede estar en todo, no es Dios”, dijo mi compañero de laboratorio. Otro amigo que nos acompañaba se reía y nos dijo: ʺUstedes están como los matemáticos cuando resuelven una nueva ecuación…siempre creen que encontraron a Dios”.

Eran los años finales de los 70 del siglo pasado, un pequeño grupo en la Universidad de Kiev, nosotros, estudiábamos la amígdala límbica, también otros grupos en Israel; en Granada, España; en China y en Montpelier en una universidad francesa. En los años 90 la amígdala límbica hizo boom en Estados Unidos y hasta un documental de una hora sobre el cerebro vi en Discovery Channel sobre la amígdala límbica el año pasado. Recientemente ya las neuronas de la amígdala lateral responsables del miedo condicionado han sido identificadas y sus neurotransmisores también. Casi 30 años después. Ese es el paso lento, pero seguro, del conocimiento científico.

Con la amígdala límbica, una estructura evolutivamente vieja en el cerebro, aprendemos a temer y su mensaje es llevado al lóbulo pre-frontal y al cíngulo para interpretar nuestros miedos. Un sicópata es alguien sin miedo. Su amígdala límbica es 17% menor que en las personas normales y las conexiones de ésta con el lóbulo frontal son casi inexistentes.

La amígdala es esencial para tener miedo, para aprender a tener un miedo específico, para reconocer el miedo en el rostro de otra persona y para asociar una palabra-miedo-con sensación de peligro inminente.

Ahora bien, si utilizamos la palabra miedo, todos sabemos de qué estamos hablando. Pero si decimos “inseguridad ciudadana” podemos entender el significado semántico (muchos, no todos) pero se escapa el significado emocional del término. ¿Es dicho término un uso “sofisticado” para que no sepamos de lo que se habla? Puede ser, aunque todas las encuestas que se han realizado aparece como el problema número uno, o el segundo, que percibimos los dominicanos.

¡Y percibir el miedo es sentir el miedo!

¿O alguien se cree que utilizando la palabra “sicario”, de poco uso en nuestro país hasta muy reciente, en vez de “asesino a sueldo”, va a disminuir la sensación de horror de la segunda acepción?  Para muchos analfabetos y personas de poca cultura quizás, aunque sí se le elimina el componente emocional de miedo aprendido que tiene “asesino a sueldo” y pudiéramos pensar que su uso es políticamente de mala fe.

Miedo es lo que siente el país entero. Los pobres en sus barrios de miseria y los ricos en sus torres. Los estudiantes cuando vuelven de noche a sus casas y las mujeres y los varones cuando andan en las calles; los civiles en sus afanes diarios y los policías y militares cuando prestan sus servicios. Todos tenemos miedo. De los asaltos, de los asesinatos, de los abusos, del tránsito. Un país bajo miedo no es un país ni en desarrollo, ni en paz ni en nada. O como dijo el filósofo español Fernando Savater recientemente:” Vivir bajo la regla arbitraria del poder institucionalizado o de un poder ideológico y partidista no es vivir”. No queremos llegar a pasar lo que Adam Krug, en Barra siniestra de Vladimir Nabokov, tuvo que vivir.

Y si F. D. Roosevelt en su primer discurso público al ser elegido Presidente de los Estados Unidos en 1933, luego de la catástrofe económica de 1929, dijo: “De lo único que hay que tener miedo es del miedo mismo”; bien harían los candidatos a las elecciones generales del venidero año en decir cómo nos van a quitar este miedo, que ellos con sus incontables escoltas y guardaespaldas son los primeros en mostrar.

Thursday, September 15, 2011

CORTAR LAS MANOS

Acento.com.do, 15 de septiembre del 2001.

Y la mano hizo al hombre…..pudiera decir cualquier libro filosófico popular de cualquier época.  Cortar las manos es destruir a una persona, es llevarlo a nivel de un invertebrado por debajo de los pulpos; pero es que muchos individuos, en muchas épocas y sociedades utilizan sus manos para abusar y vivir de los demás de una manera no aceptada en ninguna civilización o grupo social conocido: para tomar lo ajeno.

Y así el grito de “cortar las manos”, o “mochar las manos” como han escrito algunos de nuestros más conspicuos literatos, lo encontramos desde el Corán hasta la campaña política actual. Es que el ladrón es una figura que a pesar de Rafles y Alí Babá, disgusta visceralmente. Pocos individuos se jactan de ser ladrones, ni siquiera buenos ladrones. Las cárceles están llenas de personas que dicen ¡no era yo!

Y no es solo una expresión de campaña política. Recientemente en Irán los grupos de derechos humanos han expresado preocupación por la realización del Hadd como castigo legal: le fueron cortadas las manos a seis ladrones, pero y siguiendo la ley, que ya tenían más de cien casos de robos reportados para cada uno. Drástico el caso y de reminiscencias medievales para el pensar occidental pero real y quizás efectivo en más de un tipo de sociedad.

Cuando el estudio de la anatomía de las extremidades superiores se desarrolló de una manera sistemática, el asombro de Sir Richard Owens, el gran científico inglés del siglo XIX, quien propuso el nombre de dinosaurios a unos fósiles extraños que estaban apareciendo, fue que en todos los mamíferos y en las aves, reptiles y anfibios el patrón óseo de las extremidades era idéntico. Un brazo era un hueso largo, seguido de otros dos huesos largos, un grupo de huesos pequeños y las falanges de los dedos. Desde el brazo de un humano, el de un gorila (que él también fue el primero en estudiar), un murciélago o un pollo. Mostraba así el plan divino de un creador que utilizaba un mismo patrón exitoso en su distribución de distintas formas a la vida.

Para la misma época, otro inglés proponía una explicación alternativa y más viable por ser posible de probar o descalificar empíricamente. Charles Darwin proponía que los huesos eran los mismos porque todos esos animales tenían un ancestro común. Fue Owen, genial, elitista y tramposo, creador del Museo Británico de Historia Natural tal como lo conocemos hoy, uno de los principales opositores a Darwin y a la idea de la evolución, pero ya eso es otra historia.

El dato que aún puede demostrar cualquier profesor de básica es que la estructura ósea de un brazo de un vertebrado terrestre es la misma, no importa que vertebrado sea.

Y quedó en el aire la pregunta…sí, tenemos un antepasado común, pero ¿dónde está? Los peces, dueños del mar fueron los que invadieron el ambiente terrestre, pero una aleta de un pez no presenta los huesos de una extremidad anterior de un vertebrado terrestre o secundariamente acuático, como las focas y las ballenas y manatíes.

Recientemente ha sido respondida la pregunta. Neil Shubin, de la Universidad de Chicago, con su laboratorio mitad de fósiles, mitad de ADN, nos hace la historia en su libro Your Inner Fish, (Su pez interior) con el subtitulo de Un viaje hacia la historia de 3.5 billones de años del cuerpo humano, Random House, 2008.

Que los animales terrestres veníamos del mar ya había mucha sospecha. El descubrimiento de peces pulmonados, que respiran aire, fue un buen indicio, pero para nuestras manos fue el análisis de fósiles de un pez llamado Acanthostega el que reveló el crucial paso. Con huesos como un terrestre, un hueso, dos huesos, huesecillos y falanges mostró el paso inicial hacia nuestras manos. Pero la extremidad era una aleta, no un ala, ni una pata, ni un brazo; se veía así que la aparición de dicho patrón de huesos no era preparando un futuro para poder eventual y evolutivamente apropiarse lo ajeno, sino simplemente para nadar.

Otro fósil, y este descubierto por el propio Subin, el Tiktaalik (nombrado así por una palabra de los nativos del ártico canadiense donde fue descubierto) es un pez de hace 375 millones de años, que ya presenta una muñeca que puede girar, rotar (curiosamente el signo que, unido al cerrar ordenadamente los dedos, hacemos con nuestra mano para personificar a un ladrón).

Fue en embriones de pollos, en huevos empollados, donde se inició en los años 50-60 del pasado siglo el estudio del desarrollo de los patrones de formación de nuestros esqueletos. Se descubrió, luego de delicados experimentos en embriones dentro de sus huevos, que una pequeña zona del botón de lo que sería la futura ala era lo fundamental en la formación completa y normal de la extremidad. Al llegar la era de la genética estaba claro que ese era el punto para buscar a los genes responsables.

En los años 80 del siglo pasado se descubrió al grupo de genes que se activaban y desactivaban para formar cada parte del cuerpo de una mosca de la fruta, la famosa drosófila de los genetistas y mimes para nosotros los demás mortales. Un grupo particular de estos genes llamados hedgehog (erizo) -por el parecido de ciertas cerdas o pelos duros en algunas moscas con un erizo (pequeño mamífero como un ratón, con la piel con filosas puas o espinas)- era el que hacia distintas las áreas de cada segmento del cuerpo de las moscas. Se inició la búsqueda de esta secuencia de genes –hedgehog- en otros animales de laboratorio. En 1993 el grupo de Shubin descubre el gen en pollos –llamándole Sonic Hedgehog (en honor a un juego de computadora famoso en ese momento) y demuestran su papel en la formación del ala y todos sus huesos. Pronto se reconfirma que este mismo gen dirige la formación de extremidades en otros vertebrados.

El punto fulminante viene cuando ya en el 2007 se comprueba que también en tiburones y rayas, recordemos peces  con un “esqueleto” de cartílago, y por ende una clase de peces aparte y distinta de los demás “peces óseos”, el sonic hedgehog (en experimentos usando genes de ratones) es también el responsable de la formación de la aleta y de los bastones de cartílago internos que le dan soporte. Un mismo grupo de genes responsable de un mismo tipo de estructura en todos los vertebrados. La naturaleza es económica y constante con lo que funciona.

Económicos, imitando la naturaleza, también son nuestros rateros, asaltantes, ladrones de cuello blanco y políticos corruptos y quienes les apoyan, les liberan si son capturados y logran beneficios con sus fechorías, pues no trabajan, se apropian de lo ajeno. Con sus famosos y repetidos borrones y cuentas nuevas y con sus cortes de mano que nunca llegan a mochar nada. Ojala que constantes en nuestra vida no lleguen nunca a ser. Las manos del heredero de Homo faber merecen, con una historia y evolución tan maravillosa y trabajosamente conocida, otras cosas de que ocuparse.

Fukuyama, again

Acento.com.do, 8 de septiembre del 2011.

En artículo en El País, de España, Yaani Sánchez, periodista cubana y autora del blog Generation Y, relata como en la Cuba de hoy pronunciar, en voz baja, como familiar el apellido de un Comandante de la Sierra o de un Jefe Histórico, abre puertas y logra salvoconductos y diversas minucias casi imposibles de alcanzar para su supervivencia al ciudadano de a pie.

Me quedé pensando tras la lectura arriba citada en el dictador libio y sus hijos; en el de Siria y Korea del Norte, que heredaron sus países como repúblicas y no monarquías y en los hijos de los trujillistas que Balaguer siempre usó como sus funcionarios preferidos y en los ejemplos actuales de un partido en el poder que a veces más bien parece un clan familiar (no que haya sido el único en nuestra historia reciente).

Y es que el nepotismo, el empleo de un familiar de los que detentan el poder en cargos públicos o situaciones relacionadas con el quehacer gubernamental, es un fenómeno transcultural contra el que ha luchado la humanidad en todo su andar. No simplemente porque es una desconsideración a todo el resto de la sociedad, sino porque siempre, siempre, siempre termina en incompetencia generalizada y en corrupción.

Y todo el tiempo me he preguntado y he preguntado a otros ¿cuándo fue que nos dañamos?, ¿por qué jóvenes idealistas y hasta revolucionarios (no simplemente en el criterio marxista del término) terminan, una vez en el poder, como los hijos y los escondidos sobrevivientes de los dictadorzuelos que nos han arropado siempre?

Bueno, Francis Fukuyama, profesor de Stanford, y quien fue el único que predijo la caída del mundo comunista en un artículo ya clásico en 1989 y que después llevó a libro, El Fin de la Historia, donde interpretando a Hegel dice que la Historia del mundo no es otra cosa que el progreso de la consciencia de la libertad, vuelve de nuevo.

Recuerdo varios artículos de opinión de la época en nuestra prensa sobre las ideas de Fukuyama, algunos “demostrando” lo equivocado que estaba. Pero al fin, el Muro, que no era de acero nada, se derrumbó.

Fukuyama nos trae un nuevo libro: The Origins of Political Order ( El Origen del Orden Político, N.Y.,2011), desde tiempos pre-humanos hasta la Revolución Francesa, aunque comenta hasta el fenómeno argentino del 2001; y mucho nos aclara sobre el nepotismo.

Partiendo de premisas evolutivas, porque como señala, no hay otra teoría bien fundamentada, nos muestra entre otras cosas, por qué no hay democracia en China y sí en la India, como la Iglesia Católica destruyendo los clanes familiares, para evitar que las herencias se quedaran en los grupos y obtener así ventajas económicas, cambió las relaciones de propiedad de Europa Occidental, lo que fue la base del desarrollo de las libertades individuales y el desarrollo en esa parte del mundo y de como España traspasó sus anticuadas formas de gobierno y de gravamen (Francia las hizo desaparecer con su Revolución Francesa) a América Latina; que al independizarse no realizó una revolución, sino que dejó intactos los modos y formas de gobierno peninsular. Solo Haití, pienso yo, realizó una revolución, pero para volver de nuevo a estructuras tribales de dominación.

La nueva obra de Fukuyama será lectura obligatoria (esperemos las traducciones) y sería una pena que los contendientes políticos actuales nuestros no tengan asistentes o personal que la esté leyendo ya.

Fukuyama señala que los humanos siempre hemos sido animales sociales, ni aislados anarquistas como dice Hobbes, ni “pacíficos ignorantes unos de los otros” como dice Rousseau. Y agrega, tomándolo de las teorías evolucionistas contemporáneas: “la sociabilidad humana natural está  construida sobre dos principios, la selección familiar y el altruismo recíproco”. En el primero los individuos son altruistas con los que tienen sus propios genes, en proporción aproximada al % de genes que comparten. En el segundo caso,  se plantea que las relaciones entre no familiares se desarrollan para beneficio o daño mutuo a largo plazo, dependiendo de la experiencia adquirida en interacciones pasadas (la ya clásica estrategia evolutiva estable, probada en los estudios del dilema del prisionero o “tit for tat” del teórico evolucionista W.D. Hamilton). El patrimonialismo político está así basado en uno de estos dos principios de la evolución de lo social.

Y la evolución del aparato del poder cuando los humanos llegamos a millones hizo que el orden del poder y su administración, constreñidos por lo que nos era natural, buscara salidas que garantizaran supervivencia y continuidad. Y Fukuyama nos muestra como ocurrió.

Parece increíble, pero ya los chinos, hace miles de años, establecieron una burocracia meritocrática de alto grado de funcionabilidad. Claro, el experimento duró poco, pero resurgió en Europa luego de la Revolución Francesa.

América Latina heredó de España una burocracia patrimonialista, infuncional y parasitaria y nuestros partidos políticos continúan la tradición. Como dice Fukuyama, ante la aparición en el siglo XX de gremios, intelectuales urbanos y grupos económicos con nexos internacionales, que todos propugnaban por un cambio, el estado latinoamericano simplemente los compró por migajas y los cooptó, y no varió su política.

Un texto para ser leído, estudiado y pensado. Aunque hoy dijo Sara que en un partido político en el poder los viejos ya no leen ni los jóvenes tampoco.

Nuestro problema entonces, siguiendo al autor citado, no son los seiscientos mil empleados públicos, sino que esos empleados públicos son nombrados, mantenidos y pagados por su cercanía genética o de grupo con el poder y su incompetencia e ineficacia solo se compara con su habilidad para individualmente buscar su mejoría económica, generalmente ilusoria, a costa de y ante los demás miembros de la sociedad.

Vamos a esperar por la lectura generalizada del nuevo e inmenso trabajo de Fukuyama (585 páginas), por las críticas que le lloverán desde nuestra media isla, y de seguro de otros lares, por las justificaciones de lo actual y por la culpa en los otros. Todo llegará. Pero por lo menos comprendo un poco más claro que fue lo que nos pasó en este mundo nuevo que nació ya viejo y que no quiere morirse nunca.

Lo de barrilitos, salchichones, tirar pesos para arriba y caravanear un puesto no es nuestro gran invento, es un lastre de hace muchos, muchos años en variadas sociedades, que hoy intentan salir adelante, como nosotros, cambiándolo todo para que no cambie nada.

Wednesday, August 24, 2011

Y los sueños, sueños son.

(Acento.com.do, 25 de agosto del 2011)

Soñar con un Nueva York chiquito puede parecerse mucho a soñar con una Caracas grande o una Habana del siglo XXI, si por sueños fuera. Pero los sueños, sueños son y desde Homero hasta El Sueño del Celta de Vargas Llosa, siempre han estado con nosotros y como se ha escrito y repetido ¿qué es un hombre (un humano) sin un sueño?
Los humanos somos especiales. No nos asustamos del no saber, al contrario, la ignorancia nos hace audaces y si no sabemos, por ejemplo, qué es un sueño, sí lo utilizamos  para sanar, gobernar, inventar religiones o jugar a la lotería. Sigismund Freud llamó a su libro “La interpretación de los sueños” sin tener la más remota idea de lo que era un sueño y de que era el soñar. Pero así es la diversidad humana: soñadora.

Fue en los años 20 del siglo pasado cuando el psiquiatra alemán Hans Berger inventa la electroencefalografía- el EEG-; el registro de la actividad eléctrica de las capas superficiales del cerebro humano. Se dice que lo logró en 1925, pero que no lo comunicó hasta 1929, llamando ritmos u ondas, por la impresión que dejaban sobre papel las plumillas de su aparato movidas por fenómenos eléctricos cerebrales, a las distintas velocidades y magnitudes de la actividad cerebral.

Fue todo un acontecimiento. Por primera vez podía verse y medirse directamente lo que hacía el cerebro humano, sin necesidad de inferencias a partir del pensamiento o la conducta.

El EEG se convirtió así en un nuevo instrumento tanto para la investigación como para la clínica. Los psiquiatras y neurólogos (que en Francia, por ejemplo, eran lo mismo hasta mediados del siglo pasado) ya contaban con medidas objetivas de la función cerebral normal y patológica.

Merecía un Nobel, pero al otorgarse en 1924 a W. Einthoven el premio Nobel de Fisiología o Medicina por el EKG, el electrocardiograma, puede que no se considerase tan importante otro registro eléctrico de un órgano distinto al corazón. Quizás un error histórico, pues vaya con el órgano que se abría para la ciencia (para aquellos que creen que los únicos errores fue no darle el Nobel a Borges o a Nabokov).

Treinta años después, en 1957, dos científicos de la Universidad de Chicago descubren algo curioso en el EEG: cuando dormimos el ritmo eléctrico cerebral es lento y pausado- ritmo de ondas Delta le llaman- cada cierto tiempo aparece un descontrol y una aceleración de las ondas y no solo en el EEG: se acelera el corazón y la respiración, se eleva la presión arterial, hay erección sexual en el varón ( y en la hembra?) y los ojos se mueven de un lado a otro rápidamente, debajo de nuestros párpados cerrados. Y no solo eso, el fenómeno se repite varias veces durante la noche durando cada vez más tiempo. Ritmo MOR se le ha llamado. Ritmo de movimientos oculares rápidos.

Pero este ritmo acelerado y presente varias veces en nuestro dormir no hubiese tenido gran trascendencia si no fuese porque entre el 70-85% de las personas despertadas en ese momento reportaban que estaban soñando

Los fenómenos oníricos- los sueños- ocurrían en nuestros cerebros durante una actividad especial del mismo y varias veces en la noche. Y los científicos son curiosos. Si el ritmo MOR es una actividad que expresa sueños, ¿sueñan los animales? Todos los mamíferos presentan ritmo MOR y pensamos que sueñan (hay excepciones) y algunas especies en el mismo % que los humanos. También las aves, aunque en mucho menor medida. En los reptiles no se ha observado este fenómeno. ¿Qué sueñan nuestros perros, gatos y periquitos del amor?

Y la ciencia, en su trabajo de orfebrería, comenzó a buscar las áreas cerebrales involucradas en el fenómeno de soñar, cuales sustancias químicas (neurotransmisores) son las importantes, por qué se mueven los ojos, qué nos relaja más aún la musculatura corporal, etc. Y, por supuesto, las conjeturas, ideas e hipótesis de por qué y para qué soñamos, han sido quizás demasiadas. Aunque algo hoy si sabemos: si no hay sueños MOR no recordamos bien lo aprendido el día anterior. Juega un papel en la consolidación de la memoria reciente.

Pero los científicos nunca están satisfechos. Y ahora encuentran que durante el dormir no-MOR también se producen ensoñaciones, fenómenos oníricos. Los psicólogos evolucionistas dan mucha importancia al sueño MOR. Es un fenómeno riesgoso y costoso desde el punto de vista energético y si lo tenemos (al igual que el resto de los mamíferos) es porque debe de tener una función muy importante. Bueno, consolidar memorias no es poca cosa. Y en estos días se ha publicado que alteraciones del MOR son un indicador de la aparición precoz del Mal de Párkinson, aquel donde se pierde la dopamina cerebral, neurotransmisor fundamental en el movimiento y también en el placer y la adicción

Un detalle: en las etapas finales del MOR, los sueños son más vívidos y con mayor carga emocional. Algo que quizás también podemos asociar a dopamina.

Pero estamos hoy en la época de los genes y el estudio de los sueños no iba a escapar a esa tendencia. Se han descrito genes que regulan el dormir MOR y el dormir no-MOR, y más aún, los genes del MOR vienen del padre y los no-MOR por vía materna. Los primeros influencian funciones emocionales y vegetativas y los segundos funciones cognitivas superiores.

Así, se ha expresado que los genes maternos nos ofrecen sueños “conceptuales” y los paternos sueños más emocionales. Un estudio encontró que los sueños donde hay agresividad son exclusivos de la fase MOR, mientras que sueños amistosos y de cooperación son significativamente más frecuentes en la fase no-MOR, en la fase dirigida por nuestros genes maternos.

Claramente, los sueños son fenómenos que han participado en la evolución de nuestros cerebros. Sigue siendo interesante el saber sobre que sueña nuestro perro y quizás mejor aún si descubren como pudiera un sueño decirnos los números de la loto.

Y por supuesto, sigue siendo altamente preocupante cuando confundimos la realidad y soñamos despiertos, especialmente los políticos, que a veces logran convencer o someter a un pueblo entero a que su sueño de despierto es la representación del mejor de los mundos posibles, del mejor de los nuevayores.

Thursday, June 16, 2011

DOMESTICOS Y EVOLUCIONADOS

(En acento.com.do, junio 16 del 2011)

En Clave Digital del 28 de octubre del 2008 presenté un ensayo denominado El Mono Doméstico. En el mismo expresaba la idea que los humanos somos primates domesticados y que la característica de doméstico depende básicamente de nuestra biología particular, al igual que el resto de las plantas y animales que conocemos como domésticos.

Algunas de las cosas que escribí son: “otra característica de los animales domésticos es que son muy variables en su forma, en su fenotipo, construyen así muchas razas. Son también muy prolíficos”. “En los perros la variabilidad es máxima”. “Es todo una interesante conjetura. Solo que hoy día puede ser una hipótesis científica. Esperemos que se produzcan los conocimientos, hoy posibles, de las diferencias genéticas entre perros y lobos, gatos y felinos…”.

El recuento viene al caso porque National Geographic, la popular revista de alta divulgación científica del pasado marzo de 2011, trae un artículo titulado Domesticar lo Salvaje y que ocupa su portada con el subtítulo de “Mascotas de Diseño”. Veamos algo de lo que dice.

Presentando el ejemplo de la crianza de zorros plateados, también citado en nuestro trabajo, investigadores han propuesto que el motor de los cambios de los animales en cautiverio por generaciones, es un conjunto de genes que propician la tendencia a la sumisión.

Comparando los genomas de lobos y perros en una investigación del 2009 en UCLA, investigadores han identificado una secuencia de ADN muy específica, situada cerca de un gen llamado WBSCR17, el cual es muy diferente en estas especies. En los humanos este gen es parcialmente responsable de un raro trastorno genético, el síndrome de Williams-Beuren, que presenta en los afectados un “gregarismo excepcional”. Suelen ser estas personas sumamente amistosas y confiadas con personas totalmente desconocidas.

Uno de los investigadores del caso de los zorros plateados es citado diciendo:”los rusos…hicieron la selección para obtener un zorro más simpático. No obstante terminaron con zorros inteligentes”. “Me atrevo a afirmar que lo primero que ocurrió para producir un humano a partir de un antepasado simiesco fue un incremento sustancial en la tolerancia a los demás”.

Así pues, parece que la tolerancia hacia los demás y el gregarismo son el resultado de cambios genéticos, que a su vez es muy posible que nos hayan convertido, interactuando con nuestro ambiente, en las variedades de humanos que somos hoy.

Claro, hay que recordar muy bien que significa el efecto de los genes. Un grano de maíz sembrado en las fértiles tierras de Moca producirá una planta muy distinta a la que ese mismo grano desarrollará en la arena de la playa de Juan Dolio.

Y, quizás por eso, las relaciones sociales entre humanos y entre humanos y su entorno se observan tan alejadas de su biología. Pero es una ilusión. Todos somos gregarios y todos tolerantes, pero la variabilidad es amplia y a veces nos parece que un solo intolerante (el grano de maíz de Juan Dolio) es el representante de todos, cuando en realidad es la excepción.

Un amigo, al leer este artículo me ha comentado…es que aquí como que la bendita playa de Juan Dolio es muy larga….bueno…eso también hay que pensarlo.