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Saturday, October 2, 2010

Dos Culturas: a los 50 años-9dic/2009

Hace algo más de medio siglo el fisiólogo inglés Alex Confort, más conocido en todo el mundo por su libro “The Joy of Sex” –primer “manual” moderno de juegos eróticos entre los sexos-, comentaba que existen dos maneras de aproximarse a la realidad, que en la cultura anglosajona se conocen como “La forma dura” y “La forma blanda”, para referirse a las ciencias y a las humanidades.
Hace 50 años, exactamente en el pasado mes de mayo, que el físico Charles Pierce Snow (1905-1980) presentó la conferencia anual Rede, en la Casa del Senado de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Su título “Las dos culturas” y Snow se refería al abismo entre los “intelectuales literarios” y los “científicos naturales”. La conferencia fue publicada en junio y julio de 1959 en la revista Encounter y luego como libro.
El libro fue duramente atacado por la “crítica”, en especial humanistas y escritores. Desde la capacidad (o incapacidad) de Snow de comunicarse por escrito, hasta sus logros como científico estudioso de la física. El libro de Snow, de varias ediciones, la última que encontré de 1993, es anecdótico e informal. No es una presentación de una hipótesis y su posterior demostración. De lo más curioso es el relato de su señalamiento a escritores de cómo podían hablar de comprender la realidad, si no tenían ni idea de la II Ley de la Termodinámica.
Pero a pesar de muchos la obra perduró, y la frase “Dos Culturas” continua en uso, bajo el ataque, de vez en cuando, de funcionarios universitarios tercermundistas que suponen que sus comentarios, negando la aún actual existencia de esas culturas, los coloca por sobre ellas, sin haber sobresalido en realidad en ninguna, ni presentar una obra formal que justifique sus puestos, aparte de habilidades nada intelectuales, pero si exitosas en sus escalas sociales particulares.
Karl Popper, en su prefacio de la edición inglesa (1958) de su obra La Lógica de la Investigación Científica (Viena, 1935) expresa claramente “siempre que proponemos una solución a un problema deberíamos esforzarnos todo lo que pudiésemos por echar abajo nuestra solución, en lugar de defenderla” y es así como trabajan los científicos y exactamente lo opuesto como trabajan los humanistas, y de ahí gran parte del nacimiento de las dos culturas. ¡Una es crítica y la otra criticona!
Pero hoy más que nunca las Dos Culturas se observan desde sus orillas. Intentando evitar la sima algunos “intelectuales” franceses se hicieron “postmodernos”- incorporando a sus discursos palabras, ideas y teorías originadas en las ciencias y empleándolas como mejor les parecía, pues ni idea de lo que en realidad significan como instrumentos de trabajo científico. Por suerte, pasaron sin pena ni gloria y su daño fue mínimo. Aunque quizás en nuestros lares, y quizás imbuidos todavía de la idea de la ocupación haitiana de hace casi dos siglos de que “todo lo francés, es mejor” todavía citan con orgullo frases y sinsentidos de esos buenos franceses idos tan a tiempo.
Pero también desde el borde científico se habla de una ciencia “humanista”, por querer decir la preocupación ética, de lo que los “humanistas” y políticos pueden hacer con los resultados de la investigación científica ( tirarle una bomba atómica a Japón, o estrellar aviones contra torres llenas de civiles, por ejemplo) o sobre los discursos políticos ambientalistas e ideas como el “calentamiento global” (hoy ya todo es “global”, aunque el 98% de la humanidad nace y muere en el mismo lugar) que sólo parece estar en agendas gubernamentales y modelos computacionales bajo supuestos imaginarios y a veces falseados, pero altamente emocionales.
Ningún ejemplo más notable en nuestro medio de estas dos culturas que el extravío entre genetistas e historiadores sobre el lugar de descanso de los restos de Cristóbal Colón; que los españoles quieren resolver utilizando la ciencia y los dominicanos aferrados a historias. ¡Es que para muchos el mundo, con todo y global, termina en el Malecón de Santo domingo!
Otro componente que tiende a cruzar la brecha entre ciencias y humanidades, y que parece tener más futuro que los antes mencionados es la búsqueda de la biología moderna por las raíces y aplicaciones de lo que pudiéramos llamar la esencia de las humanidades: el arte ( ya hay que leer The Art Instinct de D. Dutton, 2009), la política ( y ahí vamos desde El Gen Egoista de Dawkins, 1976, para explicar el altruismo, hasta el Cerebro Etico de M. Gazzaniga, 2005), la filosofía con los trabajos de neurofilosofía de Patricia Churchland y nuestro Mario Bunge ( Biofilosofía, 2000), hasta la Psicología Evolutiva, explicando y demostrando, a veces- no siempre-, no ya los cómo, sino los por qué de la conducta humana ( Buss, 2005) y finalmente la Teoría de la Evolución contemporánea, donde el método histórico se combina con los últimos descubrimientos y técnicas científicas para decirnos qué es lo que ha pasado y está pasando en realidad en este planeta, particularmente con los seres vivos.
La expresión “Dos Culturas” cumple ya 50 años. Nos seguimos debatiendo entre ellas. Pienso que en este siglo XXI se superará esa brecha, pero, vaya Ud. a saber, los humanos somos expertos en reproducir errores y justificarlos, per secula seculorum.

Friday, October 1, 2010

Dolly: del cordero de Dios a la oveja del hombre.(Listín Diario, 13 de abril de 1997)

La investigación científica que terminó con la clonación de una oveja a partir de otra adulta, además de solucionar problemas urgentes de la biología molecular en la manipulación de células somáticas o corporales de mamíferos adultos, ha abierto vías hacia nuevos conocimientos y nuevas preguntas en campos como la investigación básica, la clínica, la producción y finalmente la ética y el humanismo.

Es de todos sabido: en febrero pasado el mundo fue sorprendido por una hazaña increíble- la clonación de un mamífero a partir de otro animal adulto. Dolly, una hermosa ovejita de patas negras de siete meses de edad se convirtió en una estrella de la prensa mundial, y no era para menos. No que la idea fuese extraña a expertos; recordamos como Rafael Vicuña, uno de los más reputados biólogos moleculares latinoamericanos, ganador de una beca Guggenheim y luego vicerrector de investigaciones de la Universidad Católica de Chile, nos decía a un grupo, cuando vino al Intec a mediados de los 80, que todo el andamiaje teórico para clonar un animal superior estaba explicado. Nos reíamos de algunos clones posibles en nuestro país.

Empecemos por su inicio. A principios de los años 50 quedó establecido que las unidades responsables de la herencia en los seres vivos eran simples moléculas químicas. Esta molécula, la hoy famosa doble hélice, es el ADN. Cuando antes de identificarla correctamente se propuso, en experimentos que se iniciaron en el año 1928 y que terminaron en 1944, que era la molécula de la herencia, la novedad fue fríamente recibida, pues se suponía que debía de ser una proteína la molécula encargada de pasar las características de padres a hijos.

Una molécula muy simple, en verdad; con azúcar, fósforo y cuatro estructuras de nitrógeno, pero con la que en abril de 1953 los jóvenes Watson y Crick asombraron al mundo al publicar en un reporte de una sola página en la revista inglesa Nature que presentaba la estructura ideal para poder autoreplicarse y por ende pasar de una célula madre a una hija sin variar.

A principios de los 60 apareció el siguiente gran asombro científico al especificarse que un gen es una unidad, un pedazo de ADN, que tiene la información para hacer, o sintetizar como dicen los químicos, una proteína. Además aprendimos que el ADN es la misma estructura en todos los seres vivos, lo que habla en apoyo de la evolución de la vida en el planeta.

La palabra clon proviene del griego y significa retoño, con lo que se reconoce que si sembramos una estaca de una planta y ésta crece, la nueva planta obtenida es un clon de la anterior, y hoy día esto significa que sus ADN son idénticos. En la naturaleza obtenemos clones cuando nacen gemelos idénticos, pues su ADN no presenta variación ni diferencia.

En biotecnología primero se empezó intentando clonar genes. Esto es, aislar pedazos de ADN con función conocida o por estudiarse y tratar de reproducir o replicar esas moléculas. Esto se logró en 1975 cuando se introdujeron genes humanos en unas estructuras de bacterias llamadas plásmidos y luego, al reproducirse las bacterias reproducían los genes, o sea, el pedazo de ADN que interesaba. Otra forma es el introducir el ADN que interesa dentro de un virus y hacer que este virus entre a una célula humana o a una bacteria y ahí se reproduzca, en realidad se está reproduciendo el gen o pedazo de ADN de interés.

Pero el problema aparecía cuando se trataba de introducir un gen en una célula de un mamífero adulto para que allí realizara normalmente su función, que es, como ya dijimos, sintetizar una proteína. Se han desarrollado dos técnicas básicas, la electroincorporación, donde pulsos eléctricos cortos causan huecos temporales en las membranas celulares, y a través de inyecciones directas con agujas microscópicas.

Entonces aparecieron los científicos escoceses con su atrevido experimento. En Escocia las ovejas son la principal fuente de vida en amplias regiones. Por supuesto, en un instituto privado de investigación de ovejas la reproducción animal es un tópico de primer orden, tanto para conocimientos básicos como por su importancia aplicada.

Los científicos del Instituto Roslin tomaron de una célula somática, esto es, de una célula corporal, del área mamaria, todo su material genético, es decir su núcleo. Este núcleo lo colocaron entonces por electroincorporación en un óvulo al cual le habían extirpado su propio núcleo, utilizándolo sólo como vehículo, y este óvulo empezó a crecer y a formar células y fue depositado en el útero de otra oveja, para que siguiera su desarrollo de desarrollo normal, algo ya conocido con anterioridad y que es lo que llamamos madres sustitutas.

¿Y por qué en un óvulo? El óvulo es la célula de mayor tamaño que tiene un vertebrado, sólo tiene la mitad del número de cromosomas de la especie y no está en realidad formado, pues necesita del espermatozoide, miles de veces más pequeño para terminar de formar su propio material genético. Al sacar del óvulo su núcleo y sustituirlo por un núcleo ya completo, con el número total de genes necesarios, esta célula se activa, sus alimentos almacenados- de ahí su gran tamaño- sirven de sostén a las necesidades metabólicas del embrión en formación por las primeras horas y hasta días y luego se implanta en una placenta para que se desarrolle.

Así nació Dolly, con los mismos cromosomas de su madre, idéntica a ella en todas las proteínas y enzimas que formará y en su vida muchas preguntas serán respondidas.

El impacto en la sociedad ha sido grande, quizás demasiado. Las coyunturas de qué algo similar se realice en humanos son claras y se ha dicho que hay clones humanos en desarrollo. Las posibilidades de que una mujer que no pueda dar a la luz vida de otra manera pueda hacerlo clonando una hija de su propio cuerpo son bienvenidas por muchos científicos y muchas mujeres en dicha condición.

A mi entender se ha abierto una puerta más de libertad para los humanos, pues se ha sustituido un cordero misterioso y legendario por la oveja de la ciencia y el laboratorio, que choca ya con viejas ideologías, mitos y creencias acerca de la formación del ser humano. Claro, como toda nueva tecnología su uso debe discutirse y sus implicaciones éticas también. Se aclararán las discusiones de naturaleza vs. ambiente que por años han plagado la comprensión de la individualidad del humano como organismo y de sus referentes como especie.

Las demandas políticas de impedir la continuación de estos estudios tanto en animales como en humanos no son más que la defensa de un estatus quo ideológico que no se podrá mantener, porque potencian una grave amenaza, pues sólo si todos sabemos cómo van estas técnicas y es abierta la información y su uso, podrán controlarse marginalidades no deseadas. Prohibir sólo ha significado en toda la historia de la humanidad que unos cuantos van a saber y otros, los más, seremos usados para los resultados. No la prohibición, sino la apertura, podrá lograr de este nuevo descubrimiento lo mejor para toda la humanidad. Es que el verdadero problema no es que se haga, es que ya sabemos cómo hacerlo. Puede ser, por fin, el real inicio del final del cordero de Dios y el comienzo de la oveja del hombre.

Wednesday, September 29, 2010

Los mimes de la herencia

Según el diccionario de que dispongo- “Mime”: en Rep. Dominicana y Puerto Rico- mosquito pequeño y muy picador. Caerle a alguien “mimes”- tener mala suerte. Creo que el Larousse tiene una pequeña confusión: los “mayes”, no los “mimes”, son los que pican, por lo menos en nuestra República Dominicana. Bueno, pido excusas a mis lectores por escribir que hay un problema con el diccionario. Atreverse a contradecir un diccionario no es poca cosa. Un amigo me aclara que “mime” es palabra española y que “maye” es taína.

El punto es que hasta donde lo he usado toda mi vida, los mayes pican y pican duro, viven cercanos al agua y presentan una curiosa biología; los “mimes” son unos “amemados” (¿vendrá de “amimado”?), no hacen nada, solo son eso, mimes. Nos dicen, eso sí, cuando un guineo, una naranja, una lechosa, un mango o cualquier otra fruta está fermentando. Sobrevuelan frutas fermentadas, atraídos por el alcohol y luego por el vinagre que se produce: son las moscas del vinagre o moscas de las frutas.

En las cocinas y nuestras mesas los vemos como mosquitas que se espantan con una toallita y pocos saben que son los organismos sobre los cuales se construyó toda la nueva ciencia de la biología en el siglo XX, y aún aparecen como parte importantísima de la experimentación en
las ciencias de la vida en este siglo XXI.

No que antes del siglo XX no se notaran. Jean Deutsch (de la Universidad Pierre y Marie Curie de París) en sus escritos sobre ciencia y organismos interesantes (El gusano que usaba el caracol como taxi y otras historias naturales; Fondo de Cultura Económica, 2009) trae a nuestra atención que el gran Rèamur, en el quinto de sus seis tomos de historia de los insectos (1734-1742), comentó sobre esta pequeña mosca y ofrece una lectura que es un modelo de estilo y discusión de los problemas científicos de la época.

El nombre científico del mime es Drosophila melanogaster (amante del rocío de vientre oscuro), la famosa mosquita drosófila, algo inseparable de toda la genética moderna y esto sólo de inicio.

Es una pequeñísima mosquita de unos milímetros de tamaño, ojos rojos y con sólo cuatro cromosomas. Se conocen más de dos mil especies y solo en Hawái, ese archipiélago en el Pacífico que es un estado de la unión de Estados Unidos de América, viven unas mil especies distintas. ¡A la evolución siempre le ha gustado jugar en las islas! Solo dos especies, la D. melanogaster y la D. simulans son universales, eso sí, por el estudio de sus relojes génicos sabemos que se separaron como especies distintas hace 2.5 millones de años, más o menos tan viejas como el género Homo.

En el 1909 con T. H. Morgan y su “cuarto de moscas” en la Universidad de Columbia, en New York, se inició la aventura de estos mimes como objeto de investigación. Y muy curioso, en un moderno texto de Zoología General, de impresionante tamaño además, al presentar los beneficios de los insectos menciona muchos, ¡pero olvida su papel clave en la investigación científica! Bueno, parece que no sólo en los diccionarios se escapan los detalles.

La drosófila es fácil de obtener, simple de alimentar y cuidar, pequeña de tamaño y de un ciclo de vida - nacimiento/reproducción- de unas dos semanas, lo que la convirtió en ideal para estudios en la incipiente genética del siglo XX, al poder fácilmente obtener varias generaciones de individuos en corto tiempo. Del “cuarto de moscas” de Columbia salió la teoría cromosómica de la herencia, el mapeo de genes (en cromosomas gigantes que presentan las drosófilas en sus glándulas salivales), como producir mutantes con sustancias químicas y radiaciones y múltiples conocimientos y aplicaciones más.

De capital importancia fue la cultura científica que inició T. H. Morgan: todo el que quisiera recibía ejemplares de sus moscas, las técnicas de cría y los resultados e ideas que se debatían. Las drosófilas se extendieron a laboratorios de biólogos de todo el mundo (y hoy, por supuesto, sus datos y estudios están todos al alcance por internet).

Al año 2000, más de 70,000 artículos científicos y 30,000 resúmenes de ponencias se habían publicado sobre estos mimes de la herencia. En el 2007, el genoma (la totalidad de genes de una especie) de 12 especies de drosófilas fue publicado y la manipulación de genes y de sus productos y el elevado número de mutaciones en estas mosquitas que resultan en malformaciones y enfermedades que también presentamos los humanos la ha convertido en un organismo que llegó a los laboratorios de investigación para quedarse.

Recién en estos días leía un estudio de evolución experimental en drosófilas, donde se discute la masculinización del genoma (hecho también encontrado en ratones y humanos), lo que significa que una mayor parte del genoma opera en funciones masculinas que en femeninas y que los genes de machos evolucionan más rápido que los de las hembras. Bueno, una garantía evolutiva de que el sexo seguirá siendo la forma de reproducción de muchos organismos y que la nueva era de los genomas y de las drosófilas refuerzan aún más las ideas y teorías evolucionistas. Los mimes de la herencia son ahora también los mimes de la evolución.

Cuando veas los mimes sobrevolando las frutas en tu hogar, piensa, no sólo estás observando la evolución en movimiento, sino como supo la ciencia por qué te pareces a tu hermano, a tu mamá y con algo de suerte, a tu papá.

La abuela

Llega como siempre – es un negocio anual- el Día de las Madres. Y si bien es un gran negocio, en millones de personas es un día especial: visitas a sus madres vivas con un presente, un regalito , un cariño. También se visitan las madres idas y les llevan flores al cementerio. Es una actividad altamente emotiva en casi todas las personas (aunque también emotiva en los comerciantes, es otra clase de emoción, claro).

Las personas jóvenes y los adultos con suerte tienen además una celebración especial: acompañar a sus padres a visitar a las abuelas.

Y las abuelas, que ni siquiera, como tales, tienen un día especial han saltado a la actualidad de una manera muy atractiva.

El nro. 1 del volumen 33 de este año 2010 de la prestigiosa revista científica Behavioral and Brain Sciences ( Ciencias del Cerebro y la Conducta) viene monográfico dedicado a los abuelos y en especial a las abuelas. Desde hace unos años los científicos de diversas ramas del saber vienen prestando atención a este segmento poblacional, y cientos de artículos y revisiones lo atestiguan y por más de un motivo.

Quizás el detonante haya sido el aumento de personas en la llamada cuarta edad en los países desarrollados y el problema económico de mantener las prestaciones sociales y de jubilación a un número de personas en contínuo aumento y camino a convertirse en una mayoría relativa e importante.

En algún lado leí que para mantener un jubilado , hace unos años, existían 20 personas trabajando y pagando impuestos, pero que en un futuro no lejano, si continua el ritmo actual, sólo dos personas estarían trabajando por cada jubilado, haciendo así imposible la continuidad de las prestaciones sociales a esta capa de la población, con todo lo que ello implica.

Quizás esa realidad de países desarrollados y en segundo lugar, y a pasos lentos, de Latinoamérica- en Africa y muchos países asiáticos la jubilación es aún un sueño- ha llevado a muchos científicos a ver el problema de la vida de estas personas. Quizás también hay otras causas.

Resulta que los seres humanos somos los únicos animales cuyas hembras sobreviven la menopausia. Todos los demás animales mueren cuando pierden la capacidad de reproducirse. Y no es un asunto moderno o de los últimos años. El hecho de que ahora, según las estadísticas de población, presentamos un mayor promedio de años de vida (hasta 1940 la expectativa de vida era de alrededor de 40-50 años – en Africa y Haiti aún lo es- mientras hoy es de 70-80 en muchos países) es un reflejo, más que de mayor vida, de menos muertes al nacer y antes de los cinco años. Claro, el avance de la ciencia y de la medicina y las políticas públicas correspondientes son responsables de la situación; pero en siglos pasados, si una mujer llegaba a los 40 años de edad, era muy probable que viviese hasta los 70.
Y la pregunta es ¿por qué la hembra humana es la única que sobrevive la pérdida de su capacidad reproductiva? Estudios señalan que no ocurre así en chimpancés (nuestros primos más cercanos) y datos (muy discutidos) de la antropología muestran que tampoco en los Australopitecus- esos animales hoy fósiles, pero ya en camino de hominización. Es con el género Homo, con H.erectus, cuando se considera que apareció esta adaptación evolutiva.

La historia, con muchísima discusión en los detalles, es que una abuela ayudaba a la hija en la cría de los nietos y estos tenían así más posibilidades de sobrevivir, pasando los genes de larga vida de la abuela ( que son sus genes) a sus propios hijos.

Se han realizado cientos de investigaciones y observamos muchas controversias, tanto en los datos como en sus teorías explicativas. Algo curioso, en el número citado de Behavioral and Brain Sciences se muestran estudios- realizados en Alemania- en los cuales la abuela materna ( de los cuatro posibles abuelos) es la que más invierte tiempo y energías en sus nietos.

Curioso que el citado estudio no presentara los datos que señalan que precisamente es la abuela materna la que más genes comparte con los nietos, ya que además del ¼ de los genes nucleares (igual a los otros tres abuelos) ofrece la totalidad de los genes mitocondriales, que en mamíferos sólo se heredan por vía materna.

Es así que nuestra abuela materna es la más emparentada con nosotros, sus nietos, genéticamente hablando.

Desde que los biólogos evolucionistas introdujeron los conceptos de aptitud (fitness) y aptitud inclusiva ( inclusive fitness) – según el diccionario de ecología, taxonomía y evolución, 2da edición en español (2009) traducida de la 2da. Edición en inglés (1998) (editado por el Fondo de Cultura Económica de México, y obtenido gracias a la pasada Feria del Libro) “por lo general cuantificada como el número de promedio de progenie superviviente de genotipos en competencia”- su uso en explicaciones evolucionistas se ha convertido en un planteamiento de primer orden; y así, teóricamente nuestra abuela materna debería ser la que más se preocupe por nosotros- y así parece ser según los datos de los estudios recientes.

Pero, aún más, la psicología evolucionista ha agregado que en efecto, la abuela materna es la que más se preocupa por los nietos, aunque de tener una nieta de hija, al ser ésta la que efectivamente transmitirá todos sus genes a la descendencia (nucleares y mitocondriales) pasará, por mecanismos psicológicos adaptativos, a ser la preferida de la abuela.

El Día de las Madres debería verse como también el Día de la Abuela. La aparición de abuelos parece ser tan parte de que seamos humanos como nuestro pensar y nuestro lenguaje y probablemente anterior a estas siempre pensadas como características humanas básicas y únicas.

Aunque un cómico estadounidense expresó, notando que lo mejor para un bebé en ausencia de la madre era la abuela, que esa era la causa por la que todos los abuelos salían huyendo hacia la Florida. Causa pleistocénica pudiéramos agregar.

Que el Día de las Madres sea también el de la Abuela, esa personita dulce que sólo sabe de malcriarnos y de gozar nuestras imprudencias. Se lo merece. Es la que nos hizo humanos.

Una molécula, una sola molécula.

El sueño de lo simple ha perseguido a los humanos por milenios. El rasante, la famosa navaja del franciscano Guillermo de Ockham lo plasma en términos filosóficos: cuando tenemos que escoger entre varias soluciones posibles la más simple es por lo general la más indicada, el famoso principio de la parsimonia.

La vida simple, a despecho de los intelectuales, parece ser la más fructífera en términos humanos de emociones positivas, aunque evitemos confundir simpleza y felicidad con primitivismo y pobreza, que ya eso es otra historia.

Pero, a pesar de desearse lo simple, el mundo aparenta complicado. Nadie observa la Tierra girando alrededor del Sol, sino todo lo contrario y la búsqueda de lo real necesita cuidarse de las apariencias: estas siempre son simples y encubridoras. Así, los científicos investigadores aconsejan constantemente a sus alumnos: hay que ir con cuidado y confirmar y reconfirmar todo, no existe la “bala de plata” que cure todas las enfermedades. Me pregunto a veces si esta expresión procede del famoso Llanero Solitario o de la bala de plata para matar vampiros de las novelas de misterio.

Pero continuamente aparecen contraejemplos. La simpleza de que una sola molécula sea la responsable de complejas conductas y catastróficas enfermedades nos hace de nuevo pensar en lo simple y esperar seguir encontrando eventos únicos que nos expliquen y aclaren las enmarañadas verdades que buscamos conocer.

Estudiando un pequeño gusano, hoy ya famoso como animal de experimentación, el Caenorhabditis elegans, se encontraron dos variantes. Una se alimenta en solitario y la otra en grupos. La única diferencia entre las dos variedades es un aminoácido en una proteína receptora. Transferir el receptor de un gusano de alimentación social a uno solitario causa que este socialice con sus congéneres para comer.

Otra proteína, ahora en el mime de las frutas, la famosa Drosophila de los genetistas, llamada “estéril” gobierna la conducta de enamoramiento y se expresa distinto en moscas machos y hembras. Recientemente investigadores en Viena reportaron que cuando las hembras expresan la proteína del macho empiezan a intentar montar machos y a enamorarlos. Además, para que los mimes de las frutas desarrollen el circuito neural de enamoramiento y preferencia sexual, el gen responsable de la proteína “estéril” debe estar presente y activo en el desarrollo temprano del insecto, si se coloca cierto tiempo después, no surtirá ningún efecto.

La CREB, proteína encontrada por vez primera en el molusco Aplysia o liebre de mar es un componente molecular clave para el proceso de consolidación de los recuerdos, tanto en caracoles, moscas y ratas como en humanos.

En nuestro cromosoma 4 tenemos un gen responsable, si no funciona, del terrible Mal de Huntington, que se hereda de un sólo pariente. Primero aparece dolor, debilidad muscular y problemas sutiles de coordinación: fue llamado el Baile de San Vito, porque los enfermos peregrinaban a Ulm, en Alemania, a rezar e implorar a la Capilla de San Vitus. La enfermedad sigue su curso y los enfermos se vuelven paranoicos, responden violentamente a discusiones menores, tiranizan a quienes los rodean con grandes celos, son obsesivos, con dificultades de concentración y finalmente, llega la demencia.

En el gen de Huntington aparecen las bases CAG que significan unir el aminoácido glutamina a la proteína que forma. En genes saludables esta combinación-CAG- aparece unas 28 veces, pero si aparece entre 35-40 hay problemas. Mientras más se repite esta tríada, codón en el ARN, dicen los especialistas, más temprano y más severa aparece la terrible enfermedad. Y se me ocurre pensar, ¿no será que quien tenga 28 repeticiones del codón, aunque normal, sea una persona mucho más celosa, por ejemplo, que quien tenga sólo 26 repeticiones? Es sólo un pensar.

Y recientemente otra única molécula parece jugar un papel decisivo en la capacidad de una persona, o de un mono Rhesus, para superar una situación traumática. El gen de la serotonina, un neurotransmisor cerebral involucrado en múltiples conductas y presente en varios lugares neurales, existe en dos variantes: una versión corta y una larga. Como todo gen, tenemos dos versiones-la que heredamos de nuestro padre y la que viene por vía materna, alelos, le llaman los genetistas.

Es variable en las razas, un tercio de la población blanca tiene las dos copias largas y un 17% las dos cortas. El resto, entre los blancos, presenta las dos variantes juntas.

Si un niño sufrió abuso físico o sexual y presenta las dos versiones largas del gen, por lo general al llegar a adulto su vida transcurrirá sin el peso de ese trauma infantil, pero si por el contrario posee las dos versiones cortas tendrá una alta probabilidad de sufrir en su adultez los efectos del trauma y desarrollará depresión con su secuela de relaciones personales y de trabajo difíciles, mala salud y abuso de sustancias. Uno solo de los alelos corto y la probabilidad de que el trauma permanezca de por vida será moderada, pero existente.

Las investigaciones acerca de la influencia de las variaciones del gen de la serotonina sobre los efectos posteriores de distintos traumas infantiles se han replicado experimentalmente con éxito en monos Rhesus, monos con un 96% de su ADN idéntico al nuestro. Hoy día, firmas comerciales, bajo recomendación médica, realizan los análisis del gen en pacientes para buscar las terapias más apropiadas en casos de abuso infantil y de otros traumas mayores presentes también en adultos. Nuestra predisposición a olvidar traumas y abusos y seguir con nuestras vidas depende así de una sola molécula.

Los ejemplos de una particular molécula responsable de variaciones drásticas en conductas y temperamentos tanto en humanos como en otros animales, inducen a intentar nuevos esfuerzos por encontrar causas primeras simples a muchos de nuestros males e inclusive, a nuestra forma de ser y de ver la vida. Imagínense, encontrar la molécula que hace mentirosos a los políticos y oportunistas, egoístas y corruptos a funcionarios de distintas vertientes. Sería el paraíso si pudiéramos conocer el por qué y luego poder cambiarlo, curar eso, por lo menos aquí en los trópicos

Violencia y cerebro

A diferencia de otros primates estudiados, muy probablemente no existan grupos humanos exclusivamente violentos o pacíficos todo el tiempo y en todas las circunstancias, pero sí podemos encontrar individuos exclusivamente violentos o exclusivamente tímidos. Nos preocupan más los primeros, por el daño que pueden causar a otros y a ellos mismos. Por muchas razones, nos parece que la mayoría de los humanos son más bien pacíficos gran parte de sus vidas y han desarrollado estrategias adecuadas para resolver conflictos. De hecho, nuestras principales hormonas liberadas bajo estrés se corresponden con la de mamíferos sociales dados a la huida y no al ataque.

¿Entonces, por qué algunos individuos son tan violentos? La violencia nace en el cerebro y este termina de formarse al llegar a adultos, con una intensa fase de formación de conexiones en los primeros años de vida.

A mediados del siglo XX se realizó un estudio hoy clásico: Harry Harlow en la universidad de Winsconsin expuso monos recién nacidos a madres sustitutas de alambre o de alambre forrado con alfombras. Al llegar a adultos, los monos así criados presentaron conductas desviadas, eran retraídos y en especial altamente agresivos. Algunos, cuya madre sustituta se movía de lado a lado, “meciendo” a las crías, al llegar a adultos presentaban las conductas violentas más atenuadas. En ese tiempo no se asoció este hecho a nada especial; el movimiento desarrollaba el cerebelo y éste no jugaba ningún papel en conductas emotivas y no se investigó más el asunto. Hoy sabemos cosas nuevas.

El cerebelo, que inclusive es clave en ciertos tipos de aprendizaje, tiene muchas conexiones con núcleos del tallo cerebral responsables de las principales vías de serotonina, noradrenalina y dopamina, importantísimos neurotransmisores, estas vías llegan al sistema límbico cerebral y a la corteza premotora, que intervienen en muchas de nuestras conductas, incluyendo aquellas de escape/ataque frente a peligros y estresores ambientales.

Una investigación hoy ampliamente citada, el estudio Dunedin, de Nueva Zelandia, da seguimiento a 1000 niños nacidos en 1972-73 hasta hoy. El dato fundamental encontrado, en el aspecto del estudio de la agresividad, es que el maltrato a niños en la primera infancia los hace propensos a cometer crímenes y conducta antisocial cuando adultos. La neurociencia no se ha quedado atrás. El abuso a menores produce un estrés (una respuesta del organismo) que varía el desarrollo cerebral apropiado, y en menores de cinco años, el cambio resultante puede ser catastrófico.

El abuso físico y sexual en menores produce cambios notables en el electroencefalograma de entre un 70-77% de los niños. Además aparecen cambios de tamaño en el hipocampo y la amígdala límbica, núcleos correlacionados estrechamente con la agresividad. Ambas áreas límbicas varían sus conexiones con el lóbulo prefrontal, cuya estimulación experimental disminuye la agresividad en todos los mamíferos y es considerado responsable del auto control y auto-disciplina; área inhibida durante la etapa de ritmo MOR (considerada como la responsable de los sueños) mientras dormimos.

Por otro lado, los niños abusados procesan las emociones negativas sólo en el hemisferio derecho, mientras el resto de la población lo hace con los dos hemisferios y en niñas abusadas sexualmente disminuyen las conexiones del cuerpo calloso (principal vía de unión de los hemisferios cerebrales), fenómeno que también se observa en varoncitos si son desatendidos. Y agreguemos a todo esto que hoy sabemos que la agresión, así como la avaricia, activa los centros de placer o recompensa, los mismos que son activados por las drogas recreativas ilegales.

La genética agrega otro componente a este escenario: la actividad de un gen responsable de la síntesis de la enzima MAOA (monoaminoxidasa), la responsable del tiempo de actuación de los neurotransmisores serotonina, noradrenalina y dopamina antes citados. El gen tiene cinco variantes, de las cuales se han investigado a profundidad dos: la variante que produce bajos niveles de la enzima ( presente en el 30% de los varones) y la que produce los niveles más elevados, presente en algo más de un 60% de los varones humanos estudiados.

Un 35% de los niños maltratados del estudio Dunedin y con una MAOA elevada, realizaron conductas antisociales, pero la unión de maltrato con genes de baja producción de MAOA resulta en un 80% de individuos con conductas antisociales y más de un 30% de ellos fueron condenados judicialmente, responsables de actos muy violentos. En el 2005, otros estudios corroboraron estos datos. No estaba muy equivocado el famoso psiquiatra Hans J. Eynsek, cuando en los años 60 del pasado siglo proponía que la criminalidad era altamente heredada, un balde de hielo en una época que creía que todos los males eran sociales, y que por supuesto hizo que nadie le prestase atención.

Hoy se acepta que el maltrato infantil aumenta en un 50% la probabilidad de volverse criminal, pero no todos los niños maltratados lo son, su genética los defiende.
Se habla de varios factores que predisponen a la violencia en estos estudios: cuidado parental duro e inconsistente que no premia las acciones buenas, familias en conflicto, cambios repetidos de la principal persona que cuida al niño y un solo padre/madre. Por lo general los niños hablan tarde, tienen dificultades de aprendizaje, son hiperactivos, impulsivos y muestran ira. Una primera falta grave (o arresto en sociedades desarrolladas) entre los 7 y los 11 años es uno de los indicadores más seguros de una continua conducta ofensiva cuando adultos.

Pueden llegar estos niños abusados a presentar el desorden de personalidad limítrofe (Border-line): ven las cosas sólo en blanco y negro, colocan personas sobre un pedestal para luego de una pequeña falta posterior crucificarla. Presentan explosiones volcánicas de ira y episodios transitorios de paranoia o psicosis. En su vida llevan una historia de relaciones intensas e inestables, se sienten vacíos e inseguros de su personalidad, se convierten en hiperreligiosos temporales y pueden tener ideas suicidas.

El dato reciente de la extrema violencia contra niños en nuestra América, 9 niños muertos cada hora, principalmente por violencia doméstica, nos indica que en el futuro los sobrevivientes de dicha violencia serán la fuente a su vez de una mayor violencia social.

La exposición a un fuerte estresor temprano en la vida, acompañado de un genotipo particular genera efectos neurobiológicos y moleculares que alteran el desarrollo del individuo de una manera adaptativa, preparando su cerebro adulto para sobrevivir y reproducirse en un mundo peligroso. Que haya sido su estrecho nicho social el peligro, y no toda la sociedad, puede entonces producir un individuo mal adaptado, violento y peligroso o puede retardar profundamente su desarrollo, como el caso de los niños abandonados en los orfanatos de Rumanía, caso ya famoso, o en lo literario el caso de Yilal Gravoski, el niño de Simón y Elena, adoptado en Viet-Nam y que era mudo sin ser sordo, por el trauma de una guerra que nunca entendió, en la novela de Mario Vargas Llosa “Travesuras de la niña mala” (Alfaguara, 2006).

La expresión por mí escuchada en una entrevista de un alto funcionario gubernamental encargado de la represión legal de la violencia en nuestro país, expresando que si él fuese hijo de una familia paupérrima fuese un ladronzuelo, es no sólo patética, sino infundada, salvo que él sepa porqué lo dice. Tenemos más de la mitad de la población por debajo del índice de pobreza y no me parece que todos esos niños sean violentos y ladronzuelos, al contrario, están en las escuelas y llenan nuestras universidades.

Los llamados a cero tolerancia contra la violencia infantil y doméstica en general no son un grito en el vacío. Es la opción más acorde con lo que nos muestra hoy todo el avance científico de los últimos 50 años para constituir una política preventiva de la criminalidad y la violencia antisocial

freud en el inconsciente

Freud se graduó de médico en 1881 y abandonó una carrera de investigación en neurología por una práctica médica que le retribuyera mayor beneficio económico.


El texto Historia de la Psiquiatría, 1966, de los doctores Alexander y Selesnick, dos psicoanalistas norteamericanos, aunque nacido en Budapest y entrenado en Budapest y Berlín el primero, lo dice todo:

“La introducción prematura de diseños de investigación pedantes y pseudoexactos” para referirse al modelo experimental y materialista de la ciencia a inicios del siglo XX; y ¿por qué triunfó Freud?, agregan los citados autores, “porque realizó la aplicación de la causalidad psicológica (de una manera) operacional”.

Y así continúan defendiendo lo indefendible ya en 1966; justificando palabras con más palabras, con muchas más palabras, pero sólo con palabras.

Este pasado 6 de mayo se cumplieron 150 años del nacimiento de Freud; nacido en 1856 primogénito de ocho hermanos, en lo que era Freiberg en el imperio Austro-Húngaro y que hoy es Pribor en la República Checa.

A sus cuatro años la familia se traslada a Viena. Sigismund Schlomo Freud, Sigmund para su familia y el resto del mundo, se graduó de médico en 1881 y abandonó una carrera de investigación en neurología por una práctica médica que le retribuyera mayor beneficio económico.

Desde 1891 hasta 1938 que tuvo que escapar de los nazis (nacionalistas socialistas, no lo olvidemos) su casa, 19 de la Berggasse en Viena constituyó su centro de investigaciones, con su famoso diván para sus pacientes, centro de peregrinación obligada y de estadía para sus seguidores, como la conocida psicoanalista, escritora y amante de personalidades como Nietzche y Rilke, Lou Andreas-Salomé, y el hogar para su familia de seis niños.

Sigmund Freud publica en noviembre de1899 su libro La Interpretación de los Sueños, en el cual establece los principios de su teoría psicoanalítica. El hecho curioso de que en la página del título se muestre la fecha de 1900, enfatizando el cambio de siglo, algo debe decirnos de este personaje.

Freud escribió en el citado texto: “recordando que las representaciones, las ideas y los productos psíquicos en general no deben ser localizados en elementos orgánicos del sistema nervioso, sino, por decirlo así, entre ellos (itálicas de Freud). ¿Entre ellos?, ¿dónde?, ¿separando los elementos orgánicos?, ¿pasando de uno a otro?, ¿fuera de los elementos orgánicos?

¿Por qué las ideas de este hombre que fundó un “Comité Secreto” a inicios del siglo XX para mantener “una doctrina psicológica pura” (como si estuviese prohibido o algo así) influenciaron tanto que todavía en 1966 dos psiquiatras académicos como Alexander y Salesnik son tan ríspidos en su defensa como vimos en nuestro primer párrafo?

¿Por qué hoy, cuando las ideas de Freud se consideran, a lo sumo marginales, se siguen vendiendo sus libros y los estudiantes de psicología, medicina, literatura, cuando pueden, compran por impulso sus obras completas, aunque un 90% de sus profesores les insisten que Freud es más literatura que ciencia; tan pseudociencia como la astrología como insistentemente señala el filósofo de la ciencia Mario Bunge y aunque el psicoanálisis que dice que lo cura todo no haya curado nunca a nadie?

Bueno, fue el propio Freud, ni mas ni menos, ¿quién más?, quien dijo que Copérnico y Einstein nos sacaron del centro del universo, Darwin del centro de lo vivo y Freud del centro de lo consciente, al “demostrar”, palabra que en su léxico particular tenía muchas acepciones, el valor del inconsciente en nuestras vidas, llamando a esas tres instancias las tres grandes revoluciones de la humanidad.

Las ideas principales de Freud no fueron aceptadas por la medicina vienesa de su época, se dice que por su insistencia en lo sexual como fuerza o energía principal de nuestros procesos mentales. Por esas mismas ideas se le separaron algunos de sus discípulos; pero sus ideas no eran tan originales: En 1803 J. C. Reil presenta el primer tratado sistemático

de psicoterapia insistiendo en un enfoque psicológico para tratar las enfermedades mentales y J. C. Heinroth (1773-1843) ya hablaba de tres niveles para explicar lo psíquico, las fuerzas del instinto ( que Freud llamó el Id), un segundo nivel que Heinroth llamó Ego ( ich) ( nombre que adoptó Freud) y un tercer nivel, el de la consciencia ( que Freud rebautizó como Superego). Kart B. Carus (1789-1869) por su parte expuso que: “la comprensión de la esencia de los procesos mentales descansan en la región del inconsciente”; entonces, ¿qué fue lo nuevo y original en Freud?: “por actualmente descubrir un método operacional para penetrar” en el inconsciente: la interpretación de los sueños y la asociación libre de ideas, nos recuerdan Alexander y Selesnick, antes citados. Muchos otros simplemente dicen: ¡sueña Pilarín!

Hoy, a 150 años de su nacimiento, los modernos “neuropsicoanalistas” quieren decirnos que lo que dijo Freud está de acuerdo con los nuevos descubrimientos de las neurociencias. Escogen pasajes de lo expresado por Freud y lo comparan positivamente con interpretaciones de resultados recientes. Creemos, como muchos, que simplemente interpretan otro sueño más. Pero nos falta por conocer por qué Freud hoy todavía es tan conocido que su nombre es una palabra común en nuestra cultura contemporánea, por qué editoriales serias tienen una Biblioteca Freud y sus obras aún hoy son negocio, por qué los psicólogos y psiquiatras y sus estudiantes adoptan un aire tan “froidiano” cuando nos hablan de la mente, de nuestros instintos…y de Freud. Materia para un segundo artículo sobre Sigismund Schlomo.