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Saturday, March 30, 2019

LOS FANATICOS


J.R.Albaine Pons,  publicado en mayo del 2005, en el desaparecido CLAVE DIGITAL


Un fanático no es sólo un aguilucho que cada vez que pierden La Aguilas frente al Licey “jura y perjura” que los árbitros eran capitaleños y que estaban vendidos. El fanatismo tiene una larga data en la humanidad y con distintos adornos sus resultados siempre han sido similares. ¿Por qué hay fanáticos?, podemos hacer la pregunta más angustiosa aún, ¿por qué siempre han existido?

No se crea que el fanatismo deportivo es muy alejado del político o religioso. Los mayores “inchas” del equipo de fútbol de Servia, que incluso le acompañaban en sus giras internacionales por Europa se convirtieron en los SS de Milosevick en los recientes exterminios de poblaciones por cuestiones raciales y religiosas en los Balcanes.

Algo del fanatismo está en nuestros cerebros por evolución. Muchos opinan como Konrad Lorenz que la agresión es uno de nuestros más fuertes instintos y curiosamente Lorenz veía a los deportes como una vía de escape de la agresividad en nuestras sociedades modernas.

El desarrollo moral, aceptando el vivir con otros y los valores de otros se considera una función de los lóbulos frontales del cerebro humano, la última gran área en evolucionar en el cerebro homínido, donde se controla la impulsividad y se acepta la posposición de gratificaciones y del futuro. La activación de la corteza prefrontal ventromedial y la orbitofrontal media ocurre en sujetos varones que presentan un deseo irrefrenable de sancionar de alguna manera a otra persona. Y el fanatismo es la sanción por excelencia.

El fanático no sólo tiene visiones cerradas, extremas, celosas y perniciosas, además, y por mucho más, es intolerante. Los jacobinos tenían poca paciencia con las imperfecciones así como también los Khmer Rouge de la Kampuchea de barraca o Cambodia de hoy. Y esa intolerancia choca de frente con el mundo occidentalizado de nuestra actualidad definido en la teoría del riesgo social de Giddens, Beck y otros: “ya no vivimos nuestras vidas de acuerdo a la naturaleza o la tradición. No hay un código simbólico ni códigos de ficciones aceptadas para guiarnos en nuestra conducta social”; sólo existe, quizás, la aceptación y enseñanza del pluralismo, entendido como lo expresó Isaiah Berlín en su último ensayo aparecido postmortem en 1998 en el NY Review of Books: “He llegado a la conclusión que existen una pluralidad de ideales, así como hay de culturas y temperamentos”, aunque se cuidó de distanciarse del relativismo cultural de algunos.

Berlín señalaba a los nazis (nacional socialistas, no lo olvidemos) no como enfermos, o patológicamente desquiciados, como dicen muchos, sino personas malsanamente equivocadas y totalmente mal guiadas por hechos inciertos. Señala que con la suficiente

falsa educación y diseminación de la ilusión y el error, los humanos, sin dejar de ser humanos, pueden cometer los crímenes más horrendos.

Al recibir el Nobel de La Paz en 1998, David Trimble nos recordaba: “soy escéptico de discursos llenos de sonidos y furias, idealistas de intención, pero imposibles de implementar…quiero una sociedad decente y normal con las mismas debilidades de los humanos, pero con sus mismas grandezas”. Definió al fanático político como alguien más interesado en usted que en él mismo, que quiere perfeccionarlo a usted personalmente, políticamente, en lo religioso, lo racial y lo geográfico.

El fanatismo, que era común en la Europa de hace unos siglos como lo muestran sus guerras religiosas, hoy lo vemos en la religión musulmana y las luchas genocidas tribales y étnicas del centro de Africa y los Balcanes.

Se ha planteado que parte de la esencia de un fanático está en su inhabilidad de ver el mundo según principios abstractos, o sea, no pueden trascender la literalidad de “textos sagrados”, no necesariamente religiosos, como lo muestra el libro rojo de Mao y su “revolución cultural” que devastó a China y la atrasó por 100 años más.

Recientemente una noticia difundida por el semanario estadounidense Newsweek sobre burlas acerca del Corán frente a prisioneros musulmanes radicales en la base norteamericana de Guantánamo en Cuba, resultaron en manifestaciones turbulentas en Afganistán y Pakistán con muerte de ciudadanos. Todo el mundo criticó a Newsweek, hasta el gobierno americano lo hizo, por publicar esa historia. Pero nadie se preguntó por qué a pesar de todo lo que se dijo negativamente sobre el difunto y el nuevo Papa católico, los católicos no se lanzaron a protestar desordenadamente a las calles, como tampoco lo hicieron los millones de budistas del mundo cuando en el 2001 los Talibanes de Afganistán destruyeron templos y estatuas de Buda de 1,500 anos de antigüedad. Tal parece que estamos aceptando poco a poco que los musulmanes sean fanáticos de marcada transgresión social y los tratamos como a los dementes, con mucho cuidado para no alterarlos de ninguna manera.

La condena a muerte de escritores por los jefes religiosos musulmanes ha sido visto como algo exótico que llega del oriente medio, muy débilmente protestado, aunque esas personas hasta el día de hoy viven con precios por sus cabezas sólo por escribir.

En su libro reciente sobre las vidas y personalidades de los causantes directos de la masacre de las Torres Gemelas (aunque aquí en R.D. académicos de altas posiciones llegaron a decirme quedo al oído y de manera confidencial: ¡ya se sabe todo, fueron los norteamericanos ellos mismos los que volaron Las Torres!)  T. McDermott, reportero del L.A.Times,  los describe como personas de clase media, hijos protegidos, musulmanes seculares con familias que vestían a lo occidental y llevaban vidas tranquilas y sin ninguna militancia política ni religiosa notable. Y en pocos años estos jóvenes, viviendo en Europa y los Estados Unidos, sólo hablaban de religión, se politizaron y realizaron lo que hicieron, llevándose sus propias vidas de por medio. Se comportaron como los fanáticos de siempre, de todas las épocas, pero con moderna tecnología de devastación.

No que los fanáticos no existen en otras religiones y en diversos credos políticos, pero de alguna manera en el occidente actual se ha logrado, no del todo y no sin lucha intelectual y civilista, que sus fanatismos sólo lo lleven a sus vidas personales y su entorno inmediato, y no hacia la irrupción social.

Nuestros grandes partidos políticos, luego de por necesidad tener que abandonar ese fanatismo “blando” que es el caudillismo, están inmersos en congresos, cambios y búsquedas de nuevos fines y formas de pensar. No estaría de más que pensaran en cómo evitar el fanatismo entre los suyos. Parece que puede ser posible si se organiza el pensar y lo emocional por vías que eviten “ismos” desproporcionados, ideales irrealizables y fantasías futurísticas todas distantes del contexto de nuestro tiempo, nuestra geografía y nuestra historia.                          .

Con los fanáticos todavía nos queda mucho tiempo por convivir, aunque quizás y con suerte algo menos para comprenderlos como fenómeno individual y colectivo.


¿QUE ENSEŇAR?


J.R. Albaine Pons



En muchos países se han celebrado y se celebrarán diversas actividades en reconocimiento y celebración del “año milagroso” de Einstein.
Estamos en el año de Einstein. Hace 100 años, en 1905, el famoso físico publicó los trabajos que no sólo lo convirtieron en el científico más conocido de la historia, sino que cambió nuestra forma de ver la naturaleza, el espacio y el tiempo.

La revista virtual Spiked, de sede en Londres, con el respaldo económico de NESTA (Fondos Nacionales para Ciencia, Tecnología y las Artes, oficina gubernamental británica) realizó la Encuesta Centenario E= mc2. En ella se preguntó a 250 renombrados científicos, comunicadores de las ciencias y educadores- incluyendo 11 premios Nobel- ¿qué enseñarían ellos, y por qué, a la humanidad, si sólo pudiesen exponer una sola cosa o tópico? 

Con mayoría de los cuestionados ingleses, la representación abarca a científicos y educadores de muchos países desarrollados con diversas áreas de especialidad.

Ciento cincuenta y seis de los 250 entrevistados respondieron que enseñarían lo que es la ciencia y como se hace ciencia. Y la diferencia entre ciencia y otras alternativas de buscar la verdad, como las religiones y los estudios culturales. Veinte de este grupo de entrevistados fueron específicos al señalar que el método científico y sus formas de aplicación sería lo más importante si sólo pudiesen enseñar un tema.

Treinta y dos personas seleccionaron como más importante la teoría de la evolución. Esta fue la respuesta más señalada. Cuatro de los expositores enfatizaron el hecho que la teoría de la evolución por selección natural es suficiente para explicar la existencia y los atributos de los organismos vivos haciendo superficiales y vacías las alternativas propuestas hasta hoy.
Once respondientes señalaron las estadísticas y la teoría de riesgos como conocimiento básico para interactuar exitosamente con la vida y otros pocos proclamaron las matemáticas en general.

En las respuestas recibidas muchos enfatizaron el conocimiento de la vida de grandes científicos o de ideas y descubrimientos particulares. Ocho citaron al astrónomo Nicolás Copérnico y su obra; otros ocho al físico norteamericano Richard Feynman y su hipótesis sobre los átomos; seis escogieron al biólogo del siglo XIX y defensor del darwinismo Henry Huxley, dos a Einstein y dos al filósofo Kart Popper.

 Los descubrimientos específicos citados son muy variados, desde la tabla periódica de los elementos hasta el motor de combustión interna.
Interesante el punto sobre historia de la ciencia y de los científicos y sus descubrimientos. Digo interesante porque no es una asignatura común en nuestras escuelas y universidades donde cuando se enseñan no lo son por profesores especializados en esa disciplina. 

Interesante porque si leemos alguna vez una buena biografía de uno de los científicos del siglo XIX o XX, como Ramón y Cajal, Pavlov, Feynman, Einstein, Tinbergen, Darwin o Huxley, para citar algunas que abundan en el mercado, aprenderíamos mucho de la vida institucional en que se desenvolvieron esas personas, de cómo funcionan (o funcionaban) las universidades y las ciencias de sus países y de países donde trabajaron en sus interioridades y de los problemas y vicisitudes personales, políticas, sociales y culturales que tuvieron que vencer o soslayar para realizar las obras que hicieron y que hoy nos hacen recordarles con admiración y como ejemplos.

Quizás nos ayudaría mucho, a los profesores y a nuestros estudiantes en el desarrollo de nuestras universidades (tenemos unas flamantes 30 y pico, reconocidas a veces como enseñaderos tropicales); mostraría a los estudiantes y profesores que la vida y el trabajo intelectual no ha sido nunca un regalo gratis en ninguna época ni en ningún lugar.

Curioso que sólo cinco personas de las 250 escogieran temas de ecología y el ambiente, básicamente discutiendo los cambios climáticos por origen antropogénico. Parecería que los científicos han delegado ese tema a los políticos.

La información sobre todas y cada una de las respuestas puede conseguirse en http://www.spiked-online.com/sections/science/sciencesurvey/whatwefound.stm. Es importante por la visión directa que nos ofrece del mundo de la ciencia y de los científicos presentada por ellos mismos.

Cinco expresaron su disgusto por la encuesta y otro señalo que seleccionar un principio que enseñar era equivocado ya que “los principios no poseen importancia intrínseca. Derivan su significación de la relevancia que presentan para la vida de las personas”. Como vemos hay casi de todo y casi para todos los gustos.

Hace ya casi 15 años que se realizó dicha encuesta. Hoy, terminando el segundo decenio del siglo XXI, si hubiese algo único que enseñar en nuestro país, la República Dominicana, ¿qué escogería Usted?





Monday, March 25, 2019

LO POSIBLE, NO LO QUIMERICO


 publicado en Acento.com.do, marzo 25 del 2019.

Sin lugar a dudas somos el animal más extraño del planeta. Tenemos unos tres siglos tratando de comprendernos a nosotros mismos y ya algunas cosas se van logrando.

Nada mal, que para ser un simple primate doméstico de un pequeño planeta que gira alrededor de su discreta estrella ya entendemos parte del universo y algunas de sus leyes básicas.

Hace unos 500 años que los habitantes de nuestra América tenían al sol y a la luna como dioses, como todos sabemos; en otras latitudes esto ocurrió hace unos cinco mil años, y que bien nos ha ido que fue precisamente de este continente de donde salieron los primeros humanos a caminar sobre esa luna de tantos amores, tantos poetas y tantos sacrificios humanos a su nombre.

Y nosotros, estos primates domesticados casi por nuestro ambiente ancestral, y claro, por poseer unos genes que nos dirigen hacia la sociabilidad y a la vida en grupos- que en los inicios fueron pequeños, pero que hoy son inmensos- aun luchamos por salir de la oscuridad y la necesidad y tener luz para reconocernos y vernos tal como lo que somos.

Esa luz, ese cirio en la oscuridad, como fue llamada por Carl Sagan, ha sido la ciencia. El accionar de miles de varones y hembras buscando comprender y mejor conocer dónde estamos, y más importante aún, quiénes y cómo somos. 
Ya tenemos algunas respuestas. Aunque la resistencia cultural, las ideologías que nos inventamos, el arte de imaginar filosofías, lo que Fernando Ferran llama arte especulativo, en su texto “Los Herederos. ADN cultural dominicano”, las propias instituciones y sociedades que formamos en la oscura noche del desconocimiento, aún arrastran e imponen sus ideas y sus pasiones ( bueno una idea y una pasión son esencialmente el mismo proceso, pero como dice un notable comentarista popular de nuestro medio, ese no es el tema hoy) y no a todos llegan los conocimientos - aunque si llegan sus muchas utilidades - de este siglo XXI, más siglo de las luces que todos los anteriores; y seguimos mucha, mucha gente dedicando trabajo y esfuerzos para ayudar a ensanchar esa franja de la humanidad que ya comprende mucho de lo que somos.

¿Y qué es lo que somos?

Somos organismos con un complejo sistema de información organizado por nuestros genes, pequeñas moléculas orgánicas computacionales, que solo “saben” autoreproducirse para seguir existiendo y pasar de generación en generación, en este planeta donde se conformaron quizás por primera vez en todo el cosmos- aunque algunos pensamos que también pudieron o podrán formarse en otros lugares, en otros planetas, en lejanos o cercanos sistemas solares-.

En una ocasión una profesora amiga, de la UASD por supuesto, me expresó: “me gusta como escribes y lo que escribes, pero es que todo lo reduces a la biología”. En ese momento Yo le contesté: “ese es mi rol, eso fue lo que estudie y lo que estudio”.

 Entendí después que el gran título de “reduccionista” era de uso común en ideologías fantasiosas cuyos seguidores piensan que si algo es imaginado es porque ya existe o porque potencialmente puede existir, además, claro, también creen que con inventar un término para lo que sea, ya lo han comprendido, calificado y muchas veces vilipendiado. Ese gigante de la filosofía de la mente del siglo XX, recientemente fallecido en el 2017, Jerry Fodor, llamaba “tiitas”, a esos proponentes de teorizaciones equivocadas, pero siempre muy a la moda, en contraposición a sus “abuelitas” portadoras de sentido común.

No se puede lograr un cambio de la noche a la mañana luchando contra la inercia cultural de sociedades que insisten en no saber ni dónde están y, por supuesto, ni idea de adonde pueden querer ir.

Es como los autoproclamados “progresistas”. Cualquiera cree que son personas buscadoras y preocupadas por algún progreso y no lo que son, fervorosos neo-creyentes de la falsa idea de que hay una secuencia causal en las formas societales que se iniciaron con un comunismo primitivo y todo terminará en un comunismo libertario e ilustrado. Y como diría un buen amigo pentecostal, entonces se cerrará el circulo, y vendrá el Armagedón. En su búsqueda de “leyes históricas” ni unos ni otros observan lo que ocurre y ha ocurrido. Ni ven las histerias de los proponentes ni los fantasmas de los sacrificados.

Y repitiendo el inicio de un artículo de Fodor acerca de una crítica a un trabajo suyo: “¿Quiere Ud. saber cuándo decir que se ha puesto viejo? Es cuando una teoría cíclica de la Historia                           comienza a parecerle posible”. Si, Fodor era entretenido y además “brillante, enloquecedor, influyente e irremplazable” como twiteo Steven Pinker a raíz de su deceso.

Pero no importa. Nosotros, los monos domésticos pensantes y autoconscientes nos hemos dado esos lujos y seguimos produciendo utopías, aunque por poco que no les guste a no pocos, ese cerebro responsable de tantas ideas, fue organizado genéticamente en un proceso evolutivo por selección natural, de donde nos surgió lo social, lo cultural, lo ideológico, lo disparatoso, lo quimérico y lo más importante quizás, lo posible, para seguir sobreviviendo en nuestro planeta como una especie en múltiples razas.

Sunday, March 17, 2019

CEREBROS HUMANOS, RAZAS HUMANAS


J.R. Albaine Pons, publicado en Acento.com.do, 18 de marzo del 2019
Una muestra de que los humanos seguimos evolucionando resulta del estudio de dos poblaciones que viven en elevadas altitudes del planeta. Los tibetanos, del Himalaya, muestran una sangre con mayor capacidad de transportar oxígeno que los demás humanos y los indios Aymara de los Andes, en Bolivia, muestran un corazón más fuerte. Dos soluciones biológicas distintas a un mismo problema ecológico, aire más fino y con menor concentración de oxígeno.

¿Qué no serían las variaciones de genes activos en nuestro cerebro, que aún hoy día nadie se atreve a investigar?
Desde que las Naciones Unidas, un ente político, impulsada y avergonzada por las declaraciones y acciones de Primo Levi, escritor italiano, de etnia judía, y uno de los 20 sobrevivientes del campo de concentración alemán de Auschwitz, liberado por el ejército Rojo soviético, y por ende superviviente del Holocausto realizado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial del pasado siglo, oficializó que las razas humanas no existían, que eran un constructo cultural, ahí no había ciencia, ni genética, solo política y si se quiere, mucho humanismo y mucha vergüenza ajena, las razas humanas se volvieron tabú para la ciencia.

En zoología, raza es un grupo de individuos con parecidas características físicas y conductuales, o sea poblaciones genéticamente distintas dentro de una misma especie, aunque común en el habla, no está, por supuesto, en el código formal de nomenclatura oficial, y solo se usa en animales domésticos.        
Pero, ¿el ser humano? El único mono doméstico, y que a diferencia de los demás animales y vegetales domésticos, prolíficos en razas ¿no presenta razas? Lo dudo mucho.

El futuro dirá. Ninguna ideología ha detenido por mucho tiempo el avance de las ciencias y el Lisenkoismo de las Naciones Unidas con respecto al Homo sapiens (se escribe así, con H mayúscula y s minúscula), no será la excepción.
Ojo, razas humanas no significa una mejor que otra, sino cada una mejor adaptada al ambiente en que apareció y le tocó y le sigue tocando vivir.
Por supuesto, a los psicólogos evolucionistas y neurocientíficos evolucionistas los atacan por muchos lados, tanto de mala fe, como de buena fe. De buena fe lo hace el filósofo latinoamericano Dr. Mario Bunge, cuando declara a la primera una pseudociencia, porque sus análisis se basan en que el ser humano moderno que junto con el habla se adaptó a una vida de sabana hace cien mil años y así funciona su cerebro, no ha seguido evolucionando. Esto último no lo dicen los psicólogos evolucionistas, lo dice Bunge.
La psicología evolucionista parte de la premisa de que gran parte de nuestro cerebro evolucionó hace cien mil años en la sabana africana y desarrollo ahí el lenguaje y el habla y si bien tiene que haber cambiado y evolucionado en todo ese tiempo, sus procesos básicos son los mismos que entonces. No parece una mala idea ni tampoco una falsa premisa, como lo muestran muchos resultados de sus investigaciones y muchos datos de la paleogenética moderna.                                        
 Un reciente estudio publicado en “Current Anthropology” sobre 60 culturas, analizando más de 600 fuentes bibliográficas, sobre conductas dependientes básicamente de las zonas más antiguas de nuestros cerebros identificó 7 reglas morales que parecen cumplirse universalmente: ayudar a la familia, ayudar al grupo, devolver favores, ser valientes, respeto a superiores, dividir justamente recursos y respetar propiedades ajenas. Un buen apoyo a la psicología evolutiva, pero que también nos dice que las adaptaciones a nuevas ecologías debieron ocurrir en funciones de las consideradas ejecutadas por las áreas más nuevas de nuestro cerebro, evolutivamente hablando.

Claro que todo el que conoce los procesos evolutivos afirma que estos son constantes en todos los seres vivos y la adaptación a la vida en elevados territorios así lo demuestra en humanos, como antes se sabía de muchos otros organismos.
 Llegará el día que veremos los genes característicos de los individuos de una raza humana, que si bien casi en todos los humanos aparecen trazas de genes de otras razas (habrá que ver en mongoles, esquimales e indígenas brasileños si lo presentan, tras vivir aislados desde hace milenios) es casi seguro que aparecerán las variaciones que hacen a unos distintos de otros para ciertas cosas, ¡y quizás no!, pero hasta que no se realicen esos estudios, no sabremos.
  • Ya las investigaciones biomédicas se involucran poco a poco y cada vez más en esta ruta. Se estudió el fenómeno de por qué un 70% de los fumadores de raza negra jóvenes preferían fumar cigarrillos mentolados, algo que solo hace alrededor del 10% de la población estadounidense. Se encontró una variante de un gen, productor de una proteína que en presencia del mentol permite mayor fluidez en las mucosidades pulmonares, variante no encontrada en ninguno de los controles de raza blanca.
Se reportan medicamentos que actúan distintamente o con distinta potencia en varones   y hembras, así como entre asiáticos, negros y blancos estadounidenses. Además, ciertas enfermedades son más abundantes entre personas de ciertas razas y la intolerancia a la lactosa, por ejemplo, ha sido ya un fenómeno ampliamente estudiado.
Los problemas de las ciencias son como los de las democracias, los últimos se resuelven con mas
democracia y los primeros, con más ciencia. El tiempo dirá.
Aunque me parece que no estudiar científicamente algo, por acuerdos políticos, nos lleve a parte
alguna, como de hecho ha sido el caso de las razas humanas.


Tuesday, February 19, 2019

EL EXPERIMENTO DE J.B. WATSON CON ALBERTICO: ¿UN FRAUDE CIENTIFICO EN LA PSICOLOGIA?


J.R. Albaine Pons y Domingo Carrasco, publicado en Acento.com.do, febrero 18, 2019

En “The Chronicle Of Higher Education”, del 2 de junio de 2014, aparece un trabajo de Tom Bartlett que inicia de la manera siguiente: “En 2009, el misterio de décadas de antigüedad de 'Albertico' fue finalmente resuelto. ¿O acaso lo fue?, La búsqueda del Niño Perdido de la Psicología.” Se refiere al experimento que supuestamente realizara John B. Watson en un hospital de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos de Norteamérica y que lanzó el conductismo como la psicología de los Estados Unidos.

El “experimento” que Watson realizó con el bebé, quien es conocido en la literatura científica como Albertico (Little Albert), para probar que la fobia era adquirida mediante un condicionamiento clásico, fue mandado a filmar por Watson. En el film se puede ver como se le presentan a Albertico presuntos estímulos amenazantes, como son, un trozo de periódico ardiendo, luego un mono controlado por Watson mediante una correa atada a un collar. Inmediatamente continua frente al niño el desfile de lo que decimos son supuestos “estímulos amenazantes,” como un perro, una rata, y hasta un conejo.

¿Por qué filmar el experimento? ¿Qué fin propagandístico tenía el experimento? O peor aún, ¿sabía Watson cual iba a ser el resultado de esta experiencia? estas sospechas son adelantadas por propio Bartlett. Este dice que estas palabras aparecen en la pantalla: “El miedo a un animal puede ser experimentalmente establecido mediante la estimulación del bebé con un sonido fuerte justo en el momento en que el animal le es presentado”. Da la impresión, por estas palabras, que el experimento fue filmado cuando se ejecutaba, y que, los experimentadores, suponían lo que iba a suceder, que no era otra  cosa que lo que tenían tramado: un show, un espectáculo, un fraude, de lo que luego resultaría ser la piedra fundacional del conductismo norteamericano.

La primera escena del desfile de los supuestos estímulos amenazantes no impresionó a Albertico. Todos eran estímulos “neutros”, que es el término con el que se designan en la jerga conductista a aquellos estímulos que no están asociados a las conductas que ellos anteceden. Entonces sucede la magia. Watson golpea con un martillo una barra de hierro y Albertico dizque se sobresalta, decimos dizque porque no se ve en el video, lo cual resultaría natural en caso de que realmente sucediera, y Pavlov ya había descrito el “reflejo de sobresalto”, conocido en España como "reflejo del moro". Supuestamente esta experiencia se repitió varias veces, como dicen los textos, no sabemos cómo él sabía que tenía que repetirla varias veces, si hoy en día conocemos que cuando se trata de una experiencia negativa, como son las dolorosas o más bien traumáticas, basta una sola experiencia para  que genere Trastorno de Estrés Post Traumático, como en los casos, por ejemplo, de una violación sexual, un accidente de tránsito aparatoso, un acto terrorista o ser testigo presencial de un asesinato macabro. En el caso de las experiencias de condicionamiento realizadas por el propio Iván Pavlov, para activar la salivación ante el sonido de un zumbador, sonido este que no produce dolor, se necesitan muchísimos ensayos para lograr el condicionamiento.

No entendemos cómo una cosa que le ha costado tanto tiempo conocer a los psicólogos evolucionistas Watson ya la “sabía” casi un siglo antes.

Según lo que cuenta Bartlett, Watson uso a dos niños. Si, fueron dos niños diferentes. Un niño con trastornos del desarrollo y otro niño aparentemente sano. En  el video (Ver video https://www.youtube.com/watch?v=IteGZg2fWuY ) se ve que  estos estímulos neutros son presentados al niño de manera brusca, tanto así que asustaría, o mejor dicho, molestaría, no a un niño, a cualquiera. A pesar de todo, el bebé, de forma serena mira cada estímulo que le presentan con escaso interés: no hay lágrimas, ni berrinches. En cierto momento Rosalie, su ayudante, sujeta a este bebe por la espalda como para que no se cayera.

En la siguiente escena, cuenta Bartlett, lo que se puede ver en el video, que luego de la supuesta ocurrencia del ruido en presencia de la rata, el bebé, no el primero, sino otro, llora e intenta alejarse a rastras. El conejo y el mono también vuelven, junto con un perro diferente. El bebé llora cada vez que aparecen estos estímulos. Lo que sucedió, según se relata en numerosos artículos y libros, es que, por la asociación creada entre el ruido y esos animales peludos, el bebé se había condicionado a tenerle miedo a estos estímulos: al bebe se le había inculcado una fobia.

Bartlett se pregunta dramáticamente si Watson no habría generado en Albertico un terror a esos animales para toda la vida.

Un detalle sospechoso señalado por Bartlett: Watson habría proporcionado detalles biográficos relativamente escasos en las notas del experimento, y, se sabe, que había quemado sus papeles antes de su muerte. Esto dificultó durante mucho tiempo el esclarecimiento de la verdad que hoy empezamos a conocer.

Bartlett nos indica que “La verdadera identidad de ese bebé ha intrigado siempre a los estudiantes de psicología. ¿Quién era él? ¿Qué le pasó?” le preguntaban al propio Watson, quien respondía diciendo que nunca más supo de él, ni de su madre.

Ahora podemos ver alguna luz, gracias a Hall Beck, profesor de psicología en la Appalachian State University, de Carolina del Norte, quien publicó un artículo en el 2009 que arroja nuevas luces sobre el caso, aunque fue muy discutido. Beck y sus colegas investigadores habían rastreado muchas pistas sospechosas durante una década antes de llegar finalmente a una conclusión. Conclusión esta que ha cambiado la visión original de la “historia” de Albertico, según los libros de texto, que tantas veces repetimos e hicimos aprender a nuestros estudiantes de psicología.

Lo que encontraron echó una sombra aún más oscura sobre el éticamente dudoso experimento de Watson. Nadie sería capaz de mirar la película, o pensar sobre Little Albert, de la misma manera como la relatan los libros. (Aunque no hoy en día en Wikipedia).

Seamos directos, para no alargar la historia, y resumamos lo que nos dice Bartlett. Watson uso dos niños. Si, eran dos Albertico, y en el video de YouTube se ve claro: dos niños muy diferentes. Uno que pudiéramos decir, era de apariencia normal y, el otro, que era hidrocefálico y que padecía, además, de retardo mental. A este último es a quien primeramente presentan los estímulos en el experimento. Watson supuestamente golpea un tubo con un martillo que produciría, porque no se ve en el video, un ruido escandaloso que disparará el ya referido reflejo de sobresalto. Esto supuestamente hace que él bebe asocie la presencia de los estímulos inofensivos al susto que supuestamente ha sufrido, lo que le generaría como consecuencia una fobia, con lo cual quedaría completado el condicionamiento a la fobia en Albertico.

Entonces aparece en el video un Albertico (un niño diferente al primero) asustado, temeroso, que trata de escapar a los estímulos ya antes presentados  y a los cuales él (el primer niño) no temía.

Cuenta la Historia de la Psicología como creado el terror, Watson aplica, podemos decir, mágicamente, el remedio por primera vez de lo que se conoce como contra condicionamiento, técnica desarrollada años después del experimento, aunque ya conocida de Pavlov y base del fenómeno de la extinción en sus estudios. En casos de temores del tipo que acabamos de mencionar, al niño se le abraza y acaricia mientras es alimentado en presencia de los estímulos que disparan las reacciones de miedo (esta parte no aparece en el video, ¿si no se filmó, sucedió?), con lo cual las reacciones negativas irían desapareciendo paulatinamente, luego de lo cual Albertico volvería a reaccionar ante dichos estímulos como lo hiciera la primera vez, sin mostrar ningún temor.

Las investigaciones citadas por Bartlett dan cuenta de que aparecieron los dos Albertico. Si, dos, pero ya muertos.  Uno fue Douglas Merritte, el que padecía retardo mental e hidrocefalia, quien muriera a los seis años de edad. Bartlett muestra la foto de la tumba del niño, localizada por Beck y Fridlund, hallazgo reportado en 2012 como parte de su investigación sobre el caso de Albertico. El propio Beck nos dice que su investigación le tomo más años de los que el niño vivió, quien muriera en 1925. El otro fue William Albert B., de quien Bartlett muestra una fotografía aportada por una sobrina residente en Canadá, ya un señor adulto mayor, antes de fallecer a los ochenta y siete años de edad. De este último la sobrina cuenta que cuando él la visitaba, lo que hacía con cierta frecuencia, antes de entrar a la casa, ella debía encerrar en una habitación a unos perritos chihuahua que tenía, debido a que el tío Albert temía a los  perros sin importar su tamaño. Entonces, ¿Cuál fue la fobia que Watson eliminó a Albertico mediante el “contra condicionamiento”?.

De las investigaciones que se han hecho “en busca del niño perdido de la psicología” se sabe que, la madre de Albertico, horrorizada por las torturas a las que Watson habría sometido al niño, abandonó su empleo en el hospital donde éste hacia sus pruebas con los dos niños, sin que jamás se supiera de ella y de su Albertico.

Recordemos que Watson se vio envuelto en un escándalo mayúsculo al divorciarse de su esposa en esos momentos y casarse con Rosalie Rayner, la estudiante graduada que le asistió en el experimento, algo considerado muy reprochable para la época. A consecuencia del escándalo fue expulsado de John Hopkins University y de todo lo que tuviese que ver con la Psicología. Además le fueron retirados todos los títulos y honores recibidos. Sus hijos fueron criados en las estrictas medidas por él defendidas y resulto que todos intentaron suicidarse cuando adultos y uno lo logró. Curiosamente en los años 50s, todas las sanciones impuestas a Watson a raíz de dicho escándalo le fueron retiradas, y le restablecieron sus puestos, membresías y honores perdidos, según señala Bartlett; aunque ya el propio Watson no estaba interesado en la academia.

A nosotros no nos queda otra cosa que preguntarnos ¿Qué razón tan poderosa tuvieron en Estados Unidos de Norte América para perdonarle a Watson sus “ofensas” a la moral victoriana y premiarlo con su rehabilitación? Parece que al fin y al cabo lo que Watson hizo produjo algún beneficio: darle visos de legitimidad al conductismo operante que ya a mitad de los años 50s era seriamente cuestionado y, nos parece a nosotros, se necesitaba como contraparte de los descubrimientos de Pavlov en el ámbito de la Guerra Fría de la época. Independientemente de que eso fuera así, J.B. Watson fue una de las personalidades mas controversiales de la psicología estadounidense del siglo XX.

Monday, February 11, 2019

DARWIN, SIEMPRE DARWIN


J.R. Albaine Pons, publicado en Acento.com.do, el 11 de febrero del 2019.


Los 12 de febrero se celebra mundiálmente el día de Charles Darwin, en honor a su cumpleaños.

Ya lo sabemos, fue el sabio y naturalista inglés que propuso la teoría de la evolución, por medio de la selección natural.

Su idea, que desarrolló durante 26 años antes de ser publicada en 1859, y que vendió la tirada de 1,500 ejemplares en un solo día, ha devenido en el real inicio de las Ciencias Biológicas, al ofrecer una base teórica para la comprensión de todo lo vivo en nuestro planeta. Todo lo que hoy vive tiene ancestros, y muchos de estos ancestros son comunes, como tenemos los humanos y los chimpancés, todos los primates, todos los mamíferos, todos los animales y también las plantas, los hongos y las bacterias.

El impacto de los trabajos de Darwin no solo dieron una base teórica a la biología, sino que sus ideas de que los humanos somos un animal mas en el planeta, impactó la sociedad de su época y hasta nuestros dias produce controversias. Y yo he pensado que somos un simple mono doméstico, (claro, también sabemos que hay humanos mas animales que otros).

La idea del psicólogo evolucionista Steven Pinker, en su ultimo libro En Defensa de la Ilustración (2018), ya en castellano, sobre la vida me parece importante e impresionante a la vez:

La vida tiene tres factores fundamentales – la segunda ley de la termodinámica, que dice que todo sistema cerrado  aumenta su entropía, que equivale a decir que tiende al caos, la evolución por selección natural y la información, que nos permite a los seres vivos evitar en lo possible el aumento del caos o la entropía por un cierto tiempo. La vida pues, lo vivo, sale de lo físico, pasa por lo químico, evoluciona en lo biológico y se mantiene por procesos de información, que a veces confundimos con “cosas”, cuando no son mas que procesos, o sea los reificamos, como la digestion, la memoria y la consciencia, por decir tres ejemplos.

Aunque en vida de Darwin toda la ciencia y gran parte de la sociedad letrada aceptó la evolución, la causa principal de la misma, la selección natural, no fue aceptada por todos. Hubo que esperar a los años 30’s del pasado siglo XX por el desarrollo de la genética de poblaciónes para su aceptación casi universal en el mundo de la ciencia.

Y digo casi porque aún hoy en el 2019 salen libros a la luz con teorías, como una reciente de cambios moleculares y termodinámica, que intentan demostrar lo errónea de la evolución darwiniana. Estos intentos, en lo que llamamos mundo occidental desarrollado, se dan con frecuencia y terminan en el olvido. Y señalo esto porque, por ejemplo, en el mundo musulmán la evolución es blasfemia y por lo tanto prohibida y es muy raro que se piense, se investigue y se escriba sobre ideas prohibidas.

El Imperio Británico reconoció a Darwin. Fue una de las cinco personas no miembros de la realeza, que tuvieron un funeral de estado en todo el siglo XIX. El único científico en ese siglo. Los otros cuatro fueron el Almirante Lord Nelson, que murió en la batalla de Trafalgar y los otros tres fueron Primer Ministro o jefes de gobierno del Imperio. Darwin fue enterrado junto a Newton, así fue el único científico en los cien años que la ciencia británica iluminó al mundo con sus descubrimientos, que recibió esa distinción.

“Nada tiene sentido en biología, si no es a la luz de la evolución”. Como expresara el gran evolucionista del siglo XX Theodosius Dobzhansky, ucraniano, graduado en la Universidad de Kiev, experto en genética de poblaciónes, que fue de los pocos que pudieron escapar de Joseph Stalin y su Lisenko, antidarwinistas por decreto, “uno de los fundadores de la segunda oleada de la síntesis evolutiva moderna” como lo consideró el también evolucionista y gran divulgador de la evolución , ido a destiempo, Stephen Jay Gould en su magnum opus “The Structure of Evolutionary Theory” ( 2002), y no solo de la biología, como lo muestran los textos de Dobzhansky que amplían y aplican a otros campos del saber la teoría evolucionista, como sus textos “ La Base Biológica de la Libertad Humana” ( 1954) y “Human Culture and Evolution”  (1983).

Y como tantas veces se ha escrito, solo han muerto los que nunca son recordados. Feliz cumpleaños, Charles Darwin, todo el mundo lo celebra jubiloso, aunque algunos aún lo tienen que hacer en silencio.


Monday, October 1, 2018

IDEAS, LECTURAS Y RECUERDOS


Publicado en Acento.com.do, 1ro de octubre del 2018
A veces uno tiene ideas que quisiera escribir, no encuentra como darles una forma apropiada y las deja en el traspatio de la mente para otra ocasión.

Y por lo general, cuando uno es un lector apasionado y lee literatura y textos de su área de experticia se encuentra con escritos que le activan aquellas antiguas ideas ya guardadas en la memoria.

Ocasionalmente hay regalos en la vida: aparece un autor que no solo le recuerda a uno viejas ideas, sino que las presenta de una forma que causa asombro, y por qué no, inmensa alegría. Y hasta deseos de dejar el libro a un lado y ponerse de pie y aplaudirlo por un minuto, aunque uno se encuentre en su soledad de lector.

Algo así disfruté, y varias veces, cuando leí a Sapiens, el texto de Yubal Noah Harari, una Historia de la Humanidad, escrita por este joven historiador egresado de Oxford, y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, para sus estudiantes de la universidad. Se publicó en hebreo en el 2010, en inglés en el 2014 y de ahí a múltiples lenguas, incluida la nuestra no hace mucho.

Hasta me puso a pensar en mis antiguos profesores de la UASD, Fidel Jeldes Aravena, chileno, zoólogo genial, experimentado y profundo; nuestro Rogelio Lamarche Soto, erudito de conocimientos inacabables y Carlos López Domínguez, español, un gran fisiólogo de aquella época, que estaría feliz de vivir, conocer y practicar la fisiología tan instrumental de hoy en día, de ellos soy su alumno agradecido.

Un júbilo y sorpresa de éste tipo he encontrado en estos días en el último libro del psicólogo de Harvard Steven Pinker, Ilustración Ahora (Enlightenment Now – The Case for Reason, Science,Humanism and Progress. Viking, Penguin Random House, 2018).

Claro, Pinker no necesita presentación. Es uno de los dos mejores psicólogos del mundo en la actualidad. En la página 9 del primer capítulo que llama ¡Atrévete a Comprender! cita a un historiador, David Wootton, de su libro La Invención de la Ciencia (Harper Collins, 2015), una joya que me hizo aplaudir de pie durante un minuto. Es la comprensión del mundo de un inglés educado en los albores de la Revolución Científica en el 1600:

“El cree que las brujas pueden llamar a las tormentas y hundir un barco en el mar…

El cree en los hombres-lobo, aunque ocurre que en Inglaterra no hay ninguno- sabe que se pueden encontrar en Bélgica…El cree que Circe en realidad transformó la tripulación de Odiseo en cerdos. El cree que los ratones aparecen por generación espontánea en las pilas de paja.

Cree en los magos contemporáneos…El ha visto un cuerno de unicornio, aunque no al unicornio.

El cree que un cuerpo asesinado sangrará en presencia de su asesino. El cree que hay ungüentos que, si son untados sobre una daga que haya causado una herida, ésta sanará. El cree que la forma, el color y la textura de una planta puede dar idea de cómo funcionará como medicamento porque Dios diseño la naturaleza para ser interpretada por la humanidad. El cree que cualquier metal se puede transformar en oro, aunque duda de que alguien sepa como hacerlo. El cree que la naturaleza aborrece el vacío. El cree que el arcoíris es un signo de Dios y que los cometas son proféticos de lo maligno. El cree que los sueños predicen el futuro, si sabemos cómo interpretarlos. El cree, por supuesto, que la Tierra no se mueve y que el sol y las estrellas circulan a su alrededor una vez cada 24 horas.”

Pinker continua, “un siglo y un tercio después, un descendiente educado de ese señor inglés no creería en ninguna de esas cosas”.

Recordemos el año: 1600, un siglo después de los europeos “descubrirnos”. ¿Qué tendrían en la mente esos indios que vivían en nuestra isla y que fueron exterminados?, ¿qué tendrían los muchos españoles analfabetos que llegaron con la conquista y los pocos educados que los dirigían en su cabeza?

Pensé en hoy, y como el abuso y desconocimiento de lo ecológico y de los avances de la medicina moderna (y un sistema de salud y educación catastrófico implementado por varios de los que nos gobiernan y han gobernado) todavía permite que haya múltiples “medicinas naturales”, “curas naturalistas” y anuncios al respecto en nuestros medios de comunicación de masas, algo en lo que cree el 70% de nuestra población, según leí hace poco y no digamos de las visitas secretas a brujas y comunicadores del futuro e intérpretes de sueños, que nos ayudarán en las múltiples loterías que nos gastamos y a ver si nuestras aspiraciones políticas se cumplirán, detalles que abundan en nuestras costumbres.

Recordé a mi abuelita cuando nos decía que comiéramos las remolachas hervidas que nos servía, “que eso daba sangre”, cuando abríamos muchos los ojos al ver el jugo rojo que salía de las rodajas mezclarse con la blancura del arroz de mediodía. (traducciones de j.r.a.p.).