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Sunday, May 30, 2021

MARIPOSAS, LAS TENUES ALAS DE LA CIENCIA

 Publicado en Acento.com.do el 31 de mayo de 2021.

 

Dedicado a todas las madres del mundo y a nuestro recién fallecido profesor de entomología Abraham Abud, Bamban, por su dedicación de por vida al estudio de los insectos.

 

En su reciente libro The Language of Butterflies (El Lenguaje de las Mariposas, Simon & Schuster, N.Y., 2020) Wendy Williams, periodista científica, nos trae una fabulosa historia y llena de nuevos datos científicos sobre estos animalitos, tan frágiles y tan hermosos como son las mariposas.

Las mariposas pertenecen al orden de los insectos llamado lepidópteros, lo que significa alas con escamas, el segundo con mas especies (180,000) después de los escarabajos. Y no todas son mariposas, solo unas 14,500, el resto son polillas, que aquí llamamos mariposas nocturnas;  aunque algunas vuelan de día y presentan coloración variada (a propósito, el gusano de la seda es una polilla y no una mariposa).

Una mujer, poco menos que desconocida hoy día, fue durante el siglo XVII la naturalista mas conocida y respetada en la Europa civilizada y estudiosa de entonces.

María Sibylla Merian (1647-1717) nació en Frankfurt, Alemania, como se ve, a mediados del siglo 17. El siglo del 1600 no fue un tiempo muy atractivo para vivir. En 1600 se condenó a la hoguera a Giodano Bruno en el Vaticano; matemático, cosmólogo y monje, por afirmar que la Tierra era la que giraba alrededor del sol y 8 años después Galileo inició su viacrucis con la misma iglesia que condenó a Bruno, produciendo en su interín la escapada de pensadores y naturalistas de Europa Central y España principalmente.

Era la época de Aristóteles o muerte (como vemos el Patria o Muerte viene de lejos), no aparecía aún siquiera los inicios del Método Científico y la creencia en la generación espóntanea de la vida era una de las ideas communes que se conocía de siempre (las moscas nacen de la carne putrefacta, paja y calzones viejos y sucios producían ratones, las abejas aparecían de los restos de bueyes viejos y hasta el gran artrónomo Johanes Kepler, quien descubrió y demostró matemáticamente la ruta elíptica de los planetas alrededor del sol, escribió que los gusanos se generaban espontaneamente del sudor de los árboles. Y no solo los grandes matemáticos, ¡Shakespeare escribió que los cocodrilos se generaban espontaneamente del lodo del Nilo!).

Maria Sibylla Merian, enamorada de las mariposas desde su infancia y observando, dibujando y pintando estos atractivos insectos durante toda su vida presentó la innovación científica mas importante del siglo que vivió: la observación cuidadosa. La búsqueda de hechos o datos que se repetían una y otra vez y constituían un patrón.

Desde adolescente estudió las larvas de las mariposas, los gusanos, descubriendo que muchas se alimentaban de ciertas hojas mientras evitaban otras y que mudaban la piel creciendo, varias veces, hasta volverse pupas o crisálidas, un “cocoon” o capullo, que no se movía ni se alimentaba y de donde emergía una mariposa adulta y notando que cada larva distinta producía su mariposa específica. ¡¡Descubrió la metamorfosis!! e inició la desaparición de la idea de la generación espontánea de la vida.

Pero era el siglo 17, M.S.Merian no podía publicar en las revistas “científicas” y académicas de la época porque era una mujer, a pesar de haber demostrado que, como bien dice W.Williams:“el mundo natural era ordenado y racional y las asociaciones en ese mundo eran consistentes y dependientes. Las asociaciones no eran al azar”.

Tanto en Alemania, como  en Amsterdan, Meriam publicó sus trabajos, pagándolos ella, y por su precisión científica y belleza estética se convirtieron de inmediato en “best-sellers” de su tiempo.

También, por ser mujer, le negaron fondos para investigación y con su propio dinero y la venta de sus obras, se costeó el primer viaje exclusivamente científico al Nuevo Mundo, llegando con su hija de 21 años, y ella de 52, a Surinam, en Suramérica.

En 1705 su libro, producido y costeado por ella, “Transformaciones de los Insectos de Surinam”, atrapó a los europeos en su totalidad. Ella no solo mostraba, con exquisitos dibujos y acuarelas  (las mujeres no podían pintar al óleo) los huevos, larvas o gusanos, crisálidas y mariposas adultas sino su contexto, las plantas que las alimentaban.

Los entomólogos de todo el mundo siempre mostraron su aprecio y respeto por esta extraordinaria mujer. Linneo utilizó sus obras en sus trabajos y tan reciente como en siglo XX el gtan escritor y nunca receptor de un Nobel y lepidopterista Vladimir Nabokov la menciona en su “Speak Memory” como una gran influencia en su niñez. Y ni que decir de sus seguidores entomólogos del siglo XIX en la América tropical Wallace y Müller y su ayuda e influencia a Darwin y su Teoría de la Evolución.

En este siglo XXI varios trabajos tratan de su influencia y conocimientos, aunque es en estos dias cuando sus libros están siendo traducidos por vez primera al inglés. Mas de un historiador de la Biología la considera la primera ecóloga, 200 años antes del advenimiento de esta rama de la ciencia.

Mariposas, esas tenues y hermosas criaturas aún hoy nos asombran y nos fuerzan a seguir su vuelo cuando vemos una. ¡No en balde psyque en griego significa alma o espíritu, así como también mariposa!

Y es a una mujer, una madre con su hija, curiosa, disciplinada, observadora y dispuesta a que su trabajo se conociese y llegase a cambiar las formas de investigar y de pensar, a quien debemos el inicio del estudio de estos insectos y su mundo, que aún nos causa sorpresas y deslumbramientos en nuestros dias.

Sunday, February 14, 2021

EL AMOR ES BIOLOGÍA

 

Publicado en Acento.com.do, febrero15 del 2021


Siempre que en una de mis clases comienzo a decirle a mis estudiantes que hay que medir, que hay que contar, que solo así, con números, podemos comprender un fenómeno, surge la pregunta de como ponerle números al amor.

Que el amor no se puede contar, que no tiene números, que el amor nunca se sabe si es real o es un cuento, que si después de 20 años de vivir juntos se puede saber si tu pareja te ama o te hace un teatro para esconder el hastío y tiene un/una amante que le enciende de pasión casi juvenil. Pues sí, ya se puede y es posible porque el amor no es algo de poetas ni de filósofos, aunque los poetas le sigan cantando y los filósofos, a partir de sus consecuencias, intenten comprenderlo.

Alan Badiu, considerado el principal filósofo hoy en Francia, se arriesga y señala que el amor romántico es la vía más poderosa de tener una relación de intimidad con otra persona, que crea un estado de dependencia, surgiendo así un balance contra el individualismo de hoy día. Muy bonito, muy buena explicación de una de sus consecuencias, pero sin decir nada sobre qué es en realidad el amor.

Es que el amor, el amor romántico (como ella, H.F. lo llama) es biológico, ha evolucionado y por supuesto está en nuestros cerebros y en los cerebros de muchos animales, en especial de las aves (un 90%, mas o menos) que viven en parejas y en los mamíferos, aunque solo un 5-6% de estos forman parejas estables. Lo curioso es que se origina de la actividad de una zona neural que es parte de nuestro cerebro reptiliano, el área del tegmento ventral, por detrás del hipotálamo, que controla la sed y el hambre, y fuera del sistema límbico que regula nuestras emociones.

Hay un nombre que hay que conocer y los psicólogos, psiquiatras, médicos generales y neurobiólogos y toda persona mas o menos culta debe recordar. Es Hellen Fisher, antropóloga biológica del Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana en Bloomington, con 40 años estudiando la biología y evolución del amor y con múltiples artículos científicos y tres conferencias TED en su haber y con un libro al ver la luz llamado “Handbook of Human Mating”. Afirma y demuestra que el amor es una motivación muy fuerte, y que después del comer y el beber, es la más fuerte de nuestra naturaleza animal, porque es la que nos lleva a reproducirnos, a pasar nuestros genes a la siguiente generación y de paso, la que nos hace más felices.

Estudiando el amor desde la neurofisiología, observando y midiendo actividad neural cerebral con Imágenes de Resonancia Magnética funcionales (IRMf) en miles de personas de unos 40 países, este fenómeno que nos desenfoca, nos distrae, nos cambia la vida, nos emociona y nos hace matar y nos lleva a morir por la persona amada, depende de cuatro grandes sistemas neurales: el de la dopamina, la serotonina, la testosterona y del estrógeno/oxitocina. Y a partir de estos sistemas la Dra. Fisher demuestra cuatro tipos de temperamentos en las personas, altamente heredables, designándolos como 1-curioso/energético, 2- cauteloso/cumplidor de normas sociales, 3-analítico /severo y 4-prosocial/ empático, y cada uno de ellos se corresponde y correlaciona con cinco variables: 1-género, 2- nivel educativo, 3-preferencia religiosa, 4-orientación política y 5- importancia dada al sexo.

El primer tipo de temperamento se asocia fuertemente a la dopamina y el segundo a la serotonina.

Personas que afirmaban estar amando a alguien presentan en la resonancia funcional una gran actividad en el Tegmento Ventral, iniciador de vías de dopamina que van a múltiples áreas cerebrales, al observar una foto del amado, tanto si su amor es nuevo, como si tienen 20 años viviendo juntos y en estos últimos también aparece actividad en zonas neurales asociadas con el apego.

En sus estudios de estadounidenses y estudiantes universitarios de ese país encontró que una persona ama unas 3.5 veces en su vida. En 58 culturas en el mundo que el promedio de divorcios es a los 4 años de estar casados, que el 85% de su tiempo las personas que aman están pensando en su amada y que en el 100% de las culturas del mundo hay amor y también hay adulterio.

Un punto curioso en sus estudios, las personas que aman y son rechazadas por su pareja siguen presentando alta actividad de neuronas dopaminérgicas en el Tegmento Ventral, pero acompañadas de actividad en el lóbulo frontal que participa en toma de decisiones riesgosas con apuestas y cambios de humor con agresión incluida.

La doctora Fisher y su grupo de investigadores está aclarando muchas cosas, y sostiene teorías interesantes, como la que dice que en nuestra época de cazadores-recolectores los sexos tenían el mismo valor social, ya que la mujer aportaba el 50% de las calorías de los alimentos y que esta realidad cambió con la aparición de la agricultura, donde la mujer permanecía atendiendo la casa y los hijos y el varón iba al campo a trabajarlo. Sostiene que con la participación de las mujeres en la producción económica contemporánea, los humanos estamos volviendo al patrón primitivo primario de la igualdad entre los sexos.

El real conocimiento de lo que constituye esa alegría-padecimiento que es el fenómeno amoroso se aclara cada vez más desde la óptica biológica-evolucionista y son muchos los factores que se van aclarando, como de quien nos enamoramos y por qué.

Vean las presentaciones TED de la doctora Fisher, busquen sus trabajos científicos en la internet. Los poetas seguirán cantando al amor y recordemos que no por conocer la estructura química del azúcar deja esta de ser tan dulce.

 

 

 

Sunday, January 31, 2021

COVID-19 Y NEANDERTALES

 Publicado en Acento.com.do, el 1ro de febrero de 2021

Supongo que muchas personas tienen una idea de lo que fue un neandertal. Un primo que tuvimos en nuestra evolución en Eurasia y que desapareció hace unos 40 mil años dejándonos, aparentemente, solo sus fósiles.

Recuerdo mi profesor de Introducción a la Antropología en la UASD, Plinio Pina, entusiasmado escribiendo en la pizarra todas las culturas que se asociaban a los neandertales en Europa: Alemania, Francia, Gibraltar, Bélgica y nosotros pensando: ¿y todos esos nombres hay que aprendérselos para el examen?

Se conocía poco sobre los neandertales en esa nuestra época de estudiantes. Se descubrieron en el valle de Neanther en Alemania en el 1856 y fue en el 1864 que se clasificó como un humano distinto y se nombró Homo neanderthalensis. Pronto se supo que otros fósiles que habían sido descubiertos en 1829 en Bélgica y en 1846 en Gibraltar también pertenecían a esa especie.

Hoy sabemos que los neandertales utilizaban el fuego, vivían en refugios y ocasionalmente construían objetos considerados simbólicos, que enterraban a sus muertos y algunos grupos los canibalizaban y muchas otras cosas más. Vivieron desde hace unos 400 mil años hasta desaparecer hace unos 40 mil, y preguntas acerca de por qué desaparecieron, y si se mezclaron con nosotros los Homo sapiens, han producido variadas hipótesis y conjeturas.

Lo antes dicho viene al caso al intentar comprender la actual pandemia que nos arropa a todos en el planeta.

El covid-19, enfermedad producida por el coronavirus de nuestros días, creo que merece poca introducción. Aunque es bueno recordar que el dengue, el zica, la chicungunya y el virus del Nilo son también coronavirus, y esos los hemos tenido por aquí hace varios años ya.

Ahora bien, sabemos que en el Covid-19 hay un 70% de las personas que presentan este virus que son asintomáticas, quizás con un par de estornudos un día o un dolor de cabeza una noche, y me parece que esos son los que más contribuyen a su rápida y explosiva circulación. Al no saber que lo tienen ni sentirse mal, no pueden pensar que están infectando a nadie.

Del restante 30% de los pacientes con el virus, una buena mayoría tiene un covid-19, digamos, ligero y un pequeño porcentaje lo presenta muy malo y llegan a ponerse graves y fallecen en su mayoría.

Ya sabemos lo que pasa de manera general, el cuerpo humano sostiene una defensa con sus mecanismos del sistema inmunológico y según esté el sistema tendremos un covid-19 asintomático, leve o muy malo. En el último caso ocurre porque el sistema se coloca en “overdrive”, sobreactúa, y termina atacando no solo al virus sino a órganos de nuestro propio cuerpo.

Para tener una idea, los glóbulos blancos de la sangre son parte importante de ese nuestro sistema inmunológico. Ahora mismo cada uno de nosotros tiene unos tres mil millones (3,000 millones) de células B (un tipo de las células o glóbulos blancos de la sangre) moviéndose en nuestro cuerpo y estas células B son las responsables de fabricar los llamados anticuerpos, moléculas que se pegan a la superficie de cualquier sustancia orgánica que penetre nuestro cuerpo. Cada anticuerpo se adhiere solo a un grupo pequeño y limitado de superficies, pero las células B producen unos 100 millones de anticuerpos distintos. Esta variabilidad es parte de nuestra herencia evolutiva y es determinada por nuestros genes.

Recordemos que fue en el año 2000, cuando un Bill Clinton, presidente de los EUA, orgulloso y acompañado de dos científicos, anunció al mundo que ya se conocía el Genoma Humano, esto es todos los genes que tenemos los seres humanos y que constituyen la información para que se produzca esa rareza de la naturaleza que es un Homo sapiens. Claro, no estaba completo el Genoma, nos faltaban datos y aún hoy nos faltan.

Mantengo en conversaciones con amigos que al virus Sars-cov-2, que produce el Covid -19, ya lo conocemos bien, que lo que no conocemos bien aún, es cómo somos y cómo funcionamos nosotros los humanos.

Para hacer corta la historia, tenemos unos 20,000 genes que sintetizan unas 16-18 mil proteínas, de las cuales apenas conocemos bien unas 6-7 mil. Entre estos genes están aquellos que funcionan en nuestro sistema inmunológico.

Ya los genetistas moleculares han identificado genes en nuestros cromosomas 3, 6 (3 grupos), 12, 19 (2 grupos) y 21 que participan del sistema inmunológico y cualquier falla o error en uno o varios de ellos nos lleva a un caso más fuerte del covid-19.

Pero no solo es el Genoma Humano; en el año 2010 el paleogenetista sueco Svante Päävo, trabajando en el laboratorio de Antropología Evolutiva del Instituto Max Planck, de Alemania (que hoy dirige) presentó el primer bosquejo del Genoma de nuestro primo el H. neanderthalensis y ganó reconocimiento mundial por ello y también el premio Princesa de Asturias en el 2019. No se detuvo ahí Päävo, sino que comenzó a buscar si teníamos nosotros genes neandertales, para probar si había ocurrido mezcla entre las dos especies y encontró que entre los euroasiáticos de hoy hay entre un 2.5 y un 6% de genes neandertales. Con mayor incidencia en el sur de Europa y en el sureste asiático.

(ver mapa)

 


Mapa de las poblaciones con ADN neandertal en el mundo. Zeber y Paavo, diciembre 2020.

Ahora, con el Covid-19, Päavo ha descubierto en personas enfermas en Inglaterra que los pacientes con el Covid más malo y hasta de muerte, son aquellos que presentan ADN neandertal, en especial en el cromosoma 2, en comparación con pacientes controles. El mapa que vemos arriba, fue presentado en ese artículo de diciembre del 2020 en bioRxiv. En este gen neandertal está la información para que el virus pueda penetrar células de otra forma que con su ya conocida corona.

Notemos en el mapa, que Africa no tiene genes neandertales y que en el Gran Caribe ¡solo en República Dominicana aparecen!, hasta ahora. Y parece que muy pocos en Trinidad-Tobago, con mucha migración de la India y sudeste asiático.

En un trabajo publicado en el 2019 en nuestra Academia de Historia, con el Dr. Robert Paulino como primer autor y varios colaboradores más, presentando el origen genómico de personas de varios pueblos y zonas del país ( el trabajo no dice si estas zonas muestrales fueron seleccionadas al azar o señaladas por hechos históricos y aparenta que su interés estaba en buscar genes de nuestros aborígenes en poblaciones actuales) y realizado por un consorcio de dos universidades, dominicana y  estadounidense, entre otros e historiadores dominicanos y que fue presentado a la prensa por Bernardo Vega en el 2016, antes de su publicación formal, se señala la frecuencia de un 0.5% de genes neandertales.

Si en nuestra población el 0.5% de ella presenta genes neandertales, personas que tienen ascendencia europea o indígena (recordemos que en Africa no hay genes neandertales), eso puede indicar que tenemos alrededor de 50,000 personas en riesgo de adquirir un Covid-19 grave y una alta tasa de mortalidad consecuente. Creo que estos estudios son algo a tener en cuenta cuando hablamos de la pandemia o de su control, aquí en nuestro país.

En su artículo el mismo Päävo y su coautor Hugo Zeber señalan que sus datos refuerzan la hipótesis de que una infección viral extinguió a los neandertales y con esa oración cierran el artículo. Me parece que nos están diciendo que hay que investigar más a los virus y al ser humano, con más intensidad, más dinero y más atención de parte de todos los gobiernos y sociedades, pues ahí puede estar nuestra futura extinción también.

Sunday, January 17, 2021

SOBRE VIVO COSO

 Publicado por Acento.com.do, enero 18 del 2021.

Cuando Doña Antonia Fontanilla pegaba un botón a mi camisa, que había caído jugando a 10 con mis hermanos en el patio de mi abuela, repetía una y otra vez, como un mantra, con cada punzada de la  aguja con  su mano diestra, muy blanca, de venas muy azules, casi como el azul de sus ojos, “sobre vivo coso, sobre vivo coso, sobre vivo coso”.

Un día cualquiera que solicité de nuevo sus servicios para otro botón, salido de cuajo al sujetarme uno de mis hermanos por la camisa, en nuestros juegos, y yo seguir corriendo, volvió ella a repetir en cada paso de la aguja primero por el ojal y luego por uno de los agujeros del botón, “sobre vivo coso” y esa vez mi curiosidad no resistió.

“¿Antonia y por qué me dices eso?”, le dije en el instante que mi abuela pasaba por detrás de mí, en una de sus muchas vueltas por la casa, y vi los ojazos de Antonia ver a mi abuela y me pareció que ésta negaba con la cabeza. “Son cosas del campo, mi niño, cosas de mi campo” me respondió con su voz que aún recuerdo como muy dulce.

Mi abuelo, que leía el periódico en su mecedora de siempre, un poco mas allá, sin quitar la vista del periódico dijo “es que ella cosía muertos en el campo”, sonriendo y mirando el periódico, pero mi abuela respondió, casi glacial “José no le metas miedo a los muchachos”.

A la subida del Monumento en Santiago se encuentra una pequeña calle, de tierra aún en esos tiempos, con algo muy característico en su final, tres cruces, de buen tamaño, aunque distintas cada una y en cemento, pintadas de blanco en esa época y verlas me producía escalofríos y las evitaba siempre que andaba por esa zona.

Una tarde bajando del Monumento, después de jugar pelota y sin darme cuenta, tomé el camino de las Tres Cruces y mi asombro no tuvo límites. La casita de la esquina de la corta calle y de lado frente a las tres cruces era donde vivía Doña Antonia Fontanilla. Era un sábado de verano, por la tardecita y Doña Antonia y su hija Luisa, con unos ojos verde mango casi al madurar, que contrastaban con su negrísimo pelo cortado como paje, estaban sentadas en el pequeño jardín de la casita tomando el fresco en sillones de palitos blancos, como las cruces; siempre corría una brisita hacia el pueblo de ese lado del Monumento.

“¿Muchacho y tú por aquí?”. Si, es que estaba jugando pelota del otro lado del Monumento. “Ah, pues ven y siéntate, descansa un poco”. Luisa sacó otro sillón de palitos blancos y me dijo que me sentara que me traería de una limonada que recién había preparado.

Y por supuesto, me senté. Pero con mala suerte, pues quedaba de frente a las tres cruces que se veían de perfil.

¿Antonia, y esas cruces? “pues mira, cuando me mudé aquí, ya estaban. Me dijeron que una señora, beata ella y muy rezadora las puso de cemento, que antes eran de madera, para que algunos muertos descansen en paz”. Ahí mismo sentí grima. “Dicen que en los tiempos de los generales ahí fusilaron a mucha gente”, siguió contando Luisa, pasándome el vaso de limonada, que a pesar de que siempre me quedaba viendo sus ojos tan verdes, acepté la limonada sin dejar de ver a las cruces; la sensación de frio en mi mano, de la limonada con hielo, aumentó mi sensación grimosa.

Ah, dije entonces, tratando de aparentar una tranquilidad que no tenía, por eso es que tú siempre dices “sobre vivo coso” cuando me pegas un botón de la camisa y la llevo puesta.

Doña Antonia sonrió dulcemente. “Mira”, me dijo, “yo aprendí a pegar botones y a coser ropa porque desde joven una vez me pusieron a coser haitianos allá en mi campo,

cerca de Dajabón, muchos haitianos que habían matado con palos y machetes. No querían enterrarlos con las heridas abiertas, en especial el pecho y la barriga, pues su alma se quedaría suelta y buscaría a sus asesinos para darles mala suerte. De ahí en adelante aprendí a seguir cosiendo muertos y todo tipo de ropa.”

Ahh, contesté yo, atragantándome con la fría limonada. Dajabón, por la frontera, ¿verdad?

“en la mismita frontera” fue su respuesta con su voz dulce, pero con algo que parecía una sombra en sus ojos azul pálido.

Me pasaron la mano por la cabeza, Luisa me dio un abrazo, di las gracias por la limonada y seguí hacia mi casa, que ya estaba anocheciendo. Caminaba rápido, no quería llegar oscuro. Las tres cruces, haitianos muertos con las barrigas abiertas y el recuerdo de “sobre vivo coso” eran demasiadas cosas para mi joven mente, la cual aunque siempre curiosa, no dejaba de asustarse de supersticiones, muertos y cruces.

 

Sunday, December 20, 2020

Raíces encontradas: contrapunteo hatero, azucarero y tabacalero en el pasado dominicano


Fernando I. Ferrán

Profesor e investigador del Centro P. Alemán, de la PUCMM

 

El pueblo dominicano tiene raíces culturales que permanecen encubiertas en su pasado. En eso no se diferencia de otros tantos pueblos que suben al escenario de la historia universal. Lo distintivo del caso dominicano es que las suyas se enraízan en seis sistemas de organización social bien definidos ya en el siglo XIX: el hatero, el maderero, el campesino, el tabacalero, el azucarero y el gubernamental.[1]

 

A partir del cruce de los rasgos distintivos en cada uno de esos seis modelos de organización social decimonónica resulta “una construcción cultural” (Herrera 2018: 371) que se deja discernir por medio del “contrapunteo” (Ortiz 2002) de al menos tres de sus raíces más representativas: la hatera, la tabacalera y la azucarera.

 

Es en ese contexto que resumimos a continuación los resultados de dicho contrapunteo. Su propósito es doble. Primero, no dictaminar una conclusión, sino que cada lector cuente con elementos de juicio para dictaminar desde la atalaya de la segunda década del siglo XXI cuál de esas raíces considera que es la que predomina actualmente en la sociedad dominicana.

 

Y, a pesar de ese aparente dominio de una de las raíces, segundo, cuál de las seis debiera ser la predominante e indispensable para transformar y relanzar la vida nacional en función de algún otro modelo social más inclusivo, sostenible, democrático y dignificante de la vida en la República Dominicana.

 Antes de iniciar la tarea pendiente, imaginemos el sitio en el que tendrá lugar dicho contrapunteo, sin prescindir de sus actores y sus respectivos sistemas de organización social. Este paso introductorio permitirá visualizar rápidamente la complejidad de la cuestión.

 

I.                 La gallera imaginaria

 

Estamos a mediados del siglo XIX dominicano. Imaginemos en él, para fines de este contrapunteo, la arena de una gallera. En su lado oriental domina la relación de subordinación y dependencia clientelar del peón respecto al hatero, gestada durante más de tres siglos de existencia colonial.[2]

 

También, como quien dice desde siempre, en el extremo norteño del lado cibaeño, los actores que intervienen y toman decisiones subsidiariamente en las redes de apoyo a las labores de siembra, cultivo, manejo de la hoja, venta, transporte, comercialización y exportación de la hoja de tabaco negro al libre mercado internacional.[3] Y, en sus lados sur y sur central -finalizando el siglo- sobresale el auge de la agroindustria azucarera.

 

Además, por desperdigada que esté la exigua población en el espacio de esa misma arena, nada más aislado que el campesinado, sometido a la naturaleza y al abandono más sensible; o también los cortadores y aserraderos de madera, tumbando bosques perecederos en lejanos rincones de lomas y cordilleras. Y, claro está, hay que mencionar en términos generales a todo ese cuerpo social revestido de una burocracia que desde antaño pretende la autoridad que no necesariamente se legitima en su acepción de “servidores” “públicos”.

 

Así, pues, con esa gallera metafórica en mente inicio la faena escrutando la primera de las raíces identitaria soterrada en uno de los más ancestrales sistemas de organización social de La Española: el hato ganadero.

 

II.     En búsqueda de las raíces identitarias o la gallera dominicana del siglo XIX

1.      El rasgo hatero

 

Las relaciones sociales en el hato ganadero giran alrededor de un solo actor: el hatero, en su condición indiscutible de patrón y jefe.

 

En ese tenor, el hato y la plantación azucarera pueden ser objeto de un contrapunteo por vía de la relación laboral. Se asemejan por la dependencia, tanto de los peones ganaderos, como de los trabajadores de campo azucarero, respecto a sus respectivos jefes. A pesar de esa similitud, en ningún momento se confunden entre sí puesto que en el mundo azucarero no hay trazo alguno del paternalismo que es dominante en el hato ganadero.

 

Desprovistos de poder y de derechos frente al amo, los esclavos y sus sucesores, los peones, soportaron un tipo de convivencia cuya subordinación contrastaba con la cuasi -por no afirmar que- absoluta desprotección de todo derecho que padecían los campesinos en zonas rurales y montañosas del país y, en especial, los braceros azucareros en las plantaciones agroindustriales.

 

En cualquier hipótesis, debido a la relativa proximidad social de los actores dominicanos en el hato ganadero, cabe advertir una serie de fenómenos culturales distintivos del territorio particularmente oriental de la recién emancipada república en 1844.

 

a. El primer fenómeno significativo viene dado por la relativa cercanía y solidaridad interétnica y de corte paternalista que terminó favoreciendo el cruce racial distintivo de la comunidad mulata dominicana; y de ahí, en tanto que identificada con el patrón ideal, la preferencia general de los pobladores por los rasgos distintivos del blanco tenido por “rubio” o, en su defecto, por el blanco de la tierra.

 b. También es admirable, segundo, el predominio en el país de un solo idioma (el castellano o español) poco afectado por otras lenguas de ascendencia africana o afroamericana que ni siquiera derivaron en un dialecto.

 c. Cargado igualmente de consecuencias significativas, tercero, sobresale el uso más distendido del recurso tiempo, en tanto que, a pesar del trabajo requerido en el hato, la faena laboral no estaba sometida al ritmo y rigor productivo de un régimen capitalista produciendo para un mercado tentativamente libre, como primero lo fue el tabacalero y ulteriormente el azucarero.

 d. Como colofón, cuarto fenómeno social de notable significado, son de advertir unas relaciones de poder afectadas de subordinación y paternalismo clientelar, tanto en las haciendas primigenias, como en sus derivados ulteriores. En todas sus modalidades y momentos, esas relaciones esconden el mismo fenómeno: el relativo ocultamiento del autoritarismo vertical que atraviesa de manera unidireccional la relación patrón-cliente, en dirección descendiente de aquél hacia éste.

 

Dado su raigambre hatera, las relaciones sociales todas dependen del contacto directo, personal, zalamero entre dos o pocos sujetos más, arropadas por un trato simpático y personalizado, aun cuando entrañan como condición de posibilidad una considerable asimetría de poder entre las partes y una incuestionable dosis de conducta dócil del peón hacia su patrón, y de engreimiento de éste hacia aquél.

 

Esa debe ser la hipotética explicación de por qué las relaciones e intercambios de ascendencia hatera, incluyendo la caudillista, encuentran sus verdaderos epígonos contemporáneos en el mundo de la política y de la administración pública, al tiempo que se diferencian de los rasgos que predominan en todos los otros modos de convivencia en el país, comenzando por el tabacalero.

 

2.      El gen tabacalero

 El gen cultural tabacalero surge por lo menos desde aquellos tiempos en que “el conuquero pegaba sus huellas digitales”, “su mujer era testigo de un acuerdo para asegurar el buen uso del dinero”, y “la palabra empeñada valía más que cualquier documento notarial”, según recuerda Eduardo León Asencio evocando siglos atrás en la despoblada colonia de la Española (Lora 2018: 422).

 A diferencia del hato, donde un patrón ordena y todos los demás obedecen en fingida condición de cercanía: o del minifundio campesino, abandonado a su suerte en terruño de subsistencia; e incluso de la plantación azucarera, en la que picadores de caña perduran segregados de toda la población restante, la vega tabacalera es una telaraña de actores semejantes que -por iniciativa y a riesgo propio- todo lo articulan y promueven.

Con razón, Pedro F. Bonó llamó al tabaco “el verdadero padre de la patria  (citado en Rodríguez Demorizi 1964: 199).

Merecida paternidad simbólica en función de su tradicional don de inclusión social y de promoción recíproca, tanto del tabacalero, de su familia y de sus vecinos echando días cada uno en los predios de los demás, como del transportista de los serrones de tabaco criollo, los almacenistas locales y sus obreros, las casas exportadoras de la hoja, el personal y los estibadores del puerto de salida del producto y, por último, las casas exportadoras que compran en el país y venden a las casas matrices en el exterior.

 En esa intrincada y compleja red de apoyo comunitaria cooperan y se benefician todos aquellos en lo que se sustenta una causa colectiva. 

 Hechura de ese cultivo tradicional -por demás oriundo de la isla- el gen tabacalero se desarrolló y predominó gracias a un gran deseo y espíritu de superación de parte de todos esos actores que aúnan esmeros y dedicación en una tarea común.

 Abanderados de igual propósito mercantil, connatural a su reproducción social y espíritu transaccional, el empuje y la laboriosidad individual de cada uno y de todos al unísono, infunden y transmiten la característica ejemplar del tabacalero debido a su sentido práctico de interdependencia social. Su rasgo simbólico consiste en que cada sujeto humano se cuida y se supera a sí mismo en la justa medida en que depende e intercambia con los otros. No en detrimento o a costa de los demás, sino en beneficio recíproco.

 Esa característica no tiene precedentes en el mundo campesino dominicano. En éste se vive desprotegido y al margen del resto de la población. Tampoco puede verificarse en los cañaverales en los que pulula una población igualmente excluida, postrada, desposeída y absolutamente ajena y sin control de los objetivos y propósitos de acumulación de poder y de riqueza que persigue, desde las antípodas de su relación laboral, el dueño de la plantación y del ingenio azucarero.

 Otro tanto puede aducirse en lo que se refiere al hato o al mundo maderero y a sus respectivos legados culturales. Por un lado, el mundo comercial de la explotación maderera carece de unidad funcional que lo aglutine y promueva de manera sostenible en el tiempo, dado el abuso irracional del recurso que explota y el continuo carpe diem que padece la población aglomerada en improvisados campamentos de corte o en las periferias de poblados y parajes rurales. Y, de su lado, el hato no exhibe dinamismo alguno, ni en términos de movilidad social ni económica ni cultural.

 Por demás, cómo olvidar que, al igual que la burocracia política que hereda la idiosincrasia hatera, ésta se cobija en la rutinaria quietud y la aparente poltronería de relaciones clientelares y no, como en el mundo del tabaco, de asumir riesgos en aras de la relativa promoción recíproca de todos los concernidos.

 Por múltiples vías se llega al mismo desenlace a propósito de la idiosincrasia tabacalera.

 a. Así como un grano de sal condimenta los alimentos, la herencia tabacalera, cuando trasluce en condición de meme cultural dominante -por ejemplo, en pleno siglo XIX- deviene consubstancial a la composición sociocultural dominicana por su conciencia de igualdad y capacidad de integración.

 b. Gracias a su legado cada sujeto asume su individualidad y se reproduce a sí mismo de manera autónoma, pero en tanto que aunado y superado en los demás, sin que en esa empresa colectiva intervenga o sea determinante la mano gubernamental o plegarse y someterse a alguna instancia de poder arbitraria y repetidas veces despótica.

 c. No en balde lleva orgullosamente en su pecho dos preseas de oro: la de la primera apertura autónoma al libre mercado internacional de un producto dominicano, y sin contar para eso con otro apoyo que no sea exclusivamente de facto su ingeniosidad y osada iniciativa; y, la segunda, ideales patrios más liberales que implicaron la restauración de la pretendida autonomía dominicana.

He ahí lo que lo hace inconfundible pero inseparable del orden azucarero cuyo predominio se impondría durante finales del período decimonónico y gran parte del siglo pasado, superando el verticalismo hatero y la convivencia tabacalera.

 

3.      El talante azucarero

 

El talante azucarero aparece a finales del siglo XIX, no en las fincas azucareras de un ingenioso pero vetusto trapiche, sino en los latifundios de ingenios que resultan de una inversión agroindustrial de índole capitalista. Para no pocos, esa agroindustria, denominada la columna vertebral de la economía dominicana durante gran parte del siglo XX, representa la cualidad inalienable de la identidad dominicana.

 

No obstante, nada más lejos de la verdad. La cualidad azucarera ni siquiera impacta a la mayoría de la población dominicana y, en la que sí incide concierne, no la afecta de manera homogénea. Como se verá, la razón es sencilla: una cosa es el mundo económico, otra el reino de este mundo que culturalmente es mucho más complejo y diverso.

 

Para dejar al desnudo esa realidad divido la exposición en dos momentos: (a) uno relativo a la mayoría de la población afectada de manera directa en el país por el rasgo azucarero; y (b) otro a propósito de quienes propician ese estado de cosas y se valen de su influencia para sustentar su predominio.

 

a. La mayoría de la población dominicana, independientemente de su extracción social y de su ascendencia étnica, es ajena y no está expuesta a las condiciones de vida y de disciplina laboral que imperan a nivel de campo en la actividad azucarera.[4] Los habitantes recluidos en los campos de caña de azúcar constituyeron y siguen constituyendo una minoría poblacional en el país y, para colmo, siempre han sido tenidos formalmente como extranjeros.

 

Esa población azucarera habita de espaldas a la sociedad dominicana recluida en bateyes esparcidos a lo largo y ancho de cada plantación latifundista. La idea genérica de los bateyes fue concebida por las tropas de ocupación estadounidenses, a inicios del siglo pasado, con un solo propósito e interés: facilitar acceso a pie a los braceros retenidos en ellos a lugares predeterminados de tiro y corte de la caña. Desde aquel entonces, se vieron privados de comodidades y hasta de servicios tales como agua potable, salud, educación, transporte, recreación y otros.

 

En cada batey -principalmente de campo, pero también en los de servicio y en el central de cada ingenio- pululaban sembradores y braceros de caña, linieros, carreteros y pesadores que rara vez comparten su rutinaria y sudorosa existencia con guarda campestres, capataces, mayordomos, empleados e ingenieros del ingenio en general, amén de los publicitados bodegueros o eventuales docentes y personal de salud de las zonas limítrofes.

 

Si algo debe quedar claro en ese contexto es que el hombre del batey, y todos ellos juntos con sus respectivos dependientes, en poco se asemejan al popular y folklórico “negrito del batey”.

 

El hombre del batey -extranjero o tenido como tal y menos veces como dominicano- se diferencia del resto de la población dominicana. Se les recluta y tiene formalmente como extranjeros aislados en una distante plantación agroindustrial. Provinieron en una época temprana de las Islas Vírgenes, Puerto Rico, Antillas Menores, y más recientemente, de Haití. Subsisten sometidos a largas horas de extenuantes y sudorosas faenas que agotan diligentemente dada su sumisión laboral férrea e incondicional. La voz de mando que obedecen es única y exclusiva, pues emana de la boca del administrador y/o propietario de la plantación y les llega encadenada por los eslabones de sus representantes e intermediarios. (Ferrán 1986)

 

Así, pues, en contraste con lo que acontece en el resto del conglomerado poblacional dominicano, -donde la gran mayoría de la población dominicana comparte de manera informal, por iniciativa propia y de espaldas a las condiciones de vida propias al batey azucarero-, en los cañaverales la vida humana se reproduce enajenada de sí, desposeída de voluntad propia, retenida bajo el completo dominio que el administrador o su representante ejerce sobre la mayoría absoluta de los bateyes. 

 

Huelga explicar, por tanto, por qué está comprobado que “el dominicano no corta caña”. Una cosa es la evocación artística e incluso religiosa o folclórica del cañaveral, pero otra muy distinta sus inducidos valores, hábitos, costumbres y sobre todo patrones de comportamiento y condiciones de vida.

 

De ahí el vivo contraste de ese reducto poblacional con el resto de quienes pueblan la geografía dominicana. A modo de contraste original, tanto el campesino, como el tabacalero, poseen un medio de producción propio que salvaguarda su efectiva reproducción, por precaria que ésta sea, a diferencia de cualquier foráneo hombre del batey segregado en un campamento de trabajo al que -a lo sumo- solo se le permite un exiguo surco de tierra para que ahí siembre algunos víveres de consumo individual.

 

Por demás, los hombres del cañaveral no gozaban de la libertad de tránsito de la que sí disponían en contraposición a ellos, tanto los campesinos y los tabacaleros, como los peones ganaderos y los cortadores de madera, en sus frecuentes y libres desplazamientos en la geografía dominicana.

 

b. El talante azucarero se manifiesta no solo, en función de los de abajo, subyugados en el cañaveral, sino más bien en el resto de la sociedad dominicana cuando con él irrumpió a finales del siglo XIX la verdadera gran transformación[5] de la sociedad dominicana.

 

Esa ruptura consistió en la puesta de hecho y de derecho del poder estatal al servicio de un grupo económico en particular. Ese fenómeno no se había registrado ni con los tabacaleros, aún menos con los campesinos y, en sentido estricto, tampoco con los hateros y los madereros.

 

Con la irrupción de la agroindustria azucarera en el dominio público, y teniendo como actores principales a quienes han sido identificados como “barones”, lores” y “zares” del azúcar, dejó de funcionar el acostumbrado proceso de aculturación en el seno de segmentos mayoritarios del pueblo dominicano. La raigambre hatera, así como la tabacalera, la campesina, la maderera u otra cualquiera de las más tradicionales, pasaron a un estado de cosas recesivo, sometidos por el dominio azucarero.

 

Llegaba así, por gravedad propia, -con o sin arritmia histórica[6]-, la hora de la manipulación y uso en beneficio propio y desde arriba de los hilos del poder político y económico del país por parte de un grupo exclusivo de la sociedad dominicana.

En efecto, los regentes de la floreciente y primera agroindustria del país, la azucarera, transgredieron el acostumbrado desconocimiento con el que los más diversos actores públicos desplegaban sus actividades económicas de espaldas o desconociendo la autoridad estatal y a sus representantes. Testigos de ese constante desconocimiento de la autoridad gubernamental fueron, según los anales patrios, esa legión de tabacaleros, campesinos, leñadores, dueños de aserraderos y comerciantes de madera, y sin por tanto excluir parcialmente a la baja empleomanía gubernamental, todos[7] los cuales operaban de espaldas a las disposiciones de los gobiernos de turno.

 En contraposición a todos esos, el recién surgido magnate azucarero rompió la usanza dominicana en la materia, y una y otra vez recurrió a los representantes del poder estatal -de sucesivos gobiernos- para garantizar la seguridad jurídica de la propiedad privada de los antiguos terrenos comuneros, así como de sus negocios e inversiones.

 De manera afín, por medio de esa misma articulación de sus relaciones sociales influenciaban e incidían en asuntos relacionados con el control del mercado en el que operaban, la gobernanza del país, la seguridad jurídica de sus negocios y en cuanta relación social favoreciera su ascendencia social y sus operaciones industriales, agrícolas, comerciales y financieras.

 El impacto de dicha gran transformación se centró en el jefe azucarero y su contraparte en el Estado dominicano y a partir de ahí irrumpió en el tejido social dominicano. Sin embargo, a pesar de tanto poder ahí acumulado y centrado, su manipulación no se tradujo en modificaciones directas en términos de valores, costumbres y patrones de comportamiento culturales de la gran mayoría de una población que, libre de la reclusión característica del cañaveral, permanecía refugiada en la típica marginalidad de su tradicional quehacer cotidiano en minifundios campesinos y tabacaleros, parajes rurales, fincas tabacaleras, hatos ganaderos, comercios rurales y semirurales, aserraderos y otros espacios afines.[8]

 Desde aquel entonces se comienza a valorar la utilidad del poder gubernamental como aliado estratégico, originalmente a disposición del emergente gran empresariado azucarero en el país y de subsecuentes sectores de poder en el gran teatro del mundo dominicano. 

 El mimético jefe azucarero que controlaba cuasi omnipotentemente su plantación agrícola e ingenio industrial, al profundizarse la alianza de los poderes económico y político, desvirtuó con creces las modalidades de convivencia y de diferenciación que prevalecían desde antaño en la organización hatera entre el patrón y el peón; en la maderera entre el leñador y los aserraderos y comerciantes de la madera; e incluso en el aparato gubernamental entre el mandamás de turno en Santo Domingo y la población en general y por aisladas regiones del país.

 Adulterando el orden establecido, exhibió un nuevo modelo de organización con base en mayores recursos de capital y nuevas fuentes de desmedida e incontrolable eficacia en la toma de decisiones nacionales.

 El batey en el que se enraizaba tanta fortuna pasó a ser, por consiguiente, cicatriz y símbolo eficaz de dos poblaciones -la tradicional y la confinada- adyacentes, pero inconfundibles y circunscritas por el cúmulo del poder recién adquirido a partir de los predios azucareros.

 Poder tan superlativo ese en medio de la geografía dominicana que rebasó por mucho cualquier pretensión decimonónica de distinción patriarcal en medio del campesinado tradicional, o pseudo alcurnia en un conuco tabacalero entretejido por medio de redes de colaboración de naturaleza mucho más inclusivas y democráticas.

 

III.           La pregunta

Como consecuencia del contrapunteo de los más diversos comportamientos en los órdenes sociales tradicionales en el siglo XIX, procede la formulación de una última pregunta.

 En medio del fragor de la imaginaria gallera decimonónica, la cuestión que cada estudioso e interesado en el desenvolvimiento y transformación de la realidad social ha de hacerse y responder es ésta:

 

Dado el legado que cada una de las raíces culturales de la sociedad dominicana aporta al presente, ¿cuál de ellas, -independientemente de que esté en estado dominante o recesivo-, cuenta con mayor potencialidad para extender el desarrollo sostenible del pueblo dominicano, como “dominicano”, en medio de la comunidad internacional?

 

No se trata de una cuestión bizantina en el reino de este mundo, sino de asuntos vitales que conciernen, tanto el significado y el sentido de nuestro actual quehacer, como el de las futuras generaciones.

 Es en ese contexto, por consiguiente, que dicha pregunta espera una respuesta consensuada de todas y de todos nosotros. En particular, debido a lo que somos como dominicanos y a lo que estamos llamados a ser -en el concierto de tantas otras naciones- en tanto que dominicana.

 En lo que a mí respecta, mantengo mi a priori favorable respecto al gen tabacalero; no de manera exclusiva, pero sí preferencial.

 Con la perspectiva de los de abajo, -léase bien: a nivel de pueblo y no de notables figuras aisladas de éste en las mesas de poder o ubicadas en los anaqueles de la historia o en las páginas de revistas de estirpe-, sostengo que el gen tabacalero encarna la piedra angular del sistema organizacional dominicano. Su característico meme cultural, asumiendo metafóricamente el papel de esa piedra angular entre muchos cantos y paredes, aúna y preserva la edificación temporal de lo dominicano.

En concreto, su empuje independiente renueva esa construcción desde su estado de informalidad en medio, tanto de la modernidad y del crecimiento económico del país, como de funcionarios gubernamentales que paradójicamente contribuye a elegir al tiempo que los desconoce cuantas veces decide reproducirse y superarse al margen de ellos.

  

IV.            Bibliografía

 

Andújar, Carlos:

---“Dominicanidad y siglo XIX”, Discurso de ingreso a la Academia Dominicana de Historia, texto manuscrito, Santo Domingo, 2018: 17pp

Bosch, Juan:

---Trujillo. Causas de una tiranía sin ejemplo, Santo Domingo, ed. Alfa & Omega, 8va reimpresión, 2009.

Herrera, Jochy:

  ---Estrictamente Corpóreo, Santo Domingo, Colección Cultural del Banco Central de la República Dominicana, 2018.

 Ferrán, Fernando I.:

---Tabaco y Sociedad. La organización del poder en el ecomercado de tabaco dominicano, Santo Domingo, Fondo para el Avance de las Ciencias Sociales, 1976.

---«Actitudes y valores de la población cañera»; en F. Moya Pons (ed.): El Batey: Estudio socioeconómico de los bateyes del Consejo Estatal del Azúcar, Santo Domingo, Fondo para el Avance de las Ciencias Sociales, 1986: 103-147.

---Los herederos. ADN cultural del dominicano; Santo Domingo, col. Banco Central de la República Dominicana, 2019.

 James Rowlings, Norberto:

---Sobre la marcha. Santo Domingo: Ediciones Futuro, 1969.

 Landolfi Rodríguez, Ciriaco:

-----Apuntes para una teoría de la nacionalidad dominicana, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Sección Nacional Dominicana, Santo Domingo 2011.

 

Lora, Ana Mitila:

---Memoria del Siglo, Santo Domingo, Editorial Universitaria Bonó, 2018.

Marrero Aristy, Ramón:

---Over, Santo Domingo, Editoria Taller, 18ª. Ed.), 1998.

 Mir, Pedro:

---Hay un país en el mundo, La Habana, Talleres de La Campaña Cubana, 1949.

Moya Pons, Frank:

---El Gran Cambio: La transformación social y económica de la República Dominicana, 1963-2013; Santo Domingo, Banco Popular Dominicano, 2014.

 Ortiz, Fernando:

---Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, original de 1940, Madrid, Cátedra, 2002.

 

Polanyi, Karl:

---La Gran Transformación: Crítica del liberalismo económico, Madrid, Ediciones de la Piqueta, (original 1944), edición de 1989.

 

Rodríguez Demorizi, Emilio (ed.):

---Papeles de Pedro F. 1964, Editorial del Caribe, C por A, Santo Domingo, 1964.

 

 

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[1] A este propósito, ver Ferrán 2019: 59 y ss.

[2] La sociedad hatera juega un rol protagónico desde muy temprano en La Hispaniola en la conformación de la identidad dominicana. No faltan por ello mismo quienes -obviando la complejidad constitutiva de la dominicanidad- argumentan que “es el hato ganadero el fundamento de constitución de la identidad cultural dominicana, contrario posiblemente a lo sucedido en otras partes del continente americano incluyendo el Caribe, que por mucho tiempo fue dominada por la plantación cañera, y la idea que fuere éste que influyere en sus identidades” (Andújar 2018: 16). Un buen sostén de esa afirmación se encuentra en los estudios de Ciriaco Landolfi (2011).

[3] Esa compleja red de articulación social está expuesto en Ferrán 1976, donde se contraponen la experiencia decimonónica y la verificada a nivel de estudio de campo antropológico durante la segunda mitad del siglo XX.

[4] Téngase en cuenta que la siguiente exposición no desconoce grandes y valiosos aportes literarios y otros, salidos del mundo del cañaveral y expuestos con valor y maestría en obras tales como por ejemplo las de Pedro Mir (1949), Ramón Marrero Aristy (1998), Norberto James Rawlings (1969) y otros, tanto de una u otra experiencia vital y formación profesional. La cuestión es que la realidad a la que ellos estuvieron expuestos, y a la que por tanto se deben y por eso delatan también, no es la más común y generalizada para la mayoría población en el resto de la geografía dominicana. La realidad dominicana y la idiosincrasia que de ella deriva no se agotan ni reducen al ingenio y al batey de la agroindustria azucarera.  

[5] En su importante estudio de 1944, La Gran Transformación, Karl Polanyi (1989) analiza el paso de una economía donde hay mercados regidos por la reciprocidad y el trueque a una sociedad pura y exclusivamente de mercado. En ésta todo pasa a ser una se mercancía, como había previsto Karl Marx. Polanyi muestra que ese sistema económico de mercado deforma unilateralmente la visión que se pueda tener del hombre y de la sociedad, llegando incluso a ponerle valor monetario al trabajo humano por primera vez en la historia universal. De ahí que los principios de reciprocidad, de redistribución y de intercambio, los mismos que dan cuenta de las formas históricas que adoptaron las relaciones económicas en las diversas formaciones sociales primitivas o de sociedades pasadas, no sólo permiten críticar el carácter excluyente de la economía capitalista liberal, sino que al mismo tiempo proporcionan un contraste alternativo del que podemos extraer lecciones para una integración más ecológica y humana de la economía en la sociedad contemporánea.

[6] “La arritmia histórica de nuestro país nos ha dado más de una vez ese caso de desarrollo económico y social fuera de orden. Lógicamente debimos tener una oligarquía antes que una burguesía, pero no sucedió así a causa de esa arritmia característica de la historia dominicana”, (ver, Bosch 2009: cap. VII). Juan Bosch, al analizar la dictadura de Trujillo en el contexto de la historia dominicana, elabora una novedosa tesis que consiste en proponer que la historia de la República Dominicana se ha visto afectada, desde sus orígenes, por dicha arritmia. En un  contexto de procesos históricos constantes, esa arritmia histórica significa que la historia patria no ha discurrido de igual manera que la de otros pueblos de mundo. Ese fenómeno anómalo tiene su explicación en el hecho de que España también experimentó una anomalía histórica con respecto a las otras naciones europeas, como las más desarrolladas (Inglaterra, Países Bajos, Francia) en su comprensión lineal -por no decir críticamente unilinear o unidireccional- de la historia. En ese contexto, la arritmia dominicana termina siendo de naturaleza reincidente. De acuerdo a Bosch se debe a una España cuyo período medieval no transcurre como en el norte de la península europea, sino bajo el dominio de los árabes. Y, en última instancia, a que el autor de referencia asume que la finalidad e historia de la humanidad es única e idéntica a sí misma; de modo que mientras unos pueblos despejan el camino, pues van a la vanguardia de un proceso único, otros siguen pero rezagados.

[7] Pudiera añadirse también, a modo de enraizamiento histórico con lo acontecido en siglos anteriores, a aquellos súbditos de la Corona española que comerciaban en el oeste y noreste de la colonia de Santo Domingo con bucaneros y corsarios para poder reproducirse y subsistir, huérfanos como estaban de toda autoridad real.

[8] Ese proceso de transformación precede otro que acertadamente ha sido denominado “el gran cambio” por Frank Moya Pons (2014) Y que aconteció -tras el tiranicidio del 30 de mayo de 1960- como derivado de la urbanización, modernización y democratización de la población dominicana.